miércoles, 30 de diciembre de 2009

en.dos.mil.diez

quiero volar todos los días
soñar que vuelo
y volar mientras sueño...

Como Gus diría: quiero hacer cosas imposibles

Ahí les dejo. Por lo pronto voy donde los viejos a escuchar historias alrededor de una fogata, vidrios.

sábado, 19 de diciembre de 2009

La historia del fiel carboncillo 2H

Por ahí leí en el blog de Benavides, en Boomeran(g), que sería hermoso hacer un concurso de escribir un libro a mano. Sí, a mano, hoy que es tan fácil adquirir un computador.

Hoy lo apoyo. Hice las correcciones de un texto que casi se muere. Terminé contenta, satisfecha, cuando volví a abrirlo... ¡La maldita computadora no me había guardado los cambios!

Ay, yo no sé... He empezado de cero, otra vez, y quizá vuelva a usar carboncillo 2H, ese no falla.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El fantasma del paraíso

Estoy sumamente feliz. Miren, Armando me explicó cómo subir musiquita al blog, así que hoy estreno una pieza de una película alucinante.
Una ópera rock setentera basada en el Retrato de Dorian Gray de Óscar Wilde y Fausto, de Goethe.



Además, es Paul Williams... ¡exquisito!

PD: Miren, se supone que sale la consolita de goear.com, pero ya pedí ayuda de nuevo, para mientras queda ahí el enlace. yo para que no se muden, pues.

PD2: ¡Ya pude! ¡Gracias, Armando!

jueves, 17 de diciembre de 2009

Receta para existir (y II)

Traigo a cuenta un estudio de Berguer y Luckman que habla sobre la construcción social de la realidad (si hay algún letrado por ahí, dispense, esto es una caricatura), específicamente sobre el encuentro cara a cara.
Procuraré explayarme.
Si hay algo apasionante es ese folleto es la idea de ir construyendo la vida a pedazos. A puras deducciones, a puro ensayo y error, como todo.

Uno se construye a sí mismo a partir de la ropa que uno se pone, de las palabras que dice, lo que no dice, desde los libros que no lee y los programas de televisión que sí se ven. Así, por ejemplo: me levanto con la loca idea de que hoy, 17 de diciembre, tengo ganas de ser (o verme al menos) como una puta. Entonces tengo que darle verosimilitud a mi escogitación e iré a buscar medias de red y una minifalda. Hecho. (Y hablar como puta, claro.)

Cualquiera (algunos) que me vea en la calle dirá que sí, que mi experimento tuvo éxito. Puras falsedades porque es la fachada de lo que hoy, 17 de diciembre, quise ser.
Otro ejemplo: me levanto un 18 de diciembre con la loca idea de ser... mmm, no sé, una modelo... no, una modelo no, algo más divertido. ¡Una loca! Entonces no recurro a nada y voy al armario y saco una playera amarilla, me pongo mis jeans de siempre y mis imitaciones de All Star. Hecho. Nadie se inmutará.

Ahora, Berguer y Luckman dicen que uno desmitifica lo que cree que el otro es cuando se da ese ansiado encuentro cara a cara. Cuando por fin se ponen cita y van a un café a tomarse de las manos.

Existimos de todas las maneras que creemos que es posible: avatares, fotos, palabras, canciones, ropa que nos ponemos encima, las palabras que decimos... lo que sea.

Así, este blog y todos los blog son extensiones de lo que creemos que somos, de esa construcción social de la realidad.

Y con los días vamos hallándonos nosotros cara a cara. ¿Será?

domingo, 13 de diciembre de 2009

Anónimo (receta para existir, parte I)

1. Escriba un nombre en Google (o cualquier buscador en la web, el que usted quiera).

2. Inmediatamente (depende de su banda) aparecerá una lista con hipervínculos en los que más o menos distiguirá ese nombre que busca. Elija aquel de la lista que se parezca a lo que necesita, lo más parecido y que de dominio no tenga algo así como rincóndelvago.com y similares en los que no se pueda confiar. Digo, no son sitios para andar buscando nombres serios como los que buscamos nosotros.

3. Indague en la página que eligió y vea si de verdad la información cumple los requisitos que necesita.

4. Verifique un par de sitios más y listo. Existe.

(5. O escriba otra vez el nombre que busca, dele clic, y el buscador da señal de alarma con un triángulo amarillo y suelta esa brutal frase: "No se ha encontrado ningún resultado para..."

Resolución:
Simple y llano, si no aparece en la web no existe. (Como cuando el profesor de filosofía dijo: cae una piedra en el desierto y nadie la escucha. ¿Existió ese sonido?


PD Lo más terrible de todo esto es el golpe al ego por si de casualidad lo que uno busca es algo sobre sí mismo, o sea, sobre lo que los otros dicen de nosotros mismos. Justo en este siglo se vuelve imposible ser anónimo. Ya me lo dijo mi maestro, el de tirantes rojos, que es una maravilla pasar inadvertido, gris. Será que tiene razón... probemos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cerrado por gripe

Hoy parezco un octogenario que por poco se ahoga él mismo.
Ni la tos ni la gripe me han detenido. Y como estoy aprendiendo a ser buena gente conmigo, mejor me voy tempranito a casa, me tomo un té y me meto a la cama mientras veo una película. Necesito descansar.

Como quien tiene una carnicería, cerrado por la peste.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El trabajo

Me asalta un estusiasmo que no puedo reprimir, entonces mejor escribo:

El sábado vi a Genoveva y me habló del segundo de sus hijos, mi viejo, el que me enseñó a andar en bicicleta.

Dice la abuela que mi viejo era callado, bravo, pero callado. Centrado. Yo de por sí idolatro a mi papá, y eso es porque era genial (pero genial de genio, no solo de buena gente). Desde los doce años trabajó en cosas mínimas de contaduría en una de las haciendas en las que trabajaba Adán Pineda, su papá y mi abuelo, hasta ser quien salvó más de una vez el balance anual de una empresa.

Otro día mi madre me contó que por todos lados era conocido Pineda, entonces, mi viejo era un Pinedita, y por lo tanto se le respetaba también. Pero de ese respeto que emanan las gentes trabajadoras, derechas y arrechas pa' sacarlo a uno de un mal asunto. Así era el abuelo, bien derecho. Así salió mi viejo, bien derecho.

La abuela Genoveva rememora cuando mi papá perdió sus dientes en un choque de bicicleta con los primos de allá. Se ríe y la prima saca un montón de fotos y miramos lo lindo que era mi papá con su pulcra camisa manga larga.

Los sábados venía Adancito, dice Adán Pineda a media lengua, lo que puede entendérsele desde su postrada garganta en una hamaca. Es sábado, le digo yo, y todos recordamos a Adancito.

Mi viejo me hacía repetir páginas enteras de garabatos que yo llamaba letras si de casualidad yo dejaba ir más de tres errores de ortografía. Hacía planas como él con el afán de alcanzar medianamente su pulcra caligrafía Parker, y me regodeaba de trabajar un diez por ciento más de lo que me pedían con el simple hecho de que mi viejo me dijera "bien hecho". Con él aprendí a amar el trabajo.

A mí mi viejo me enseñó casi todo lo que sé y que hago en este trabajo que paga mis recibos. Tantas cosas que tengo revuelta el alma, y sé que este post está medio chueco porque hace ratos que perdí la estructura. Y no me importa, me gusta así.

Hoy me escribió alguien y me dio una buena noticia -como empezar a vivir de verdad uno de mis sueños-, y solo le puedo decir a mi viejo infinitas gracias por corregirme durante veinticinco años. Los frutos están, aunque él no los vea.

Gracias, viejo, por vos sé que horizonte se escribe con h.

*

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Funerales

Sobre la cama yacen mis piernas, inamovibles, insoportables. Más allá el dolor es un lobo que me arranca las vísceras, que lame toda mi espalda y la deja con heridas ínfimas que cada una supone un pinchón de aguja oxidada. Los brazos no responden. Por hoy quisiera que el infinito se instalara un momento en mi cuna que soy yo misma abrazándome y esperando que no pase nada. Que nada se mueva, que nada duela.

Entre el desvarío se abre un pasillo luminoso en el que aparece un niñito que ante mi estado empieza a dejar caer todo aquello con lo que me sepultará. Sonríe con picardía. Entre brazos lleva peluches de felpa, un leopardo llamado Leo custodia mi corazón volátil. Cosquillitas, el perro verde, se encargará de guardar uno de mis senos, el derecho; otro conejo cae en mi vientre y más allá un sinfín de animales sonrientes se apelmazan sobre mí y son mi mausoleo.

Los fármacos han tardado demasiado. Y solo después de ese ritual largo empieza a recorrerme esa pastillita roja ovoide. Pasea dentro mío, hace lo suyo. Mientras tanto contiemplo mi propia muerte un instante. Me gusta verla así, con un enviado tan hermoso, tan sonriente y saltarín que no deja de bailar al lado de mi cama.

Entonces el muchachito dice que ya es demasiado, él mismo retira la sepultura y la mete bajo las cobijas, esconde a los animalitos de algún mounstro que no soy yo. Brinca triunfante, nadie los ha hallado.

Este funeral me gusta, tan colorido, tan animoso. Entre la suavidad de todo aquello empiezo a sumirme en ese sopor exquisito que me cocina. Duele poco... duele menos.

El lobo se va sin despedirse.

*