domingo, 23 de enero de 2011

Martirios

Dice la Rae:
tolerar(Del lat. tolerāre). 1. tr. Sufrir, llevar con paciencia
Sufrir y llevar con paciencia...
No, no quiero ni sufrir ni llevar con paciencia... hoy no.


(Ya sé, escribir es ofensivamente egoísta, reegoísta, egocéntricamente egoísta. ¡Que se callen todos! ¡Maldita sea!)

lunes, 17 de enero de 2011

Resoluciones

Las fantasías lascivas son merecedoras de respeto; las fantasías sentimentales no.

(Laudable la que se relaciona con la creatividad; despreciable la que linda con la locura.)

lunes, 10 de enero de 2011

Carne a la venta (notas sobre el mundillo circense)


Uno llega al espacio escénico y debe crear algo. No ver qué puede pasar. 
La premisa es provocar en ese lugar, usar y hacer vida ahí. Las cosas nos suceden, se trata de padecer cada segundo en escena. Eso es instalarse.

Ese lugar, el teatro, no es más que una vitrina: soy carne a la venta. Soy un panqué salado. Soy un bollo dulce. Soy todo lo que me pueda permitir y esta tarde estoy en oferta, pero no es suficiente. Tengo que hacer méritos para que los que ven, me lleven y se vayan con esa agradable sensación de que es lo mejor que han probado en sus vidas; porque de lo contrario lo único que quedará es esa ansiedad de que no fue lo que esperaban.

El escenario es el paraíso, el infierno, la calle muerta.  
Es todo.

(¿Cuánto se puede imaginar? )

miércoles, 5 de enero de 2011

¡Bang, bang! ¡Pum, pum!

¡Booooom! Caen pedacitos de periódico. Se instaura la felicidad inmediata, estalla la alegría, abrazos de regocijo, gritos en las calles y el cielo coloreado de humo.
¡Slurp! ¡Ahhhh! Chipichipi, tac, tac, tac, chipichipi. Y luego de la algarabía de las fiestas, ¿silencio?

Tras la resaca nos sentamos bajo el dedo incólume de Cristóbal Colón, al lado de cuanto desocupado se halle en el graderío del Palacio Nacional en San Salvador. Contemplamos el caos. Ummm… A esta ciudad la gobierna el desastre.

Este amanecer tuvo que ser distinto… ¡hip! Todo más bello, ¡hip!, todo mucho más inmaculado, ¡hip! ¿Por qué no lo es? ¿Por qué todo sigue como si nada hubiera pasado? Tan inamovible, todo tan… ¡hip!

Charcas shucas, ayayayés atroces, humanos que hacen crack a huesos ajenos, muchachitos sin jajajás cultivados, lágrimas desparramadas en los callejones, tanto ruido y el dinero, ese bling bling que no nos alivia. No nos sana. 

 Quedémonos callados, mirémonos. Damos un poco de lástima, ¿por qué gritamos felices ante tan atroz ruido como si no fuesen suficientes esos bang, bang, bang que suman dieciséis lápidas diarias?

¡Ay pobres de nosotros! ¡Forjadores de cada vil detalle! Y si no lo somos, ¿contribuimos aunque sea un poco? La desidia... Tan poco hacem… Zzzz.
(Aunque quizá debamos disculparnos a nosotros mismos y admitir que la impotencia es poderosa. No nos dan herramientas. Tenemos mucho miedo.)

¿Qué puede pasar en un sitio en el que todo el año suenan estallidos que anuncian luto? En este país los bang bang boom significan dos cosas: que estamos contentos por las fiestas o que alguien murió. O quizá solo una: ¿alegrarse porque mataron a alguien?

Aquí pasa la vida, la efímera vida. Atribulaciones y congojas. Y debería ser distinto en este país al que otros llaman el de la sonrisa. Deberíamos dejar de estar tan jodidos para estar por fin solo contentos.

¿Qué vida es esta en la que persignarse al salir de casa es la certeza de que no se sabe si se regresará? (Santofuertesantosasasasantooo.)

Los señores de la Asamblea del Salón Azul nos miran con desdén: «¡Qué exagerados!, chis, ve, si a ellos les gusta estar así. Y no la gente se muere todos los días, pues». Entonces se rascan las barrigotas, se gritan como siempre, votan sin pensar y nada se resuelve.
¿A quién se le ocurrirá la brillante idea de que está mal que haya tanta arma en las manos de este indómito pueblo? ¿Quién en ese sitio dirá «¡huy!, hagamos algo, esta gente se está matando entre sí»?  Y quizá otro le conteste: «Cómo vasacrer, ¡si a todos nos gustan las pistolitas! ¡Muak, muak! Además, son para cuidarse de los malos, ¿no? »

Entre temerosos y ansiosos leemos en los periódicos las historias de esos que sonríen al recordar la estela de cruces que los escoltan. A nosotros solo nos queda estar pendientes de las noticias por si un nombre conocido asoma. Las secretarias de las alcaldías deben estar hartas de tanto llenar actas de defunción.

Tanto niño con su «bang, bang, perro» (quizá mutilando). Tanta niña con su «shh shh, chichí, duérmase» (quizá produciendo para próxima mutilación). ¿Cómo podemos ponerle freno a tanto desastre?

¡Desarmen ya este país, por piedad! ¡Que no ven que aquí hay demasiado horror! ¡Irresponsables!  ¡Insensatos!

¿Qué vamos a hacer? ¿Qué harán los de las leyes? ¿Van a dejar de gritarse y como novedad van a meditar? Toc, toc, toc, ¿alguien atiende la tienda?

¡Pum, pum, pum! ¡Baaaaaang! ¡Glup! Caen cuatro más… ¡Fiuuuuuf!, menos mal, hoy no fuimos nosotros.

Shhhhh,  que alguien calle tanto ruido, por favor.

martes, 4 de enero de 2011

Noche

Tanta noche. (Y tan sin vos) ¡Ay, insomnio, dime que no me condenaré a esta ausencia!