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Mostrando las entradas etiquetadas como escritura

¡Ponete a escribir!

¡Escribe inflexible y claro sobre lo que duele!, Ernest Heminway En esta época de fórmulas de éxito de cinco pasos que son pura basura, he recibido el consejo que necesitaba del lugar más insospechado. Un dibujito de ánime me dijo ayer que me pusiera a escribir. Digo, es la traducción del grito que la da nombre a la película Look back: continúa dibujando (de  Kiyotaka Oshiyama , 2024 ). (Vayan a verla, está preciosa). Tras varios años en este oficio, encargos de proyectos divinos y otros atroces, con una pandemia de por medio, pues había perdido el rumbo. Sí, porque yo no creo para nada en la inspiración, sino en la transpiración. Sin embargo, ni eso había hecho que saliera de este aparente letargo. No estoy diciendo que haya salido, pero estoy haciendo mucho al respecto. (Me desvío, ¡por Dios! Si yo misma evaluara este texto me bajaría dos puntos por incoherencia... Pero qué más da.) Escribir es un acto físico, mental y emocional. Estuve en un proyecto hermoso, pero descorazonador...

Duele

Desde ayer tengo un dolor terrible. Ya ha pasado antes, lo extraño es que no me había pasado hasta ahora. Es un dolor que me visita cada tanto y que su función primordial es recordarme que no soy de palo, que ya estuvo buena la fiesta y que un día me voy a morir. Pero no me voy a morir de esto, no no, me voy a morir de cualquier enfermedad hereditaria que colapse mis células, me voy a morir en un accidente de bus, quizá, o por cruzarme una calle sin mirar. Baleada, eso sí que no. De eso no me muero. Este dolor ha aparecido ahora, justo ahora que se supone que puedo descansar. Porque he estado en casa igual que todos, pero no precisamente descansando, como me pregunta mi casero cada vez que me ve regando las plantas mientras yo le hago una mueca y entorno los ojos. Este dolor solo viene a recordarme que a todos nos duele. Duele estar así, duele la conciencia, el corazón, la pura gana de estar afuera. Duele quedarse dentro. Se me han desmoronado los sueños de un espectáculo teatral q...

Escribir, nuestro oficio (del plagio y blablablá)

Hoy leí a José María Tojeira , a Krisma  Mancía y una agradabilísima noticia sobre Claudia Hernández (a quien admiro con locura desde que hace unos diez o doce años me la presentó Rafael Menjívar en un librito de cuentos que estará en el estante de La Casa del Escritor en Los Planes de Renderos). El texto de Tojeira me llenó de ánimo, de coraje. Me dije: Vaya, qué bien lo ha dicho, qué fantástico. Cuando llegué al de Krisma Mancía mi corazón se hizo pedazos. Ella dice:   Luego me analizo y me veo 15 años atrás. Me recuerdo, allí en el limbo. Con mis cuadernos repletos de versos en una aula de la universidad. Desesperada y ansiosa por demostrarle al mundo mi talento y sin saber dónde hacerlo. Entoces yo también era y soy esa muchacha del ataché. Me dolió porque yo también he hecho eso. Me dolió porque la plataforma no es perfecta, pero quiere serlo, se esmera y sin confianza en ella no hay nada. He ganado los Juegos Florales en varias ocasiones y varios concursos antes. M...

Irse y volver

Empecé a irme cuando un día le dije a mi papá que quería estudiar noséqué y que iba a ser en el extranjero. No me fui. Él respiró con alivio. Me fui varias veces a visitar gente a otros sitios porque tenía una necesidad de estar allá, lejos. Me fui a Armenia, me fui a Cojutepeque, me fui Santa Ana, me fui a Chalatenango, me fui a Honduras, Guatemala... Perú. Siempre quería estar allá, haciendo todo lo que acá no se podía hacer. El visitante y el balcón.  Me fui también cuando entré a estudiar en esa universidad en la que hace más de veinte años los militares mataron a sus mentores, sus guías, sus sacerdotes. Y me fui bien lejos porque empecé a hallarme a mí misma, porque entendí, digo yo, muchas cosas. Había gente como yo, había una vida que jamás (ni ahora) quise que se acabara. Cuando me fui esa vez había muchos conmigo. Y siguen ahí porque irse para ellos también era necesario. Teníamos que crecer, dijeron nuestros maestros. Nosotros les creímos. Años más tarde cada qui...

2 + 4.5 (Suma de ausencias)

Con la novedad de que la 42 C que tomo desde el estadio Cuscatlán venía semivacía, digo, que por fin vine sentada, pensaba en que hoy es el segundo aniversario de Don Paco. Pensaba en que si me quedaba y avisaba al trabajo que tenía ese evento (ya luego resolvería la marcación). Mis pensamientos se metían entre cómo iban a celebrar hoy y blablablá. Fuera de cualquier pose lastimera (porque hay personas que les gusta sentirse salsa con eso), quizá la mayoría de los que estuvimos en la clase de Don Paco lo extrañamos. Ahora bien, se le revuelve a uno el alma y sí, es bueno decir "Era magnífica persona...", "Grande el maestro..." y etcétera. Pero pensándolo bien, por qué extrañamos. ¿Por qué cada traslación volvemos a la misma fecha y celebramos novenarios?  Me puse a pensar en eso, en Don Paco (ya dos años sin él), en mi viejo (cuatro y medio sin su mano acariciándome la cabeza o echándome las cobijas a la hora de dormir), pensaba en la gente que he amado y que ya n...