miércoles, 15 de febrero de 2012

Carta a Ana Vilma de Escobar


Señora Ana Vilma, permítame dejar de llamarle señora para que, como vos querés, te trate como se le trata al populacho: de vos. No te sintás ofendida por el voceo. Nosotros acá en la calle así somos.

Anduve mirusquiando algunas fotos en las que aparecés, y quizá me permitiré explicarte un par de cositas. Como sos nueva en estos lares, pues no estaría mal que te consigás un asesor que venga de “abajo” para que te explique cómo va la cosa por acá.
Como a nadie de tu campaña se le prendió el foco, o quizá sí consultaron Maquiavelo, pero no de la manera más precisa, entonces permitime comentar.

Si Maquiavelo dice en El Príncipe que “te acerqués al pueblo”, que tus ministros, o vos, hablen su idioma, también tenés que tener en cuenta que acá abajo otro mundo es. Te muestro algunas acciones que quizá, quiero creer, hiciste con buena intención... pero que no fueron de agrado.

Los choripanes
Empezaste tu campaña para diputada con los choripanes de El chino. Un alimento bien apreciado por los comensales de la Arce y colindantes. Pero… ¿No se te ocurrió pensar que tener una dieta a base de choris es, muchas veces, una obligación más que una decisión? Es barato. No es saludable. El pisto muchas veces no alcanza para más. La tuya ha pasado a ser la “choricampaña de Ana Vilma”. ¡Cómo se burla  esta gente “inculta”, verdad?

Bailar con bolos
Patechucheando por los pueblos y fiestas patronales uno sabe que cuando ponen el musicón siempre pasa lo mismo: hay un bolo que se roba el show bailoteando. Ahora, ¿el bolo ya comió? ¿Tiene dónde dormir? ¿Hay una familia que lo busca? Bailar con un bolo no te hace más cachonda… o sí, vaya, pero el bolo quizá te dé el voto por lo mamacita que te pusiste con él. Nada más. ¿Es la mejor manera que se te ocurrió de acercarte a la gente?

Echar tortillas y pupusas
Mi vecina, la ñaEstelina, echa pupusas y tortillas. En la mañana sale con su guacalote de maíz cocido para el molino, al regreso trae la masa. Eso tipo 8. A las 10 de la mañana empieza a echar tortillas, y se la pasa hasta tipo 2 de la tarde que se va a comer. Son como cuatro o cinco horas de pie, frente al fuego… ¡qué calor! Se queman las manos, se siente hervir el cuerpo… Y ella tiene suerte, porque no pasó rato tratando de encender la leña… ¿y ahora venís vos con tu foto de diva echando una tortilla? ¿No te parece una tontería? Ana, lo que estás haciendo es un irrespeto… ¡Es jodido! Y vos sonriendo a la cámara. No, mija, no es así.


Ponerse el canasto de la viejita (linda)
Mi abuela crió a mi madre a pura venta de canasto. Ella mide 1.50 m, y sobre su cabeza se ponía un canasto que pesaba más o menos 40 libras entre pipianes, papas y mangos. Caminaba cuadras y cuadras con el canasto en la cabeza. No entre adoquín o cemento. Pura tierra, Ana, en caites, Ana… Lo que estás haciendo, arrimándote a la doña con tu cara de ex colegiala de la Americana, es burlándote de ella. Si tu comercial de “miren qué diputada más profesional seré” en tu oficina pseudovictoriana muestra tu “trabajo”,  ese canasto es el símbolo de ganarse la vida para esa doña. Con eso come mucha gente. ¿Qué pasa con esa falta de empatía? Probemos, caminá unas tres cuadras con canasto lleno a ver qué pasa. Ubicate, mama.

Las chicas sexies
En tu biografía dice que dirigiste el ala femenina de tu partido. Perfecto. ¿Y por qué las chicas afiliadas siguen con el discurso de Yo soy un pedazo de carne no valgo nada? Las más sexies… ¿De qué se trata la política, de enseñar nalgas y piernas? No, ahí perdiste. Parece que no caló tu figura de mujer fuerte, emprendedora...

En resumen, Ana, lo que has hecho es perpetuar el rol de la mujer: ama de casa… cholera, pues. Porque no soy ofensiva, así se dice acá. Te burlás de sus oficios, de lo jodido que le toca. Tu campaña ensucia el trabajo de las mujeres a las que les cuesta más sobrevivir.
Antes de hacer tu choricampaña hubiera valido la pena entender a este pueblo. Quizá con un estudio etnográfico te hubieras dado cuenta de que a la gente de acá, los de abajo, no les impresiona que abracés a medio mundo en el mercado.

Los votantes han cambiado, Ana, ya no se la creen que querés hacer algo por ellos porque… ¿y por qué venís ahora cuando necesitás su voto? Y cuando esa gente no pudo comer, trabajar… vivir en paz… ¿Dónde estabas vos? ¿Dónde estaban los compañeros de tu bandera? Veinte años es mucho tiempo, Ana. Veinte años en miseria ya se sienten, y ni que hagás pupusas y que bailés con bolos va a cambiar la vida de esta gente.

Interpretaste mal, Ana. Dejame decirte que no, vos no entendés a esta gente.



lunes, 13 de febrero de 2012

Las anotaciones de Kevin

Desde hace años doy una clase de redacción por aquí y por allá. Es mi oficio y lo elegí sin que nadie me pusiera un revólver en la sien. Como novedad, este año es la primera vez que tengo un asistente que es la eficiencia misma. Su nombre es Kevin. Él es un chico de lentecillos y carita risueña, y que además goza del aprecio desmedido del mundillo académico de este lugar.

Con él revisamos un ejercicio sobre oraciones simples. La primera parte era un entrenamiento con búsqueda de sinónimos. Luego redactarían oraciones temáticas y, por último, harían un párrafo completo de ¿adivinen cuántas oraciones simples? (...) Cinco, cinco nada más. Lo que pedíamos era: haga un párrafo de cinco oraciones simples. No, no eran veinte ni cincuenta, eran cinco.

Sabía que el asunto no iba del todo bien, pero hoy, Kevin me entregó los ejercicios corregidos y casi me pongo a llorar. Me advirtió: hay varios ceros. Me hice la fuerte y asentí con un Así es siempre. Revisamos juntos el resultado y ¡oh, madre mía!, ¡eran terribles!

Sentí hundirse mi corazón, mi esperanza de que en un par de meses los chicos pudieran hacer un texto argumentantivo se iba al averno. ¡Ay no! Ahora siento que me da calentura solo de recordarlo.

Para calmar mi desilución, decidí ir a la librería, donde venden libros. Mientras pasaba por el parqueo pensaba en que era obligación que llenaran todo un manual de ortografía, o qué sé yo... ¿Acaso hay manuales para  estructuras mentales torcidas? Dejé el asunto cuando me dijeron que no tenían ni un solo ejemplar de esos manuales. Mal por mí.

Con la tristeza disfrazada, porque tuve que saludar a un par de gentes en el camino, volví al cubil felino y me dirigí al teléfono. Marqué la extensión de otra colega que hace el mismo oficio para otra especialidad. Le conté lo de los ceros, lo que Kevin me había dicho, sobre cómo yo miraba la no conexión de pensamientos y le repetí: Carmencita, tan solo les pedí un párrafo de cinco oraciones simples. Con el llanto contenido, ella me advirtió que no hiciera lo del manual, que ellos mismos debían darse cuenta en este punto qué tan mal estaban... me animó a que trabajara con más ejercicios... en resumen, ni curva que los salve.

Me sentí aliviada cuando dijo que sus chicos empezaban así. El otro sentimiento que me llenó fue el de terror. Me dijo: lastimosamente a estos chicos (a esta cultura, me permito generalizar) lo que les funciona es el miedo. Miedo a dejar la materia, a no salir  bien... ¿Por qué diablos no prima el esfuerzo sin tener que dar de leñatazos?

Lo que me da más espanto es que estos resultados son más o menos las competencias con la que los chicos salen de la educación media. Hablo de mi país, no es ninguna novedad... y eso es una desgracia tener que decirlo. La educación en El Salvador está por los suelos.

He de confesarlo, he trabajado en varios sitios y sí, parece que hablar es una cosa y ahí se dan gusto, pero cuando intentan ordenar esas piezas para que estén escritas, algo les hace cortocircuito y se nubla la caja pensadora. Hago énfasis: no diferencia ni sexos, ni razas, ni credos y mucho menos clase social. Mi teoría es que no se esfuerzan mucho, porque vamos, son grandes. Creo firmemente en que capacidades tienen, y quizá lo que falta es un poco de voluntad. La pereza es una pandemia. ¡Que san Martín Labrador nos ampare!

Otro factor que posiblemente los afecte es el tipo de enseñanza que recibieron, porque Lenguaje no solo es análisis sintáctico de oraciones, luego hay que armar sentido con ellas... pero quizá hasta ahí no llegaron. No lo sé. Lo único que sé es que hay que solucionarlo.

 Los textos eficientes no son desperdicio de sentido. La escritura debe ser económica, clara. Contundente. No se anda por las ramas, es pretenciosa cuando quiere serlo, pero no debe volverse estorbo. Aprender a comunicarse de manera escrita es vital... es la mitad de la vida en estos dorados tiempos.

Antes de ser "creativos" y escribir textos "lindos" hay que saber usar las herramientas. Sí y solo sí. No hay medias tintas. No se puede crear algo hermoso que se vea espantoso, que se caiga... Que escriban claro... ¡por piedad! La creatividad no son palabras engoladas. No son textos sin ton ni son.


Después de esta catarsis tengo las ilusiones puestas de nuevo. Tengo claros mis objetivos. Al final del año quiero que estos chicos aprendan a redactar con propiedad y con argumentos.

Por su parte, Kevin se fue feliz de haber hecho su trabajo y yo se lo agradezco sobremanera. Este diagnóstico deja fuertes evidencias. Con la dolencia detectada... ¡A administrar cura!