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Triangulaciones infinitas (o la felicidad de levantarse el sobrero para saludar)

¿Cómo puede iniciarse un texto para decir cuánto bien me has hecho? Quizá la manera más precisa sea esa, ser honesta. Pero, ¿cómo hace una para impresionar a alguien que ha visto mucho? Talvez sacando las pepitas que una ha esculpido con tanto ahínco allá dentro de esa cueva donde dicen que se aloja el corazón.

He repensado esta nota en innumerables ocasiones. Desde enviarla por correo postal hasta publicar esta nota electrónica. Elijo la segunda opción a pesar de que la primera resulte más entretenida. Sí, bueno, la modernidad y el corre-corre que no es excusa. Hoy te han saludado muchos y quiero unirme a esa oleada.

La primera vez que escuché de vos fue porque una compañera de la universidad me contó de tu clase. Que era fantástica y blablablá. Y yo le creí, y cuando estuve ahí no pude hacer más repetirme como mantra qué-cla-se-más-pe-la-da-omg! Fue de ese modo que descubrí eso de las triangulaciones infinitas, con Pierce. Algo que no me canso de retomar y me sorprende cada vez que me hallo en medio de ese mar de interpretaciones. Sí, usted, jefa, usted nos enseñó eso y yo me lo llevé para siempre.

Quizás una de las decisiones más personales que una pueda tener es elegir referentes. Digo, una no elige familia, amigos a veces... infortunios nunca, suerte nunca... Pero lo que sí se puede elegir es a las personas que admiramos. Es que en el fondo nos gusta cómo son, cómo han conducido sus vidas y admiramos la entereza con la que nos dicen que nos hemos equivocado o que hemos acertado.

Lo que quiero decir, jefa, es que es usted muy importante en mi vida porque la ha llenado de caminos amarillos. Porque me ha mostrado libros, autores, porque también se  ha sentado conmigo a emocionarse por equis o ye razón, porque hay empatía, porque...compartimos gatos, lecturas y aficiones infantiles...

Infinitas gracias por ser mujer, mujer de letras, de palabras, de ánimos serenos, de miradas precisas.
Gracias por escribir y leerme, y por ser una luz, como esa lámpara discreta que ilumina el sillón donde una lee.

En este día, estimada Amparito, que tu natalicio sea celebrado.

¡Feliz cumpleaños!





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