sábado, 5 de septiembre de 2015

Cartas de desencanto del sabio niño

Escribe inflexible y claro sobre lo que duele
Ernest Hemingway


Hoy vi de nuevo sus ojos llorosos. Vi cómo gritaba. Vi cómo maldecía tu aparición. Y lo sé, sé que no sentía esa amargura que reflejaba su ceño fruncido y su naricita enrojecida por las lágrimas. Sé que sus palabras de furia eran momentáneas y sé que en su corazón la bondad y la belleza son su fuente inagotable.

Lo que no puedo olvidar fue cómo rodaban sus lágrimas y le mojaban la capa de superhéroe que una vez más le desgarraste. ¿Por qué luchar contra la fantasía? ¿Qué necesidad hay de cortarle sus alas? Tus quejidos y amargura lo envolvieron esa tarde.

¿Qué del encanto de las fantasías? Una vez más tus palabras crueles y sin explicación cayeron como una nube cargada con plomo y asfixiaron a los que ahí había. La bruma que soltaste se llevó las risas que ese día ese niño había sembrado. ¿Por qué?

¿Cuánto del desencanto se queda para siempre? ¿Cuánto de las palabras sombrías y las reglas sin razón se afincan en nuestras almas y nos roban la alegría? ¿Es posible que los otros tejan otros mundos que no toleras? ¿Por qué gritar? Eso hiciste aquella tarde en la que enviaste a aquel ejército a que nos callara los cuentos, a que nos mutilara las fantasías, a que nos volviera uno más de los que ya existen… Sé que eres otro, pero hace tanto que no lo veo. ¿Dónde está ese niño que fuiste?

Recuerdo su ceño fruncido y sus palabras amargas. Se parecían a las tuyas. (Y tú no eras así, yo recuerdo otros mundos que juntos creamos. ¿Se han desvanecido ya?) Sin embargo, el pozo infinito en el que reposa su alma no se llenará jamás de tus reproches, ni de tus reglas ni de tus recetas de vida. He visto su alma y ya ha empezado su camino. He visto cómo teje libertad y pensamiento. He visto cómo se ha asumido y es asombroso mirar cómo sus fantasías y sueños lo elevan hasta lo más alto de la felicidad.

Sobre su capa de superhéroe se resbalan las lágrimas que hiciste brotar hoy. Se resbalan y caen, pero no siembran rencor. No. Su infinito pozo de bondad se llena de juegos y fantasías que tejemos a escondidas y pronto, muy pronto, expandirá sus alas y no podrás detener lo que ese niño inquieto es. No podrás arrinconarlo y aleccionarlo porque él es bueno. Y es bueno de las maneras en las que no puedes dimensionar… o no quieres.

Y me sorprende saber que has visto la luz, que con el hombre bueno que nos dio la vida tuviste el cielo en tus manos y no lo emulas. No lo imitas y es una lástima que tu corazón haya construido cárceles. Es una lástima que los moldes de lo que dices que es bueno solo tengan medidas absurdas. Es terrible vivir en este estado de complacencia imposible de otorgar. Es triste sentirse paria.

Pero no lo es. Las palabras son semillas que crecen en este pozo infinito que la vida ha otorgado para los que las preguntas y la duda son el norte. Y el niño, ese, el de las lágrimas, ha dudado… y su duda lo llevará a los confines del entendimiento. Lo ha transportado ya a otro sitio al que te has negado ir. ¡Oh, cuánta ceguera se desprende de tus palabras! ¡Cuán ruin fuiste!

Pero me retiro de la plaza de los reclamos. Ciego es ese camino. Yo también te he querido y desde la distancia disfruto los aciertos en tu camino y me aparto como quien sabe apartarse del dolor. ¿Hará él lo mismo? ¿Llegará el día en el que elija tomar otro sendero para no dejarte un saludo? Lo dudo, no lo hará porque su infinito amor te envuelve… y lo sabes… ¿Y aún así cercenas sus fantasías? ¿Acaso en tu mundo no caben otras respuestas? ¿Por qué niegas las razones, por qué me esquivas la mirada? ¿Por qué me tratas como se le trata a los indeseables?

¿Soy yo tu rencor vivo? No podré vivir jamás en el mundo de las aprobaciones vacías. No he hecho nada malo y no he sido una mala persona. Es tan solo esta manera mía de cuestionar… y él también lo hace. Y eso, lo llevará más lejos que cualquier molde etéreo e inconstante.

El niño de las lágrimas tiene un corazón fuerte, es un corazón de león, de lobo, de fiera. Es un corazón fuerte que sobrevive y anhela. Las lágrimas caerán de nuevo y crecerá sin nosotros porque solo somos un eslabón de esa vida inmensa que ya abraza.

Veo con ansias en momento en el que su mano abandone la mía y no porque no me ame, sino porque su voluntad es tan fuerte y despierta que mis anclas, mis miedos y mi estupidez no podrán retenerlo. Veré cómo sus alas se extienden… Veo que ya lo hacen… ¿quieres ver cómo vuela la fantasía? Mira sus ojos y déjalo ir. Cállate. Deja de gritar. Solo déjalo ir.


Entonces ese sabio anciano que en realidad era un niño que se parecía a sí mismo dejó de mirar el agua, ahí donde había un reflejo de ese adulto en el que temía convertirse.