Como cable ha pasado a ser dominio de los presentadores con actitud (entre la grotesca sexualidad y los hombres tatuados que están bravos todo el tiempo), pues nosotros ya no lo vemos. Además, como soy algo introvertida la gente tan escandalosa me cansa y salgo corriendo. Tampoco vamos mucho al cine en estos días porque las pelis están horribles. (Ahora viene la cantaleta de que tengo pretensiones y que soy intelectualoide y blablablá. Diga lo que quiera, pero las pelis están feas). A mí lo que me gustan son las buenas historias. Como a todos nos puede gustar la buena comida o una buena camisa, o un par de jeans que duran y sirven para todo. Y lo bueno es subjetivo. Fin de las disculpas. Ayer vimos en casa Rear Window. Y todos adoramos a Hitchcock, que fue grande y todo el lenguaje engolado de una crítica cinéfila. Ahora, yo no soy crítica (lea algunas acá y aquí ), pero me parece necesario este ejercicio porque escribo, porque vivo de las tramas, porque las buenas historias...
Hay multitud de interpretaciones como intérpretes tiene el mundo. El gran intérprete no existe. Ahí van mis distracciones.