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Retraídos, distraídos, abstraídos... (marginados)

Llámennos distraídos por favor, porque así nos sentiremos menos culpables de ser como somos. Aunque, para que quede claro, nos gusta ser así. A veces imaginamos que la gente cree que a propósito no somos así, que quizá algo estuvo mal allá cuando íbamos a preescolar, que quizá algo nos traumó siendo nosotros chicos.

Pero no. A propósito elegimos ser un poco... (¿hay alguna palabra amable para decirlo?, no, quizá no), sí, eso, marginados. Porque ser marginado viene de estar al margen, del lado opuesto en el que se supone ocurre la acción principal. Sin embargo, no me van a negar que lo de las acciones primerizas también es subjetivo, relativo. Hacemos lo nuestro lejos de donde los demás hacen lo suyo: no nos gustan los hacinamientos.

Por los siglos de los siglos amén hemos cargado con el mote de ser retraídos. Veámoslo bien:
Retraído:  1. adj. Que gusta de la soledad. 2. adj. Poco comunicativo, corto, tímido. 3. adj. Se decía de la persona refugiada en lugar sagrado o de asilo. 


Y sí: nos gusta estar solitos porque en la soledad a uno se le ocurren cosas distintas, porque con tanto ruido no se puede pensar, porque el ruido supone gritos y malos entendidos, porque a nosotros no nos gusta complicarnos la vida. Porque en la soledad se piensa mejor.


Quisiéramos un poco de comprensión, no les vamos a exigir mucho. Tan solo queremos ser nosotros. ¿Qué hay de malo en que nos guste la soledad? ¿Qué hay de raro en que un día nos quedemos callados sin decir nada? ¿Qué hacemos mal si nos quedamos lejos de donde están todos? ¿Para qué estar en medio del alboroto si el ruido es vacío?


Nos declaramos abstraídos. Nos declaramos retraídos. Nos declaramos marginados por opción. 


Gracias por llamar.


(Close your eyes and listen, by Piazzolla-Mulligan)





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