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Mostrando entradas de 2016

Caer en falso... ¡A callar todos!

Ya mucha charlatanería hay por ahí y a veces es preferible callar. La época dorada y hermosa del blog ya fue. Kaput. Somos una especie que debería desaparecer. Quizá la cola de un pescado que se halla en el Himalaya. Fo-si-li-za-dos. Ya mucho se dice, ya mucho blablablá.

Lo cierto es que estamos hasta el copete: es intoxicación informativa.

Esto es nada más que narcisismo. Como los columnistas. Gente que cree que tiene algo interesante que decir, o que creen que sus historias son particularmente excepcionales porque su punto de vista es tan novedoso que va a cambiarnos la vida.

Nada. Todo es caer en falso.

Somos en definitiva productos de la inmediatez. Queremos que los blogueros (y también Youtubers) nos digan cosas, que nos procesen la vida, que nos transmitan su sabiduría. Queremos... Hablamos, no paramos, hablamos... NO-PA-RA-MOS.

Estaba leyendo los comentarios a un video de una psicóloga. La chica de gafas supermaquillada que explica obviedades. Eso decían los de los comentarios…

La comunidad

El frufrú de las faltas apaletonadas resonaba en aquel pasillo que más bien era una gruta. Éramos todas nosotras, las niñas, las chicas... nunca las mujeres. Por aquel entonces llevábamos zapatos negros de tira, chatos del frente. Éramos una comunidad... o no. No, más bien éramos grupúsculos o quizá tribus. Sí, eso, tribus que quieren matarse unas a otras.

¿Por qué nos peleamos las mujeres? ¿Por el macho?

Hace veinte años nos peleábamos por Christian o por Douglas o por Luis "Mandarina". Éramos el plato de botanas de estos muchachos engreídos. Éramos pasabocas... Éramos...

Hace tanto las tetitas eran un asomo. Eran limoncitos que nunca nos gustó mostrar. ¿O sí? Nuestras nalgas eran eso extraño que a los albañiles de la esquina les gustaba mirar, a los cobradores de los buses tocar y a los amigos de nuestros hermanos pellizcar. Ellos, los chicos, nos gritaban cosas. Les decían a nuestros hermanos "cuñados" y nosotras, por dentro, nos engalanábamos... O vomitábamos.…

Los bigotes

Enano, nuestro papá olía a pino silvestre y agua de mar. Olía a papeles y tinta de lapicero, olía también a ese olorcito que deja el aire acondicionado en las camisas rayadas de los oficinistas y olía también a carcajada abierta.

Tengo que decirte, enano, que era un gran padre. Que lo es, desde donde está, desde ese sitio en el que imagino que tu mente viaja cuando quiere recordar sus abrazos. Te quiso y mucho. Nos amó. Pero amó como aman los hombres de verdad, esos que no dejan pasar berrinches y que sueltan el abrazo largo y cálido cuando asoma la desilusión o el abatimiento.

La vida es así y no siempre podemos elegir el modo en el que se conducirá. En cambio, voy a darte eso que me dio a mí, porque es tuyo también. Es tuyo desde la médula que con cada fracaso haya detrás de tus orejas un bigote que te susurra que está bien equivocarse porque ya sabés qué no hacer, que entonces busqués otro camino.

Son tuyas, mi enano precioso, estas palabras, estas palabras que con nuestro hermano …

Eléctrico, melódico y fantástico: Monsieur Periné

No sé ni con qué disco fue que por fin dejamos de reproducir Caja de Música de Monsieur Periné. Es que estábamos entre lo eléctrico y lo fantástico, entre lo melódico y lo catártico… y casi llegamos a lo estrambótico. Desde el concierto teníamos fiebre, que en el auto, que en la oficina (y bailábamos en la alfombra azul entre los cuatro escritorios) y, ¡oh, sí!, en casa, mientras mi chas-chas-chas arrojaba pedacitos de papa a ritmo swing.
Fuimos al concierto de esta banda colombiana el pasado 26 de febrero. Se presentaron en Scenarium, Multiplaza, un sitio relativamente nuevo que solo hace eso: presenta conciertos. Los Periné son unos treintañeros originarios de Colombia y que en su carrera ya tienen bien ganado un Grammy Anglo.  Los conocí porque el Flaco (mi flaco) me pasó un video que vio en TVX. ¡Oh, son realmente buenos!, me dije. Además, tenían un video de lo más genial (Suin Romanticón), ese en el que van todos tocando, bebiendo, jugando a las cartas en un camión.  Luego estab…