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Fetiches

(Fetiche .  ( Del   fr.   fétiche ).  1.  m.  Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos. ) Los objetos y su uso son los que, a menudo, legitiman nuestras acciones y las acciones son una extensión (¿verídica?) de quienes somos. Demostrar el uso experimentado de tal o cual juguete denota la personalidad de (digamos) algunas personas. Así, el basquetbolista deberá demostrar su pericia para que el balón entre en la cesta. El instalador eléctrico, con su cinturón lleno de herramientas, usa los objetos con tal maestría para que al conectar la cafetera no corramos el riesgo de morir electrocutados. Denominamos a las gentes y sus oficios dependiendo de la actividad que ejecuten. El bombero es que que con una bomba apaga el fuego y blablablá. Ahora que el ejemplo en cuestión ha sido explicado con claridad, paso el siguiente asunto. El juego, la escena, la farsa. Los objetos son vitales e...

¡Sed libres!

Los bolígrafos y lápices se movían de manera trepidante, bailoteaban en las manos una velocidad comparada tan solo con la agitación que produce querer escribir todo el cuaderno en un hilo de papel justo segundos antes de que inicie un examen final. Escriben. Sí, todos ellos escriben. En esas páginas reina el caos (y se construye la libertad). Natalie Goldberg ha vuelto a hacer de las suyas en mi salón de clases. Fiel a que su método es lúdico y liberador, sometí a esas indefensas criaturas que se llaman estudiantes a un exorcismo necesario. Se dejaron llevar, confiados en que para algo serviría el ejercicio. Usamos el capítulo uno de Escritura como terapia creativa . En esas sesiones, nos olvidamos por un momento de la ortodoxia y le dimos paso a eso que Natalie llama Reglas de la práctica de la escritura , esas que, según esta doctísima maestra, también sirven para el sexo. Yo le creo. Regla número uno: Mantener la mano en movimiento . Eso es, muchachada, para que su mano editora,...

Los invisibles

Lázaro Rodríguez Oliva lanza una pregunta que es como un cuchillo bañado en sal que abre llagas. Sus observaciones se desprenden de una afirmación que explica sin pausa pero sin prisa. «Lo que no existe es producido activamente como no existente.» Lázaro parafrasea (y nos presenta, entre otros) a Boaventura De Sousa Santos . En el marco del taller de Políticas culturales: investigación e innovación para el desarrollo , auspiciado por el Centro Cultural de España en El Salvador, Lázaro Rodríguez Oliva se esfuerza en mostrarnos que las afirmaciones de De Sousa no son ideas etéreas. Él procura que comprendamos que de alguna manera somos (querrámoslo o no) «invisibilizadores del otro». Entre una mareada de temas y discusiones que le compete una plataforma más amplia y de diálogo, traigo a cuenta esa cubetada de preguntas hirientes: ¿cuándo producimos ausencias? ¿Cómo yo desde mi individualidad anulo al otro? ¿Qué hay detrás de esa ausencia que produzco de manera ignorante o intencional...

Para amar los ritos

Este mundo se pone cada vez más extraño. Que la gente se presente en nuestras vidas como por generación espontánea raya en lo normal. Conocemos sus nombres y lo que han construido de sí mismos a través de un muro, ese muro que con más frecuencia tiende a parecerse al muro de los lamentos. Y si bien no colocamos pepelitos en tus intersticios, sí publicamos lo que sea para que esos que se llaman nuestros amigos se den cuenta de tal lamento. Así, se va instaurando esta costumbre insana de enterarnos de todo aquello que no queremos conocer pero que por "novedad" nos enteramos. Estar pendiente de alguien ahora es fijarse en cuanta declaración egoísta surja en ese muro. Y sí, me refiero a ese dispositivo de "f" blanca en fondo azul que tanto bien nos ha hecho. Porque creámoslo o no, es una maravilla. Pero como solemos hacer... nos excedemos y usamos la herramienta hasta que nos hartamos. Así, con el contexto en la palestra, vale la pena de vez en cuando volver a los r...

El mundillo circense

Hablemos claro, subirse a un escenario es amar hacer el ridículo. Es, fundamentalmente, amar el exhibicionismo. Que voy a superar con gracia cada trauma anclado en mi memoria, quizá. Pero en el fondo los artistas tenemos esa manía loca de mostrarnos, porque nos gusta mostrarnos. Subirse al escenario es enfrentarse al terror. Es ser una bruja en Salem; es, también, si le gusta lo cristiano, crucificarse. Defiende uno verdades ajenas, mentiras, sobre todo mentiras que volvemos verdaderas. Exagerado... sí. Malpensante, imperativo que lo sea. Por eso los escenarios son elevados, porque son ese altar desde el que nos alimentamos de odas, chiflidos e insultos. Porque sea como sea, los escenarios son para que quienes estemos arriba seamos vistos o mal vistos. Deseados, sobre todo deseados. La palestra de las bajas pasiones quizá. Un altar es un altar, y más si desde el cielo caen cenitales que ennoblecen nuestro espíritu. Uno se hace escritor o docente, pero hay oficios que pasan sob...

Empiruetarse con Halfon

Me gusta Eduardo Halfon. Para leerlo, quizá haya que ser un poco hedonista. Que uno tome un avión para buscar a un pianista que quiere ser gitano es el colmo del placer. Un delirio así ha de ser tan mágico como encerrar a cinco jazzistas en un bar lleno de humo y esperar a ver qué pasa… o qué no pasa. Eduardo Halfon es guatemalteco, nació allá por 1971 y después de dejar una carrera de ingeniería se metió en esto de las letras. Entre sus últimos trabajos están Clases de hebreo (2008), Clases de dibujo (2009), El boxeador polaco (2008), Morirse un poco (2009) y La pirueta (2010), preciosamente editado por Pre-textos luego de que ganó el XIV Premio de Novela Corta «José María de Pedrera» en el 2009. La Pirueta inicia con el conflicto bien puesto: «¿Por qué quieres encontrarlo, Dudú?» Y Eduardo empieza a preguntárselo también. Quizá lo movió la ausencia del amigo, quizá lo sedujo la historia de ese tal Milan Rakić que se cansó de ser un músico y quiso volverse artista, pero gi...

Consejos grotescos

En la tele salen unas doñas demasiado viejas para ser señoritas y demasiado aporcelanadas para ser momias. Han de estar en su etapa de encurtido, como conservándose para verse mejor o saber mejor... iugg. Claro, no es saber de sapiencia, porque el despilfarro de sabiduría de las doñas en la pantalla es tal que lo invita a una a apagar el televisor y mejor ponerse a llorar. A lo que voy: Están las mujeres esas con su cara de muñecas rusas con depresión y me dicen, nos dicen, que por favor seamos tolerantes. Y ¡plup!, ahí aparece en la parte de abajo de la pantalla el tema del día: Tolerancia y armonía. Entonces la señora con aretes de vedette me dice que tolerar es respetar y aceptar las situaciones como son. Que es muy difícil porque vaya... todos somos distintos. Sí, bien en esa parte. Pero luego agrega que somos las mujeres las que debemos hacer nuestra parte porque nos corresponde la armonía... ¿Que nos corresponde qué...? «La armonía», me repite. Ah, vaya, le digo. «Sí, sí,...