viernes, 27 de noviembre de 2009

Frío

Hoy hace viento, y el frío se me cuela por los pies desnudos. Siempre por los pies desnudos.
Sin alguien a quien abrazar.

*

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La tabacalera

Poco he escrito sobre mi madre, una sombra que ni yo misma reconozco en mí misma, pero está. Siempre está. De esa sombra no me pavoneo, si no que vivo; y más aunténticamente de la que huyo.

Mamá es peinadora, pero antes de ser peinadora fue infinidad de cosas. Cosas que no dice, que poco cuenta, que da gusto oír, como hoy.

Luego de una sopa cargada y tortilla despenicada en ella (como comen los pericos dirán los snob), mi madré contó que trabajó en las tabacaleras, que bajaba de una loma y llegaba hasta la casa del señor que tenía los terrenos llenos de plantas de tabaco.

Mi madre siempre dijo que fumar era malo. Condenó terriblemente el pasado de un primogénito fumador, hoy es un nuevo hijo -como dicen en los retiros espirituales-, y yo siempre le creí que era dañino.

No fumo por elección. Me sobran los expendios. Soy fumadora pasiva; odio que el cabello me huela a cigarrillo, y más aún detesto terriblemente que mi ropa quede infestada a tabaco. Sin embargo amo a los fumadores, tan resueltos ellos con su cigarro en la mano, en el labio. Hermosos ellos.

Mamá trabajó en las tabacaleras y yo no lo sabía. Eso cambia mucho. Cambia todo. Veo a una chiquilla de pelo negro acurrucada con su vieja eligiendo las hojas más hermosoas. Aprendiendo que las de más abajo son las de menor calidad, llamadas las número cinco.

Mi madre hace un ademán y nos muestra a los hijos cómo son de grandes las hojas de la planta de tabaco. Nos dice que las de más arriba son las de mayor calidad. Se ríe y nos cuenta que el dueño era un hombre agradecido que al final de la temporada llevaba de paseo a sus empleados. Con un halo de tristeza y frustración comenta que ella no fue nunca a una de esas vueltas, como le dice. Era ya época de escuela, aclara. El tío Jorge sí fue.

El tío que mataron hace años sí llegó a las últimas consecuencias del trabajo con el tabaco. Está muerto, y justo hoy tengo la terrible necesidad de que me cuente su historia.

Mi madre sigue ahí. Un día de estos nos vamos a sentar serias, no, serias no. Despreocupadas, al borde de la tontería para que me cuente más.

Hoy sé que mi madre trabajó en las tabacaleras antes de ser peinadora, antes de ser madre, de ser novia, antes de ser todo. Y es hermoso imaginar su juventud juguetona metida debajo de una planta de tabaco.

*

domingo, 22 de noviembre de 2009

Una semana de silencio

Necesario, vital.
Esta semana vino Laurent Decol al país. Antes de su presentación de mimodrama se dio a la tarea de enseñarnos a amar la creación, a valorar los pequeños detalles, a hacernos mimos.

En medio de tanto silencio es hermoso pensar, y mirarse, y revalorarse.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Yo, la cínica (día dos)

Asumida la cuestión. Vamos al disfrute.

COMERCIAL:
(De repente me ataca gente en el msn que al ver mi refórmula también quieren resumirse en tres palabras y una coma. Háganme un favor, vayan a un recetario y búsquense otra oración. De esas frases célebres de Proverbia.net.
Y no, no existen las yo, la sarcástica; ni yo, la descarada, mucho menos. Váyanse a joder a otro lado. ¿Acaso la construcción de uno mismo depende de lo que el otro ponga en su nickname?)

Ah, sí, el disfrute.

Noche de cacería, y luego de una cena me despido con una pasada de lengua en una oreja ajena. No virgen, sí timorata, pensante y que a ratos me esquiva.

Me relamo al recordar.

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domingo, 15 de noviembre de 2009

Yo, la cínica

Celebré majestuosamente cuando por fin me asumí como la cínica.

Y me encanta.

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jueves, 12 de noviembre de 2009

El hombre solitario

En una de esas paradas llego hasta la casa de Armando, su casa se llama como él. Al final de la página hay una oración que obedece al About me: I'm a lonely man living in a world of dreams.
Ácida (a ratos nostálgica).

Después me voy a uno de mis tantos cuadernos de notas, libreta en turno, y busco una cita que saqué de un estudio luego de leer una extraña -rarísima- traducción de Esperando a Godot: El hombre pasa toda su vida, siempre absurda, con el miedo de estar solo. Que cuando está acompañado se pelea con la compañía que le ha tocado en suerte y con la esperanza de que algún día venga ese Godot soñado.

Punto. Resquebrajo.

¿Y si de pronto no hay nada? ¿Y si todo es artificio?

Godot vendrá mañana.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Resoluciones (o falta de distracción)

Tengo días de estar pensado qué putas subir al blog, como si se me fuera la vida en esta última entrada, como la más meritoria, como consecuencia de pensar en un público que a ratos no está y que no me extraña. Son un par los que vienen, y los aprecio infinitamente. Así, pasé a doblegar mi ímpetu ante la tiranía de elegir un tema que mereciese trato en esta ínfima página.

Hay uno que tengo en jabón. Yo quería ahondar en eso que era el deseo. Lo iba a llamar Breve tratado poco elocuente sobre el frenesí. No cuajó. Y me hartó. Me sigue gustando tanto la idea que en una página reciclada saqué cien mil palabras que usaría, y mi propósito era que darnos cuenta de cómo caemos en el deseo y no sé qué pendejadas más. La idea era convencerlos de alguna tontería que yo creyese cierta. Falló. Está ahí en los borradores y no pienso revivirlo. ¡Que se muera el infeliz!

Lo que sí me encantó fue el trabajo previo a la creación del texto; la idea esa de saltar hipertextualmente de palabra en palabra, complementar significados, el corazón de este nuestro blog llamado la semiosis infinita. Ir de concepto en concepto hasta que el hartazgo nos mate: ¿¡el significado universal!? Ser algo así como el gran intérprete, que vendría a ser como dios, en materia de esa palabrita y sus sinónimos. Una orgía de palabras, según yo.
En fin. Nada de eso floreció.

Así, fastidiada de no escribir y no sacar mis demonios doy mi veredicto: culpable.

Culpable de no distraerme lo que debo y andar creyendo que Notre Dame se hizo en un día.
Culpable de faltarle el respeto a mi blog y dejarlo en su solitaria soledad debido a mi desmedido estándar de rigurosidad y no dejarlo ser y divertirse y divertirme.

Mea culpa. Hoy en la noche me tomaré un ron que tengo debajo de la cama para lavar mis penas.