jueves, 22 de noviembre de 2012

Casémonos, pues

1
Ahí en un chorrito de la Hacienda lo conocí. Es que yo a él nunca lo había visto. Como a mi mamá no le gustaba ir a cortar a ese lado casi siempre nos íbamos allá abajo, por El Limón. Allá los surcos eran bien bonitos, largos, pero los de por acá no, a mi mamá eso no le gustaba. Pues esa vez no habíamos conseguido donde siempre, entonces nos fuimos para allá. Era el más tranquilo de todos. Es que ese montón de babosos sí que eran locos. Pero Adán no, él era bien serio.

2
Casi siempre nos hallábamos en el bus. Era la época en la que yo iba a la Academia Marlene. Ahí me enseñaron Cosmetología. La niña Marlene era bien seria, no le gustaba que anduviéramos de novias. Entonces yo después de ahí me encontraba con tu papá y nos regresábamos. Él esperaba que yo me fuera en mi bus, y ya después se iba él.

3
Pues un día íbamos para Atecozol, creo yo. Estábamos con tu papá en el desvío (a Sonsonate), y en eso que aparece mi mamá. Ajá tal por cual, me dijo. Y rapidito me llevó para la casa. Ya no pudimos ir a bañarnos. En el mismo día llegó Adán con la niña Giña para pedir permiso (y yo no sé por qué razón cuando recuerdo esto se me viene un olor a sandía). Mi mamá bien brava, pero ni modo, permiso le dieron.

4
Cuando me gradué de la Academia me mandé a hacer un vestido gris con una sola manga. Me puse mis grandes tacones y me dieron mi título. Tu papá fue a la graduación con mi mamá. Bien guapo iba. Yo para la graduación de bachillerato de él también fui. No me acuerdo si fue en el mismo año.

5
Pues vas a creer que ahí en el parque San Martín me preguntó que si nos íbamos a casar (entonces yo imagino a mis viejos sentados ahí bien cipotes, bien venteañeros, bien setenteros. Hablando. Pensando en su vida juntos.) Y puesí, dijimos que nos íbamos a casar.

6
Con tu papá fui a comprar la blonda para mi vestido. ¡Qué blonda más bonita! Yo ya había visto el modelo en una revista y se lo llevé a la costurera para que me lo hiciera. Con tu papá fuimos a Santa Tecla y fuimos donde un sastre tan mentiroso... La tela de tu papá era bien chula, era un gris con rayitas delgaditas. Así salimos del negro de siempre. La cosa es que tu papá me preguntó que dónde y yo le dije que ahí, que estaba cerca. Pues el hombre nunca nos daba el traje. Menos mal que íbamos con tiempo, pero el mentado hombre el día que dijo que se lo iba a probar no lo tenía listo. Pues yo le dije que no, que no nos íbamos porque era un mentiroso, que lo iba a terminar. Y así hicimos... Pero el hombre se mandó. Bien bonito le cosió el traje.

7
Los ingenieros querían a tu tata, como les había trabajado desde bien cipote, entonces nos prestaron una casona de la Hacienda para la fiesta.Mi mamá se echó un jaibol tan rico que bien rapidito se acabó.  Lo que hicimos fue un almuerzo, como la boda fue a las nueve de la mañana, de ahí nos fuimos para allá. La fiesta duró todo el día, había gente bien bola ahí por la piscina.

8
Mis viejos se besan en un carro gris. Llevan confeti encima. El padre Cheque y su mostacho dicen adiós. Ha casado a estos novios.

9 Tres hijos, una casa, tres trabajos... bicicletas, excursiones, colegios, cuentas, facturas. Dos mascotas. Cantos. Iglesias. Montañas. Conversaciones cuando se ha ido la noche.

10
Esa vez fui con mi mamá a Metrocentro a comprarse su vestido de bodas. Cumplían 25 años. Era un vestido dorado, bien bonito. A mí me gustó mucho. Estas eran las bodas de plata. En la iglesia, el Sagrado Corazón de Jesús, todos habían preparado una gran fiesta (otra, sí, lo admito, amo y amamos las fiestas). Bien me acuerdo que yo pedí permiso en el grupo de teatro para irme a la iglesia. Me acuerdo que me llevé un par de zapatos de utilería porque eran más bonitos que los míos. Me acuerdo que me puse un vestido verde. Monseñor Cristóbal Cortez ofició la misa. Dejó que cada uno se sirviera la hostia y que se dieran de beber vino mutuamente. Ahí estábamos los tres hijos, y otros tantos viendo cómo mis viejos de decían "acepto" de nuevo.

11
A mis viejos, que se dijeron sí sin miedo hace más de treinta años... Y este intento mío de dejar que mi vieja, esa contadora de historias, me narre su vida, sus ilusiones, sus decisiones. Salud, mamá.