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Mostrando las entradas etiquetadas como Catalina

Las niñas se fueron

Ser niña es difícil. A veces tienes que aguantar ponerte vestidos feos que te dan picazón en la barriga o que tu papá le compre primero una bicicleta a tu hermano y que para conseguir la tuya debas hacer berrinche. O que siempre debas ir peinada al colegio porque a nadie le gusta una niña con el pelo revuelto. Nacer (ser) niña es una maldición, dijo mi abuela una vez. Me ocupa hoy un recuento cinco casos, de esos que están en los libros y en películas que me gustan. Un chance para repensar este asunto de nacer con vagina. Caso 1: Los hombres grises te roban el tiempo Cuando leí Momo, de Michael Ende, entendí que una niña iba a salvar aquel sitio. Una niña heroína, ufff, eso sí que es fuerte. ¿Por qué no tenemos más heroínas? Tenerlas sería hermoso y maravilloso. Lo que me gustó de ese libro es que Momo tiene que luchar contra la desilusión, contra ser adulto, contra esos hombres grises que representan esta horrenda vida moderna que llevamos. Sí, ser heroína... es que es complica...

Calles de piedra

Es de tarde y hace calor. Me bajo de un ruidoso autobús y camino rápido para alcanzar la acera. Pienso en que ojalá un día alguien compre ese terreno baldío que está frente a la quebrada. Pienso, mientras atravieso esos cuarenta metros de camino de tierra, piedra y hierba seca, en que ojalá una empresa arregle esa (maldita) calle que me incomoda pasar. Me digo: deben arreglar el camino. Si es una calle "comercial" debería estar bien. ¿A quién le toca arreglar ese pedazo de tierra, volverlo asfalto, adoquín o cemento? ¿Por qué nadie ha hecho nada? ¿Por qué tanto abandono? La calle tiene desniveles provocados por las piedras grandes que sobresalen entre ese fino y blanquecino polvo. Es como un pequeño abismo entre límites de asfalto y cemento. Es una tierra antigua que quizá tardó miles de años en llegar a ser eso que se pega en mis zapatos y sacudo con algo de rabia. Las piedras que sobresalen del camino no me dejan correr. Toda mi atención se centra en ellas, mi cuerpo...