domingo, 9 de julio de 2017

Conozca la verdadera razón de por qué no tengo hijos (Además, 5 tips par adelgazar)

Recién había pasado la oleada de fiestas rosa a las que fui, todas esas fiestas en las que bailé con mi amigo Erick, por el que todas babeaban (y tenían razón, estaba guapísimo). Días más tarde, en una clase de Psicología, la señora Milagro explicaba lo de tener hijos y la familia y etc. Recuerdo haberle preguntado en aquella ocasión: ¿Y si no quiero tener hijos? Yo tenía en aquel entonces quince años.
Han pasado casi veinte años desde ese día. Ahora soy una mujer resuelta, con trabajo, vivo con mi compañero y un gato. Y ninguno de los dos se preocupa por la prole.  Con tanto “niño mugriento por ahí”,  diría Tola, un personaje encopetado de la obra Las Partículas de Dios, de Luis Ayhllón, emulando a las doñas de la Escalón.

¿Cómo es que llegas a esta edad sin hijos? Repasemos:
1.     El origen: Vengo de una familia del campo. Pero hubo un día glorioso en el que mi abuela llevó a mi madre a Santa Tecla (Oh, mira hija la gran ciudad cafetalera). Y años más tarde, mi madre estudió cosmetología y cuando se graduó fue a buscar trabajo en las “gran ciudad”, donde las chicas del banco llevan medias, se pintan la boca, se arreglan el pelo a mediodía y estudian finanzas por las noches.

2.     La beca: mi padre era un geniecillo de las matemáticas. Desde los 12 años trabajó como escribiente en una finca. Alguien se fijó y lo becaron para que estudiara Bachillerato Comercial. Mi papá trabajó en una gran empresa donde llevaba libros de contabilidad.

3.      Mi mamá es una guerrera muy lista: mi mamá se fijó en mi papá. Salieron juntos. Y se casaron. Mi mamá amó siempre la inteligencia de mi papá y mi viejo siempre respetó lo brillante que fue mi madre: por eso se fueron a buscar un lugar mejor para vivir, por eso mi madre decidió: “Viejo, solo vamos a tener dos hijos para que los podamos educar”.

4.     Mi mamá manejaba billete: como mi mamá trabajaba, no tenía que pedirle dinero a mi papá. Eran un comunidad. Y un día esa accionista dijo que iba a poner a estudiar a sus hijos en buenos colegios. Al viejo no mucho le gustó, pero valía madres. Mi mamá tenía todos los recursos para mandarnos a estudiar a esos “colegios caros de monjas y curas”. Con el tiempo mi papá entendió y se unió a la causa.

5.     Levantante que ya es hora: Por doce años nos levantamos a las 5 de la mañana a estudiar. Estudiábamos mucho. Mi hermano mantuvo por años una beca que yo siempre envidiaré.

6.     En casa tuve libros…. Muchos libros: había un Atlas de Anatomía y, además, un capítulo larguísimo sobre el embarazo. Desde los 14 años sé mis días fértiles, el uso del condón y tantas cosas más.

7.     Mi mamá siempre fue peleadora: mi madre es la mujer más inteligente que conozco. Logró que estudiáramos, logró controlar cuántos hijos quería, logró que absolutamente nadie hiciera añicos su dignidad.
  Para que haga conexiones mi familia tuvo tres cosas: educación, dinero (entiéndase trabajo) y dignidad. Yo no tengo hijos porque he decidido no tenerlos. A mí nunca nadie me violó. Nadie metió sus manos entre mis piernas sin mi consentimiento. Yo no tuve un padre que me violara o vendiera. Yo tuve una madre que me escuchó siempre que pudo, siempre a su modo. Yo no tengo hijos porque puedo decidirlo. ¿Algún desliz? Ah, varios.
Hubo una vez que con mi novio de aquel tiempo pasó por mí al trabajo. Quería que pasáramos a uno de estos sitios en los que se paga por el rato (un motel, pues). Yo no quería. No hizo caso: entró con su carro… Ah, pero ahí mismo ese pobre se llevó la gritada de su vida. No la dejé pasar. Hubo otra vez que yo dudaba sobre la efectividad de un condón. En esa ocasión, entre mi abatimiento e incertidumbre, yo me decía: te faltan dos años de universidad. No puedes tener hijos. Además, ni te gustan los niños. Esa noche, llamé a mi amiga y ella me recogió en casa luego de su trabajo. Me prestó $20 con los que yo pagué para que me inyectaran una de esas horrendas fórmulas del día después. Todo legal. Ni siquiera me pidieron el DUI.
Yo no tengo hijos porque puedo no tenerlos. Porque cada vez que he podido me he costeado mis equivocaciones. Porque tuve mucha más suerte que Metzi, porque ningún violador vino a mi cuarto a levantar mis sábanas o a arrinconarme en una calle. En su columna Respeten mi derecho a decidir nos comenta: No quisiera imaginarme si hubiera quedado embarazada a raíz de esto y mucho menos si el Estado me hubiera obligado a continuar con un embarazo producto de una violación. Tampoco tengo idea de qué hubiera decidido yo: era una niña y estaba asustada.
Porque como dice Metzi en su columna:  yo soy dueña de mi cuerpo y de mis decisiones. Deberíamos tener derecho a abortar bajo las 4 causales que ella expone. Ser dueña del propio cuerpo... ¿Y cómo llegás a eso? Con educación, dinero y dignidad. Ahora hay una chica que ha sido condenada a 30 años de cárcel por un crimen que no cometió. ¿Qué clase de sociedad somos? Evelyn parió en el baño artesanal de su vivienda un bebé de ocho meses y fue trasladada al hospital de Cojutepeque, donde los médicos se dieron cuenta que había tenido un parto y dieron aviso a las autoridades. (Reseña de El País.) 
Lo invito a ver el vídeo. Explicadito... Vea lo absurdo que nos vemos con estas leyes llenas de odio:

Todo el mundo centrándose en el hecho, que fue un baño, que ella quizá lo quería muerto… ¿Y quién es usted para condenar? Usted es un privilegiado, como yo, que ha tenido estudios, que ha podido decidir sobre su vida. Esta mujer no. Lo invito a que viva en un lugar lleno de pandilleros, viva en un sitio de pobreza extrema… Viva en la miseria. 
Evelyn no tuvo nada de lo que yo sí tuve. Evelyn jamás pudo decidir no tener hijos como yo porque ni tuvo la educación, mucho menos el dinero y jamás la dignidad. La dignidad de saberse querida y que alguien creyera su historia, el dinero para parar ese embarazo cuando sí pudo, ni la educación para saber las consecuencias. ¿A quién le tiramos piedras?
Mi historia es un accidente. Yo sentada en esta cómoda sala mientras suenan los pajarillos es un accidente. El caso de Evelyn revela una vez más nuestra condición inhumana, nuestra miopía y el absurdo legal que significa condenar a una mujer violada… condenarla por “homicidio”.  ¿Con qué pruebas?
En este país no queremos quedar embarazadas. Es algo que te pasa. No sabés cómo te pasa. No sabés que está mal que te violen… Así sea tu esposo o novio. Nadie paga por vejar tu cuerpo, tu dignidad... Qué imbéciles somos al condenar… ¡Qué estúpidos! No hay educación: sigan recortado recursos para Educación. Ustedes son lo más vil que hay, clase política.
Necesitamos con urgencia tres cosas: 
1) Educación: de calidad, con docentes humanos.
2) Dinero: entiéndase buenos trabajos, buenos salarios.
3) y dignidad: un sistema político, judicial y de salud que crea en el más pequeño. En el desamparado. 

La verdadera razón por la que no tengo hijos es porque tengo educación y trabajo, me sé amada y lo decidí.

  

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PD: 5 tips para adelgazar: Déjese de pendejadas, hay problemas más importantes que su peso.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Caer en falso... ¡A callar todos!


Ya mucha charlatanería hay por ahí y a veces es preferible callar. La época dorada y hermosa del blog ya fue. Kaput. Somos una especie que debería desaparecer. Quizá la cola de un pescado que se halla en el Himalaya. Fo-si-li-za-dos. Ya mucho se dice, ya mucho blablablá.

Lo cierto es que estamos hasta el copete: es intoxicación informativa.

Esto es nada más que narcisismo. Como los columnistas. Gente que cree que tiene algo interesante que decir, o que creen que sus historias son particularmente excepcionales porque su punto de vista es tan novedoso que va a cambiarnos la vida.

Nada. Todo es caer en falso.

Somos en definitiva productos de la inmediatez. Queremos que los blogueros (y también Youtubers) nos digan cosas, que nos procesen la vida, que nos transmitan su sabiduría. Queremos... Hablamos, no paramos, hablamos... NO-PA-RA-MOS.

Estaba leyendo los comentarios a un video de una psicóloga. La chica de gafas supermaquillada que explica obviedades. Eso decían los de los comentarios. No vi los videos porque me dio pereza y en general me quedo viendo videos tontos de gatos porque procrastinar también es parte de esta profesión. A la gente le digo que evalúo tendencias de redes sociales... pero ese ya es otro cuento. La bloguera ahora youtubera se esmera en que seamos felices, en darnos tips, consejillos para la vida plena. Recetas.

Paso 1, paso 2. Somos una sociedad de recetas, de pasos, de...

¿Y para qué estamos leyendo a estos otros? ¿Para qué los vemos? ¿Por qué estamos lanzando tanta información?

Es más, esta columna debería desaparecer. Somos nada, somos un cúmulo de notas aprobatorias y egos dañados. De "me ignoraste el mensaje"... de...

Estamos atiborrados de información que nos inmoviliza. Estamos atados a una silla y tecleamos para salvar el mundo. Somos inmundos... Nunca antes pesó tanto la espiral del silencio. Opinamos si la opinión es favorable... y para qué publicar en contra.

Hartazgo... Somos una isla y en esa isla solo caben mis amigos. Los que me ovacionan, los que me dicen que hoy todo lo hice bien. Me ciegan.

Quisiera ser menos pesimista, pero no puedo. Quizá otro día, hoy no. Hoy quiero mirar la avalancha que se yergue ante mí y poder enfrentarla. Sé que entre la misera, los egos (el mío, el tuyo y el nuestro), entre la palabrería rota hallaré las pepitas, a esos que muestran lo que hay en el fondo del pozo y que esclarecen la vida.

Es fácil caer en falso... y no estaría mal que de vez en cuando nos calláramos... no todo lo que pensamos importa.

jueves, 11 de agosto de 2016

La comunidad

Arte de Sonia Lazo (disponible y en venta
en: https://www.behance.net/sonialalazo)
El frufrú de las faltas apaletonadas resonaba en aquel pasillo que más bien era una gruta. Éramos todas nosotras, las niñas, las chicas... nunca las mujeres. Por aquel entonces llevábamos zapatos negros de tira, chatos del frente. Éramos una comunidad... o no. No, más bien éramos grupúsculos o quizá tribus. Sí, eso, tribus que quieren matarse unas a otras.

¿Por qué nos peleamos las mujeres? ¿Por el macho?

Hace veinte años nos peleábamos por Christian o por Douglas o por Luis "Mandarina". Éramos el plato de botanas de estos muchachos engreídos. Éramos pasabocas... Éramos...

Hace tanto las tetitas eran un asomo. Eran limoncitos que nunca nos gustó mostrar. ¿O sí? Nuestras nalgas eran eso extraño que a los albañiles de la esquina les gustaba mirar, a los cobradores de los buses tocar y a los amigos de nuestros hermanos pellizcar. Ellos, los chicos, nos gritaban cosas. Les decían a nuestros hermanos "cuñados" y nosotras, por dentro, nos engalanábamos... O vomitábamos. Todo en silencio.

Y luego vino el sexo, vino ser puta, ser regalada, ser mojigata y pendeja... ¿Acaso nada está bien?

-Hola, mi amor, ¿una cerveza?

Y vino luego quitarle el padre a los hijos a la otra, a mi amiga, mi hermana, mi colega. Vino el desatino, vinieron esas ganas locas de ser la mujer más mujer porque tenemos tetas y culo durísimos a punta de gym para tongonearnos. Y vos nos sos suficiente para él. Somos...

¿Y si de pronto nos quisiéramos? ¿Y si de pronto dejáramos a la otra en paz, tranquila?

¿Y si advirtiéramos que el otro solo quiere meterse entre nuestras piernas? ¿Y si pudiéramos decirle a ella, a ella... a esa nena que no caiga, que se cuide?

¿Y si cuando tengamos un nene le dijéramos: Yo también fui una niña, como ella, y no, no está bien tocarle las nalgas?

Y si...

Nadie nos enseñó que debíamos querernos. Nadie nunca nos dijo que debíamos amarnos. Ni en ese colegio católico que pregona el amor. En cambio, me enseñaron, nos enseñaron, que la muchachita pálida que todo lo hacía bien era la perfecta. Nos enseñaron a odiarla y por eso nosotras, las putas, tontas y bestias, nunca la quisimos.

Nadie nos mostró cómo se hace una comunidad. Nadie. ¿Cómo se construye una?

Hoy, tan tarde, estoy aprendiendo, estoy atando nudos que me unen de vientre a vientre con otras. Con esas que entienden que para crecer hay que amar, escuchar.

Tarde estoy comprendiendo que ella lo que quiere es competir. Que sus bromas sobre mi vida es que no le gusto como estoy. ¿Por qué tengo que justificar mis cambios? ¿Por qué no te alegras por mi vida llevadera? ¿Por qué tanta mezquindad?

He hecho eso también. He sido cruel. También me han odiado. No, jamás seré una mujer de voluntad firme y determinada, no, yo siempre seré la histérica que se queja. Una vieja enojada y amargada. Eso dicen ellos de mí... y ellas también. No. Yo no soy eso. Soy una mujer que tiene clara la idea de hacia dónde quiere que vaya su camino. Soy ese torbellino que mi padre amó, que mi madre forjó y que mis hermanos aman y entienden. Soy esas palabras de vocales abiertas y atronadoras que mis amigas pronuncian con tesón.

Sin embargo, ellos y otras ellas nos quieren en islas. Les conviene.

Pero no. Hay un camino diferente. Y en esa vereda encuentro a las que ahora son mis hermanas, las que son cómplices, las que sin miedo me dicen mis errores, las que me permiten crecer.

¿Y si de pronto descubriéramos el poder que podemos ejercer si tan solo nos amásemos?

Una comunidad... hay que construir una comunidad.

viernes, 17 de junio de 2016

Los bigotes

Enano, nuestro papá olía a pino silvestre y agua de mar. Olía a papeles y tinta de lapicero, olía también a ese olorcito que deja el aire acondicionado en las camisas rayadas de los oficinistas y olía también a carcajada abierta.

Tengo que decirte, enano, que era un gran padre. Que lo es, desde donde está, desde ese sitio en el que imagino que tu mente viaja cuando quiere recordar sus abrazos. Te quiso y mucho. Nos amó. Pero amó como aman los hombres de verdad, esos que no dejan pasar berrinches y que sueltan el abrazo largo y cálido cuando asoma la desilusión o el abatimiento.

La vida es así y no siempre podemos elegir el modo en el que se conducirá. En cambio, voy a darte eso que me dio a mí, porque es tuyo también. Es tuyo desde la médula que con cada fracaso haya detrás de tus orejas un bigote que te susurra que está bien equivocarse porque ya sabés qué no hacer, que entonces busqués otro camino.

Son tuyas, mi enano precioso, estas palabras, estas palabras que con nuestro hermano mayor nos han forjado: usted conmigo enójese, pero lo yo amo... y no me haga berrinches... regáleme una sonrisita...

Ay, enano, ese Regáleme una sonrisita era para desarmarte. Porque uno sabía que la estaba regando, porque sabías que eso de enfurruñarse no te iba a lleva a nada, porque era mejor que él, el que había ido y había regresado tres veces, era mejor que te ayudara.

Tu papá, Mateo, fue amado por mucha, mucha gente. Tu papá era alegre y platicador, era sensato y respetuoso. Jamás y nunca desvalorizó algo que a mí me importaba o que a tu hermano quisiese. Y sí, no siempre estaba de acuerdo, pero se quedaba calladito y esperaba a ver cómo su crianza daba fruto.

Tu papá me enseñó matemáticas y se las enseñó a tu hermano, así como él te las enseña hoy. Tu papá nos levantaba a las 4 o 5 de la madrugada porque teníamos que estudiar, se sentaba con nosotros a hacer la tarea, así como lo hace la mamá. Iba con nosotros a la ferretería y nos hacía maquetas, nos ayudaba con los carteles y dibujaba letras preciosas... como a veces hago yo con vos.

Enano, a nosotros nuestro papá se nos escapa de las manos y las palabras, porque lo que decimos y hacemos también es él. Porque en el rostro de esa mujer hermosa que está con vos en casa, el de la mamá, también es mi viejo, tu viejo, porque ella es un canal hacia él. Ella también hizo a ese hombre fuerte y noble que extrañamos. Ella, la mamá, lo condujo siempre hacia nosotros...

A todos nos hace falta y me parece tremendo que no recordés todo el amor que te dio. Eras un bebé. Ahora sos un niño grande... sos mi adolescente mutante. Tu papá te amó a plenitud, como solo aman los hombres de verdad, con la ilusión de empezar de nuevo luego de terminar dos veces. Con la mirada hacia el horizonte... de querer hacerlo bien (de nuevo), de trabajar por que todo esté bien para vos.

Cuando te mirés en el espejo fijate bien. Mirá con calma, vas a ver que tu viejo asoma en esos grandes y preciosos ojos que tenés que son como los de él. Vas a ver que de tu boca salen palabras amables, como las de tu viejo... Vas a a ver un bigote y recordá... recordá cómo te hacía cosquillas al cuello, en la barriga. Rercordá ese bigote cantándote... arrullándote. Recordá ese bigote ya entrado en canas diciendo tu nombre... engalanándose con su tercer hijo... Recordá, enano, recordá... Esa cosquilla en tu pancita... ese bigote precioso... es tu viejo amándote.



sábado, 2 de abril de 2016

Eléctrico, melódico y fantástico: Monsieur Periné



Monsieur Periné en Scenarium /
Foto tomada de elsalvador.com, de: Menly Cortez
No sé ni con qué disco fue que por fin dejamos de reproducir Caja de Música de Monsieur Periné. Es que estábamos entre lo eléctrico y lo fantástico, entre lo melódico y lo catártico… y casi llegamos a lo estrambótico. Desde el concierto teníamos fiebre, que en el auto, que en la oficina (y bailábamos en la alfombra azul entre los cuatro escritorios) y, ¡oh, sí!, en casa, mientras mi chas-chas-chas arrojaba pedacitos de papa a ritmo swing.

Fuimos al concierto de esta banda colombiana el pasado 26 de febrero. Se presentaron en Scenarium, Multiplaza, un sitio relativamente nuevo que solo hace eso: presenta conciertos. Los Periné son unos treintañeros originarios de Colombia y que en su carrera ya tienen bien ganado un Grammy Anglo.  Los conocí porque el Flaco (mi flaco) me pasó un video que vio en TVX. ¡Oh, son realmente buenos!, me dije. Además, tenían un video de lo más genial (Suin Romanticón), ese en el que van todos tocando, bebiendo, jugando a las cartas en un camión.  Luego estaba su versión de Sabor a mí que cantábamos a todo pulmón cuando íbamos en carretera a cualquier sitio de Oriente del país. En serio, estos chicos nos gustaban.

Lo del concierto fue una gozadera tras otra. Cartas a Felice nos dejó con las energías bien puestas luego de cantar Barato (oh, cómo amo esa canción desde su versión original porque el video fue grabado en la finca donde creció mi viejo). Luego aparecieron los Periné. Ya saben, hay drama y nos gusta. Primero los músicos, entradas casi épicas y luego toda la marabunta desgalillada porque apareció Catalina. Sí, bueno, yo también grité.  La primera canción fue Nuestra canción. ¡Madre mía! ¿Puedes enamorarte en un par de minutos? Pues con esa rola la Cata (si me permitís, querida) nos enloqueció a todos. Vamos, me explico. Cata nos electrizó, porque un buen vocalista es una conexión entre la banda y el público. Es una cuestión de energía, de comunicación. Así que nosotros estábamos conectadísimos, teníamos todos los de platea una relación con todos esos chicos que hacían maravillas con sus instrumentos. El asombro, la energía, cantar al unísono… eso desde hacía mucho no me pasaba ni a mí ni al Flaco.





Como ya éramos uno solo ahí dentro, lo demás fue pura fiesta. Pasa que no en todos los conciertos uno puede tener una experiencia tan intensa. Una compenetración tan buena y aunque no conocíamos algunas canciones, en un par de estrofas ya las cantabas… era mágico.  Otra cosa que me fascinó (y vamos que los de esta generación no nos asombramos por mucho, vemos tanto en internet, consumimos trillones de datos de tonterías y cosas buenas que estamos ya con una coracita…), decía que otra cosa que nos gustó mucho fue la coreografía de todo. Esto es un show, no son chicos que vienen a hacer canciones. No, es un show. Música, imagen, vestuario y coreografía, todo bien planificado y ensayado. En tal canción hay un efecto de luz y hacían tal cosa… y así. Era como ver una obra de teatro: de tanto ensayarlo es ya un juego, y cuando los actores juegan, el público también puede jugar.

Toda esa parafernalia técnica, visual y de comunicación no verbal solo respalda lo obvio: son unos grandes músicos. (Ya van a aparecer un par de snobs diciendo tonterías, en fin.) Hablo como espectadora, como oyente. Nos movíamos entre el jazz, el bolero, el swing… y nos valía madres la definición del género porque no estábamos ahí para hacer crítica musical, estábamos para sentir y gozar. Porque la música, la buena música, hace eso: conmueve, duele, enardece y hace que refresques recuerdos. Ahora estábamos tejiendo con los Periné otros recuerdos. Con el Flaco estábamos ahí abrazaditos en las canciones lentas como Viejos amores, saltábamos en las frenéticas como Tu M’as Promis (y esta fue de verdad genial) y sentíamos las rolas místicas como Mi libertad.

Los Periné hacen gala de ser latinos.  La Cata llevaba una preciosa falda amarilla y los chicos iban con sus trajes de colores. Pero la latinidad va más allá de que nos gusten los colores. Los dolores nuestros son de identidad, son de matanzas, son de negación a nosotros mismos… porque asumirse latino es estar en la constante pregunta de: cuáles son los caminos que recorrieron mis ancestros y hacia dónde voy luego de tanta ruptura, dolor y barbarie.

Mi libertad proclama que El dolor existe / y con amor lo voy a curar. Eso han hecho los Periné. Además de ser una buena banda y dar conciertos fabulosos, están tejiendo nuevos lenguajes, porque hay maneras de decir quiénes somos, porque somos esa amalgama de colores, sonidos, gustos y sueños. Como su música llegamos a lo magnético, lo fantástico. Nos movimos entre lo místico y lo eléctrico. Son estos unos buenos embajadores.






domingo, 6 de diciembre de 2015

La rabia de los estudiantes

Ayer en mi país mataron a un gran maestro. Impartía Diseño, Historia del Arte, Semiótica de la Imagen y otras maravillas más. Mi corazón se unió a él cuando tuve la maravillosa suerte de que fuera mi tutor en el seguimiento académico. Cada tanto nos reuníamos y hablábamos de mis promedios... Y el arte y el cine... y que si escribíamos...Y así... Una maravilla de ser humano. Su nombre era José Manuel González.

Ayer vi en las redes sociales los comentarios. Que siempre será el hijo meritísimo hijo de Izalco, que lamentaban... y empecé a temblar. Cuando mi amiga Margarita me escribió desde México... pensé: No, entonces es cierto... En una larga llamada telefónica lloramos, lloramos y lloramos. Como muchos... como tantos. Hoy este país perdió amor. Perdió muchísimo... Y todos los días pierde tanto...

Leí sobre la carta de la chica que escribió porque mataron a su amigo, padre de una nena de 7 años, y que solo salió por pupusas... Y a otros amigos los asaltaron, pero están bien... ¿Quién está bien luego de que te amenazan a punta de pistola por un miserable teléfono? Y esta espiral de violencia espantosa en la que estamos metidos desde hace tanto tiempo nos ahoga y mata. Es que vivir así no es vida.

Es que te cansas, te cansas, te cansas..., así dijo un amigo... ¡Estamos cansados! ¡Basta! ¡Por favor! ¡Basta! Tenemos tanto de estar muriendo. Morimos en la invasión española, morimos en el añil, morimos en los abusos, morimos en violaciones, morimos mientras cortamos café, en la calle, en casa, a manos de propios vecinos, a manos de militares, a manos de extranjeros, a manos de nuestra propia gente... como hoy, como hace tanto.

Estamos cansados de estarnos muriendo, de que gente que dedica la vida entera a ser mejor este país nos la quiten, que nos la maten. Estamos cansados de que sigan con su corrupción, que los fondos y el dinero del Estado no ayuden a hacer crecer este lugar, de que solo piensen en carreteras, de que las escuelas estén tiradas, cansados de que no piensen, de que sean unos imbéciles, que no tengan ni idea de por dónde comenzar...

Estamos hartos de que en toda nuestra historia solo hayamos tenido idiotas en el gobierno, gente mala y ruin... hijos de criollos que esclavizaron, y luego militares... y luego pseudodemocracias, y luego extranjeros cobardes que les daba miedo el comunismo, y luego ultraderecha, y luego oportunistas de izquierda... ¡Basta! ¡Basta! Nos morimos, nos morimos....

Estamos cansados, nosotros los estudiantes, de que se lleven a nuestra gente pensante. Qué rabia, qué dolor... y ustedes haciendo bromas... Y ustedes en sus curules, incapaces de leer cifras de más de cuatro dígitos, tartamudeando en polisílabas, ignorantes, brutos...

Qué tristes estamos... ¡Y saben qué! Vamos a seguir, porque a muchos este país no nos gusta como está. Vamos  a seguir escribiendo, aunque nos amenacen; vamos a seguir enseñando en las aulas, aunque nos quebranten; vamos  seguir diciendo buenos días, aunque nos rodee la tristeza... Todo debe cambiar... Y nosotros, los de este lado, tenemos claro el panorama: no queremos que nos quiten más seres luminosos.

Nos arrebataron a un gran hombre.

Esta tristeza es honda... esta rabia va a estallar.




domingo, 15 de noviembre de 2015

Una amenaza de muerte, Historia y otros cuentos de novela

Siempre odié Estudios Sociales. Eso de fechas, datos y nombres me parecía un suplicio. Cómo presenta la historia el actual programa educativo del MINED es una desgracia. Llenar cuadros con fechas y “relación” de hechos es lo más equivocado que pueden hacer (me he tragado todos los libros de texto con mi hermanito, y no le digan a nadie, pero llené unos cuadros con preguntas de lo más ridículas). ¿Quieren que tengamos memoria? Cuenten cuentos, chambres… comidilla.

He aprendido más de cultura china con la novela Pabellón de mujeres de Pearl S. Buck y Empresses in the palace que con datos wikipidiescos. Hay historia con personajes, conflictos y a todos nos gusta ver historias aunque sean de lo más aguadas e inverosímiles (revise taquilla de Rápido y Furioso 7). Lo mismo me pasó con Khaled Hosseini y Mil soles espléndidos. Narra la historia contemporánea de Afganistán desde la vida de tres mujeres. Fue así que entendí por fin qué era eso de las ocupaciones, cuando llegan los rusos y se van… Narrativa al fin y al cabo.

Si no fuera por los Cuentos de cipotes mucho de nuestro costumbrismo estaría echado al traste. Si no fuera por Miguel Mármol de Roque… Y otros, pero no tengo un doctorado en literatura salvadoreña, solo soy una lectora y ese es, para mí, el meollo del asunto.


Mi ejemplo de hoy es la novela Noviembre de Jorge Galán, sobre la masacre de los jesuitas (una de tantísimas).

 Este libro que reconstruye un hecho real y nos lo narra. Se presentó oficialmente el pasado 11 de noviembre en la UCA, el día de la ofensiva, y vamos a lo mismo, ese dato solo no me dice mucho, pero Gerardo nos dice su versión.


Otro ejemplo de una mirada distinta es Marcela Zamora, con su documental sobre la masacre del Mozote: Las Aradas: masacre en seis actos, y su ahora laureado El cuarto de los huesos.




Cómo contar lo que pasó debería atravesar distintos formatos. No me diga que La tumba de las Luciérnagas no es una obra de arte y dice mucho, una historia basada en hechos reales.


Veamos: A) el fracaso de por qué no recordamos es que nos centramos en datos y no en el drama. B) Necesitamos hacer nuestra narrativa, más historias de nosotros mismos. C) Hay que asumirse salvadoreño en su complejidad (recuerde: Semos malos) D) La historia y la interpretación de la vida tienen muchas miradas e intérpretes (oh, cómo te idolatro, Peirce). E) Recordamos por medio de narrativas (ahí don Mendoza le amplía en su artículo Las formas del recuerdo.)

Pero volvamos al punto. A Jorge Galán lo amenazaron de muerte a inicios de mes por contar una historia incómoda. Muchos dijeron que era mentira y que era estrategia de publicidad para vender un libro. Ahora, si el hecho de que este autor huya de su país por escribir un libro “controversial” le inspira a creer que sea artimaña comercial… pues yo lo insto: ¡Escriba pero ya! Da para un relatito cochambroso de ficción.  (Insisto, como si ser editado por Visor, Alfaguara y ahora Planeta necesitara de artificios.)

Los datos caen por su peso. En este país te matan porque no querés colaborar con la renta y en los ochenta te mataban porque llevabas pantalones y “parecías” comunista. Te mataban porque pedías la tierra que la Reforma Agraria sí te otorgó, pero que no les daba la gana dártela… y así ejemplos de horror que usted mismo puede leer en De la locura a la esperanza. Ahora, ¿por qué hemos de dudar sobre la amenaza si los que mandaron a matar a tantísima gente siguen por ahí y el Estado se ha negado a extraditar? ¿Por qué debería pronunciarse alguien cuando ha sido amenazado? Si quiere datos de por qué no lo hace, lea esta fabulosa nota: La muerte y la palabra, de Luis García Montero.

Me parece que lo de Jorge Galán con Noviembre es un auténtico ejercicio de memoria. El otro día vi una obra de teatro en la que los personajes se pasaban diciendo uno al otro: “Es que acordémonos”, “Oh, qué mal que la historia y la memoria no se quieren”. Panfletos… Decir “Recordemos, recordemos” no es hacer memoria.  

Jorge Galán, Marcela Zamora, Arturo Menéndez con su Malacrianza, Butacas Trémulas de Moby Dick Teatro y otros tantísimos como varios documentales que he visto en TVX (complete la lista, que no es una tesis doctoral) están retomando lo que somos para reconstruirnos. Algunos, más cercanos a su interpretación de los hechos reales (acuérdese de Peirce); y otros, con ficción, pero cada uno aporta para la memoria. Vítores para los valientes.

Lo de Jorge Galán y todos ellos es un acto grande para nosotros en este país que se mata desde hace días, no es de ahorita. Ellos quieren contar la historia desde el cuento, la narrativa visual, el guion… porque el dato solo y vacío no conmueve, no identifica (le aseguro que a usted tampoco le gustaba mucho estudios sociales).

Hoy, 16 de noviembre del 2015, tras 26 años del asesinato de los padres jesuitas y de Elba y Celina, hay alguien que ha huido porque otros lo quieren muerto. Ese alguien tomó su pluma y nos contó esa historia.