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Corbatas

Para mis hermanos Mi papá olía a colonia de mar. Olía a betún de zapatos y a papeles de oficina. Mi papá olía a risas de pasillos, a carcajadas en la cocineta (y los regaños del teléfono él los volvía espuma). Mi papá olía a guitarrones antiguos. Mi papá olía a números. A canción compuesta en una máquina comía papel de rollito. Mi papá olía a sumas, restas y balances positivos. Mi tata olía a historias ajenas, olía a lágrimas y alegría. Olía a compañerismo y buena conversa. Él olía a talco, olía a grasa de bicicleta, olía a mentol de deportistas, olía a camisa planchada, olía a libros viajeros que hacían amigos. Olía a grito de gol desbocado. El muchacho que fue mi padre olía a rosas amarillas, a bambú y devoción por la amada. Nuestro padre olía a preocupación contenida, a libertad constructora... En mi memoria sigue estando la barra toallera llenísima de corbatas. Azules, rayadas, de puntos, sólidas, con textura, de muñequitos... Esas corbatas que escogíamos ju...

¡Vamos al Circo!

Anoche fuimos al Circo. Y me reí como loca. Cuando llegamos estaba el hombre que tiraba fuego y un trío de músicos-payasos tocaban esa maravillosa pieza que dice Tatata tatara, tatata tatatara, y que termina con un trompetazo al cielo. Mauro Arévalo presentó anoche en el Museo de Antropología su documental Circo . Este trata de la vida circense y blablablá (puede leer del asunto acá , aquí , por acá  y por este lado ). En varios de estos rotativos dicen que se trata de mostrar  "quiénes son, cómo viven, se educan,  en qué lugar duermen, cuáles son los sueños y anhelos de quienes pasan su vida bajo la carpa ambulante del Circo".    El director del documental, Mauro, quien también es músico, se lanzó a contar una historia. Anoche estuvimos en la vida de la familia Ruiz. En la nota de El Diario de Hoy, Mauro comenta que " en la rama audiovisual, El Salvador explota la violencia y el tema de las pandillas de una forma grotesca". Apunta: "Hasta se escucha ...

Ellas, las que escriben

Acaba de morir Nadine Gordimer. Acaba de morir Ana María Matute. Toni Morrison tiene ya 86 años. Pronto se irá... y voy a tener que soportarlo. Voy a tener que llorar quedito primero... y luego, mientras mi hombre me dice "lo siento", voy a escribir sobre lo vitales que fueron... No, entonces me corregiré y voy a decirme que soy estúpida y descuidada porque el pretérito es algo bien cruel. Entonces, mientras las gotas de la lluvia caen en el techo pensaré en que "era" no es la palabra apropiada. Diré "son" y me prometeré como quien hace un contrato infantil que siempre será en presente, que por mis venas corren sus palabras, que quisiera que sus fantasmas me azotaran la tristeza. En un chasquido volveré al aula B-24 y Aníbal Meza me volverá a asignar Diario de una buena vecina , y entonces le repetiré que lo he odiado, que es maravilloso, pero que odiaré siempre internarme en ese mundo grotesco... y diré diez años después que esas imágenes que yo creé ...

Rear window: viejeras y Hitchcock

Como cable ha pasado a ser dominio de los presentadores con actitud (entre la grotesca sexualidad y los hombres tatuados que están bravos todo el tiempo), pues nosotros ya no lo vemos. Además, como soy algo introvertida la gente tan escandalosa me cansa y salgo corriendo. Tampoco vamos mucho al cine en estos días porque las pelis están horribles. (Ahora viene la cantaleta de que tengo pretensiones y que soy intelectualoide y blablablá. Diga lo que quiera, pero las pelis están feas). A mí lo que me gustan son las buenas historias. Como a todos nos puede gustar la buena comida o una buena camisa, o un par de jeans que duran y sirven para todo. Y lo bueno es subjetivo. Fin de las disculpas. Ayer vimos en casa Rear Window. Y todos adoramos a Hitchcock, que fue grande y todo el lenguaje engolado de una crítica cinéfila. Ahora, yo no soy crítica (lea algunas acá  y aquí ), pero me parece necesario este ejercicio porque escribo, porque vivo de las tramas, porque las buenas historias...

El lector

La estampita ideal de la familia feliz es terminar el día así: papá o mamá le leen a su cría antes de dormir. Si es una familia ultraespecial, uno tiene un abuelito o abuelita que hace esa tarea; entonces uno le guarda gran amor y aprecio a ese ser sexta, septua u octogenario. Sería una vida cómoda y feliz como en esta escena de Fred Savage (Kevin en The Wonder Years) con el fantástico  Peter Falk (el aparentemente distraído teniente Columbo ), quien le cuenta una historia llamada The Princess Bride ... Otra lectora entrañable para mí es Winona Ryder. Ella, antes de hacerse escritora, le lee a su tía en Little Woman. A esa película le tengo cariño. No solo porque en quinto grado transcribí el libro gracias a una profesora discípula de Hitler quien nos castigó así por no tener los resúmenes, sino porque yo también quise ser Joe, la escritora (que va más allá de plantarle un apasionado beso a Christian Bale , aunque eso todavía me hace ilusión). Y está El Lector (de  Bern...

Un gato propio

Soy una treintona casi frustrada. Pero mis pesares no son de índole fútil, por ser amable, como si estudié lo que quise o si tengo el trabajo soñado o el marido ideal, como diría Wilde. Tampoco me siento aminorada por ser bajita, morocha y ciega. No, no, no. Dos de esas características fueron en más de una ocasión veneradas (y siguen siendo huella de buen recuerdo). Sí me frustra un poquitín que no terminé el tal inglés en mi adolescencia y ahora estoy retrasada en eso y blablablá. No, mis frustraciones son más profundas. Son casi infantiles. Jamás he tenido un gato. En serio. Venero a esas criaturas salvajes, pero nunca he nombrado uno. Y por lo pronto no sé si me llegará a pasar esa felicidad que supone que un gato se me arrime mientras leo sandeces. Sueño con el día en el que llegue a casa y esa cosa peluda haya rasguñado mis sillones, o que dé de maullidos mientras le digo que le compré camarones. Sueño con poder ponerle un nombre snob de algún escritor que me guste. A los ve...

Cadenas

Las historias de emancipación son lindas, esperanzadoras... nos dan fuerza. Voy a recordarles el cuentecito del elefante y la cadena; y ya sabe usted que como no sabe lo fuerte que es se queda ahí y blablablá. Que es cierto, que es terrible. Que también hemos visto fotos de cómo los domestican. Y no es con amabilidad como con el Principito y su Zorro. No, es brutal. Así algunos sitos. Así algunas gentes. Quizá lo más relevante de la emancipación es que uno se de cuenta de la cadena y luego, voy a escribirle cartas a mis hijos, amantes y seres para que manden un pastel en el que adentro vaya una lima. Lo mejor de las cadenas es que son eslabones, sin una pieza no son nada. Lo mejor de la emancipación es que viene de maneras insospechadas. Lo mejor de las cadenas es que puedes hacer ejercicio brincando con ellas y te dan, como las pesas, más fuerza. Lo mejor es que cuando no las tienes y tienes la fuerza que te dejaron... sí, puedes saltar tan alto que puedes tocar la copa de los á...