miércoles, 8 de enero de 2014

Nos han dicho locos

Me han dicho loca. También a mi amiga que tiene varios libros, que investiga y que tiene en su hoja de vida varias ponencias internacionales. Le han dicho loca a la mujer que acaba de editar un diccionario con palabras hermosas de mi país. Le han dicho loco a un hombre que escribe sobre filosofía, educación y cómo se entiende eso. Me han dicho loca porque admiro a todos los que acabo de mencionar.

Lo del mote me arrancó una rabieta, pero luego se disipó cuando pensé: ¿pero por qué nos dicen locos? ¿Por qué a los de esa oficina nos llaman así? Entonces vuelvo a mi amiga -la que tiene varios libros- y a sus insistentes comentarios: la gente cree que solo  pasás sentada, que no hacés nada. Es que investigar/leer/escribir/corregir es una tarea ingrata, requiere sus horas nalga, sus horas cabeza, sus horas de ignorar todo para construir conocimiento o una nueva opinión.

Esta mañana nos dijeron locos y fue una persona que no debería ignorar la tarea que tenemos. Quizá no ha terminado de entender. Quizá sus musas se van con el vino siempre. Quizá nos considera poca cosa a los que leemos y nos preguntamos cosas.

Hoy nos dijeron locos y me da un placer infinito pertenecer a la marginalidad porque así lo he elegido. No nos andamos por las calles con fantasías efímeras de creatividad y creación. Somos pragmáticos, nos gustan las pruebas, nos gusta leer y nos divertimos al encontrar hallazgos.

Cada día me doy cuenta de mi lugar y no está ahí, con ellos, con los que nos llaman locos.

Los locos nos quedamos con nuestros temas (y que ojalá nos publiquen en revistas científicas internacionales, y que nuestros libros los lean otros locos también. Porque la creatividad no es hacer colochos en el aire, nada más... ni tirar pintura a lo bestia...)

La ignorancia nos llamó locos esta mañana. A otra cosa, mariposa.

miércoles, 1 de enero de 2014

Nuevo año: un saludo necesariamente pesimista

No voy a decir nada inspirador sobre el año nuevo. No voy a desearles un feliz 2014. No voy a bajar santos ni profetas para que me den un buen augurio. No pensaré en Nostradamus. No les diré que les deseo buenos deseos. Tampoco haré una lista lacrimógena sobre las cosas lindas del 2013.

Lo que voy a decirles es que empieza un nuevo ciclo y van a perdonarme la rudeza, pero el fracaso o el éxito no siempre tiene que ver con el contexto. Si yo les deseo feliz 2014 los imposibilito a ustedes de ejercer sus decisiones felices o infelices en ese lapso. Si yo le pido a alguna deidad que no haga difícil ni a ustedes ni a mí este año pues simplemente nos anulo. Y ya saben ustedes qué es el libre albedrío. Hijo, amigo, tío, compañera, colega, crea en lo que usted quiera, pero que no nos sirva de pretexto para la irresponsabilidad.

Yo lo que realmente les deseo para este año es que tengan paciencia. Si van a trabajar, trabajen. Si van a escribir, escriban y corrijan, pidan que del infinito les caiga un buen editor y les diga sus verdades. Que el demonio del orgullo que llevamos dentro no sea tan hijo de puta y nos deje respirar cuando nos digan que el trabajo está flojo. Que la soberbia no nos deje ciegos. Que la pereza no nos deje terminar un buen texto.

Con la gente... ese es otro cuento. Que la paciencia crezca en nosotros como hongo en lluvia e invada todo lo que somos para que los prepotentes, mala gente e imbéciles con los que nos topamos a diario no nos dejen sus residuos. Que no seamos nosotros, por la piedad de la biblioteca de Borges, los mala gente, prepotentes e imbéciles. Y si lo fuimos, poder reivindicarnos a tiempo.

Yo pido sobre todo cultivar las fuerzas necesarias para sortear chambres*de pasillos y comentarios estúpidos. Que la inteligencia emocional nos permita ser gente con los mala gente (yo lo único que quiero es poder escribir feliz mientras ignoro al mundo con unos audífonos Sony que me compraré ya en un ratito).

No, el año nuevo no cambia a la gente. Es uno el que en estas vacaciones tiene que agarrar fuerzas para que la hijueputez ajena y propia no llegue tan lejos. Para que uno no sea esa persona canalla. Para ser honesto cuando se pueda y ducho* cuando haya que serlo.

Los deseos son pensamientos de un quizá. Que esas posibilidades (esos terminados en ía) se conviertan mejor en verbos activos y gerundios formidables.

Vamos de nuevo: al toro, por los cuernos.



*Chambre: habladurías
Ducho: diestro, bueno en algo.