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Mostrando las entradas etiquetadas como escribir

Ellas, las que escriben

Acaba de morir Nadine Gordimer. Acaba de morir Ana María Matute. Toni Morrison tiene ya 86 años. Pronto se irá... y voy a tener que soportarlo. Voy a tener que llorar quedito primero... y luego, mientras mi hombre me dice "lo siento", voy a escribir sobre lo vitales que fueron... No, entonces me corregiré y voy a decirme que soy estúpida y descuidada porque el pretérito es algo bien cruel. Entonces, mientras las gotas de la lluvia caen en el techo pensaré en que "era" no es la palabra apropiada. Diré "son" y me prometeré como quien hace un contrato infantil que siempre será en presente, que por mis venas corren sus palabras, que quisiera que sus fantasmas me azotaran la tristeza. En un chasquido volveré al aula B-24 y Aníbal Meza me volverá a asignar Diario de una buena vecina , y entonces le repetiré que lo he odiado, que es maravilloso, pero que odiaré siempre internarme en ese mundo grotesco... y diré diez años después que esas imágenes que yo creé ...

Ceguera

Cuando yo decido ponerme estúpida, realmente me esmero. Es el mismo sentimiento de cuando quiero hacer algo bien, la misma fuerza, pero otra cosa me gobierna. El soponcio, un demonio malvado, mi otra yo que es una irresponsable... qué se yo. Lo de ayer fue una tontería tremenda. Luego de la peli de Dustin Huffman en la que es autista (y que Tom Cruise parece menos despreciable y parece que actúa) se me ocurrió ir por agua a la cocina. Ahora bien, yo soy ciega. Parcialmente ciega. De hecho, bastante ciega. Tengo no sé cuántos puntos en mis lentes cóncavos que posicionan eso que veo en el lugar correcto del globo ocular. Me explico, desde hace la mitad de mi vida que ejerzo la ceguera con algo de dignidad. Gracias a una herencia modesta que dejó mi viejo me pude comprar estos lentos que uso. Bastante caros, pero como los uso todo el tiempo me dije: no importa, son tu cara también. Es decir, sé ser ciega. Vuelvo al sopor de la tarde de domingo, a la peli con Dustin y a mi estupidez....

Ciclos

A mí eso de poner finales me abruma un poco. Me gusta pensar que hay una continuidad, que avanzo. Cerrar ciclos me hace pensar en que las experiencias son como bolitas de plástico y que dentro hay agua y más juguetes, quizá un pescadito azul, verde o amarillo, quizá otra bolita con una batería que al botarla se enciende y navega dentro de esa otra esfera plástica. No me gusta acumular bolitas y solo mirarlas por dentro porque a mí de lo que me dan ganas es de sacarles todos los juguetes y jugar con ellos. Quiero dejar de pensar en ciclos, quizá deba inventarme una nueva palabra para decir que avanzo, que traigo conmigo todo lo que he hecho estos últimos años, meses, días, horas, minutos y blablablá. No me gusta echar atrás lo que me gusta o no me gusta. Quiero pensar en que son un mosaico que está ahí conmigo, siempre. No quiero pensar en que hoy, que es mi día laboral uno del 2013, reflexionaré con ahínco en que ya casi es hora de preparar las clases. No quiero hacer las cosas...

Miedos: silencio

Tengo miedo de quedarme sin palabras. Me da terror venir a este sitio y no tener nada qué decir, que me agobie "el día a día" y volverme una persona que se queja en la calle de equis cosa del trabajo. Quizá lo más terrible pudiera ser que se me olviden las palabras amables, las que son dulces, las que lavan el alma. Quizá por hoy lo que deba hacer es no temerle al silencio. Quizá sea mejor jugar como antes, como cuando el día no acababa.