jueves, 11 de agosto de 2016

La comunidad

Arte de Sonia Lazo (disponible y en venta
en: https://www.behance.net/sonialalazo)
El frufrú de las faltas apaletonadas resonaba en aquel pasillo que más bien era una gruta. Éramos todas nosotras, las niñas, las chicas... nunca las mujeres. Por aquel entonces llevábamos zapatos negros de tira, chatos del frente. Éramos una comunidad... o no. No, más bien éramos grupúsculos o quizá tribus. Sí, eso, tribus que quieren matarse unas a otras.

¿Por qué nos peleamos las mujeres? ¿Por el macho?

Hace veinte años nos peleábamos por Christian o por Douglas o por Luis "Mandarina". Éramos el plato de botanas de estos muchachos engreídos. Éramos pasabocas... Éramos...

Hace tanto las tetitas eran un asomo. Eran limoncitos que nunca nos gustó mostrar. ¿O sí? Nuestras nalgas eran eso extraño que a los albañiles de la esquina les gustaba mirar, a los cobradores de los buses tocar y a los amigos de nuestros hermanos pellizcar. Ellos, los chicos, nos gritaban cosas. Les decían a nuestros hermanos "cuñados" y nosotras, por dentro, nos engalanábamos... O vomitábamos. Todo en silencio.

Y luego vino el sexo, vino ser puta, ser regalada, ser mojigata y pendeja... ¿Acaso nada está bien?

-Hola, mi amor, ¿una cerveza?

Y vino luego quitarle el padre a los hijos a la otra, a mi amiga, mi hermana, mi colega. Vino el desatino, vinieron esas ganas locas de ser la mujer más mujer porque tenemos tetas y culo durísimos a punta de gym para tongonearnos. Y vos nos sos suficiente para él. Somos...

¿Y si de pronto nos quisiéramos? ¿Y si de pronto dejáramos a la otra en paz, tranquila?

¿Y si advirtiéramos que el otro solo quiere meterse entre nuestras piernas? ¿Y si pudiéramos decirle a ella, a ella... a esa nena que no caiga, que se cuide?

¿Y si cuando tengamos un nene le dijéramos: Yo también fui una niña, como ella, y no, no está bien tocarle las nalgas?

Y si...

Nadie nos enseñó que debíamos querernos. Nadie nunca nos dijo que debíamos amarnos. Ni en ese colegio católico que pregona el amor. En cambio, me enseñaron, nos enseñaron, que la muchachita pálida que todo lo hacía bien era la perfecta. Nos enseñaron a odiarla y por eso nosotras, las putas, tontas y bestias, nunca la quisimos.

Nadie nos mostró cómo se hace una comunidad. Nadie. ¿Cómo se construye una?

Hoy, tan tarde, estoy aprendiendo, estoy atando nudos que me unen de vientre a vientre con otras. Con esas que entienden que para crecer hay que amar, escuchar.

Tarde estoy comprendiendo que ella lo que quiere es competir. Que sus bromas sobre mi vida es que no le gusto como estoy. ¿Por qué tengo que justificar mis cambios? ¿Por qué no te alegras por mi vida llevadera? ¿Por qué tanta mezquindad?

He hecho eso también. He sido cruel. También me han odiado. No, jamás seré una mujer de voluntad firme y determinada, no, yo siempre seré la histérica que se queja. Una vieja enojada y amargada. Eso dicen ellos de mí... y ellas también. No. Yo no soy eso. Soy una mujer que tiene clara la idea de hacia dónde quiere que vaya su camino. Soy ese torbellino que mi padre amó, que mi madre forjó y que mis hermanos aman y entienden. Soy esas palabras de vocales abiertas y atronadoras que mis amigas pronuncian con tesón.

Sin embargo, ellos y otras ellas nos quieren en islas. Les conviene.

Pero no. Hay un camino diferente. Y en esa vereda encuentro a las que ahora son mis hermanas, las que son cómplices, las que sin miedo me dicen mis errores, las que me permiten crecer.

¿Y si de pronto descubriéramos el poder que podemos ejercer si tan solo nos amásemos?

Una comunidad... hay que construir una comunidad.

viernes, 17 de junio de 2016

Los bigotes

Enano, nuestro papá olía a pino silvestre y agua de mar. Olía a papeles y tinta de lapicero, olía también a ese olorcito que deja el aire acondicionado en las camisas rayadas de los oficinistas y olía también a carcajada abierta.

Tengo que decirte, enano, que era un gran padre. Que lo es, desde donde está, desde ese sitio en el que imagino que tu mente viaja cuando quiere recordar sus abrazos. Te quiso y mucho. Nos amó. Pero amó como aman los hombres de verdad, esos que no dejan pasar berrinches y que sueltan el abrazo largo y cálido cuando asoma la desilusión o el abatimiento.

La vida es así y no siempre podemos elegir el modo en el que se conducirá. En cambio, voy a darte eso que me dio a mí, porque es tuyo también. Es tuyo desde la médula que con cada fracaso haya detrás de tus orejas un bigote que te susurra que está bien equivocarse porque ya sabés qué no hacer, que entonces busqués otro camino.

Son tuyas, mi enano precioso, estas palabras, estas palabras que con nuestro hermano mayor nos han forjado: usted conmigo enójese, pero lo yo amo... y no me haga berrinches... regáleme una sonrisita...

Ay, enano, ese Regáleme una sonrisita era para desarmarte. Porque uno sabía que la estaba regando, porque sabías que eso de enfurruñarse no te iba a lleva a nada, porque era mejor que él, el que había ido y había regresado tres veces, era mejor que te ayudara.

Tu papá, Mateo, fue amado por mucha, mucha gente. Tu papá era alegre y platicador, era sensato y respetuoso. Jamás y nunca desvalorizó algo que a mí me importaba o que a tu hermano quisiese. Y sí, no siempre estaba de acuerdo, pero se quedaba calladito y esperaba a ver cómo su crianza daba fruto.

Tu papá me enseñó matemáticas y se las enseñó a tu hermano, así como él te las enseña hoy. Tu papá nos levantaba a las 4 o 5 de la madrugada porque teníamos que estudiar, se sentaba con nosotros a hacer la tarea, así como lo hace la mamá. Iba con nosotros a la ferretería y nos hacía maquetas, nos ayudaba con los carteles y dibujaba letras preciosas... como a veces hago yo con vos.

Enano, a nosotros nuestro papá se nos escapa de las manos y las palabras, porque lo que decimos y hacemos también es él. Porque en el rostro de esa mujer hermosa que está con vos en casa, el de la mamá, también es mi viejo, tu viejo, porque ella es un canal hacia él. Ella también hizo a ese hombre fuerte y noble que extrañamos. Ella, la mamá, lo condujo siempre hacia nosotros...

A todos nos hace falta y me parece tremendo que no recordés todo el amor que te dio. Eras un bebé. Ahora sos un niño grande... sos mi adolescente mutante. Tu papá te amó a plenitud, como solo aman los hombres de verdad, con la ilusión de empezar de nuevo luego de terminar dos veces. Con la mirada hacia el horizonte... de querer hacerlo bien (de nuevo), de trabajar por que todo esté bien para vos.

Cuando te mirés en el espejo fijate bien. Mirá con calma, vas a ver que tu viejo asoma en esos grandes y preciosos ojos que tenés que son como los de él. Vas a ver que de tu boca salen palabras amables, como las de tu viejo... Vas a a ver un bigote y recordá... recordá cómo te hacía cosquillas al cuello, en la barriga. Rercordá ese bigote cantándote... arrullándote. Recordá ese bigote ya entrado en canas diciendo tu nombre... engalanándose con su tercer hijo... Recordá, enano, recordá... Esa cosquilla en tu pancita... ese bigote precioso... es tu viejo amándote.



sábado, 2 de abril de 2016

Eléctrico, melódico y fantástico: Monsieur Periné



Monsieur Periné en Scenarium /
Foto tomada de elsalvador.com, de: Menly Cortez
No sé ni con qué disco fue que por fin dejamos de reproducir Caja de Música de Monsieur Periné. Es que estábamos entre lo eléctrico y lo fantástico, entre lo melódico y lo catártico… y casi llegamos a lo estrambótico. Desde el concierto teníamos fiebre, que en el auto, que en la oficina (y bailábamos en la alfombra azul entre los cuatro escritorios) y, ¡oh, sí!, en casa, mientras mi chas-chas-chas arrojaba pedacitos de papa a ritmo swing.

Fuimos al concierto de esta banda colombiana el pasado 26 de febrero. Se presentaron en Scenarium, Multiplaza, un sitio relativamente nuevo que solo hace eso: presenta conciertos. Los Periné son unos treintañeros originarios de Colombia y que en su carrera ya tienen bien ganado un Grammy Anglo.  Los conocí porque el Flaco (mi flaco) me pasó un video que vio en TVX. ¡Oh, son realmente buenos!, me dije. Además, tenían un video de lo más genial (Suin Romanticón), ese en el que van todos tocando, bebiendo, jugando a las cartas en un camión.  Luego estaba su versión de Sabor a mí que cantábamos a todo pulmón cuando íbamos en carretera a cualquier sitio de Oriente del país. En serio, estos chicos nos gustaban.

Lo del concierto fue una gozadera tras otra. Cartas a Felice nos dejó con las energías bien puestas luego de cantar Barato (oh, cómo amo esa canción desde su versión original porque el video fue grabado en la finca donde creció mi viejo). Luego aparecieron los Periné. Ya saben, hay drama y nos gusta. Primero los músicos, entradas casi épicas y luego toda la marabunta desgalillada porque apareció Catalina. Sí, bueno, yo también grité.  La primera canción fue Nuestra canción. ¡Madre mía! ¿Puedes enamorarte en un par de minutos? Pues con esa rola la Cata (si me permitís, querida) nos enloqueció a todos. Vamos, me explico. Cata nos electrizó, porque un buen vocalista es una conexión entre la banda y el público. Es una cuestión de energía, de comunicación. Así que nosotros estábamos conectadísimos, teníamos todos los de platea una relación con todos esos chicos que hacían maravillas con sus instrumentos. El asombro, la energía, cantar al unísono… eso desde hacía mucho no me pasaba ni a mí ni al Flaco.





Como ya éramos uno solo ahí dentro, lo demás fue pura fiesta. Pasa que no en todos los conciertos uno puede tener una experiencia tan intensa. Una compenetración tan buena y aunque no conocíamos algunas canciones, en un par de estrofas ya las cantabas… era mágico.  Otra cosa que me fascinó (y vamos que los de esta generación no nos asombramos por mucho, vemos tanto en internet, consumimos trillones de datos de tonterías y cosas buenas que estamos ya con una coracita…), decía que otra cosa que nos gustó mucho fue la coreografía de todo. Esto es un show, no son chicos que vienen a hacer canciones. No, es un show. Música, imagen, vestuario y coreografía, todo bien planificado y ensayado. En tal canción hay un efecto de luz y hacían tal cosa… y así. Era como ver una obra de teatro: de tanto ensayarlo es ya un juego, y cuando los actores juegan, el público también puede jugar.

Toda esa parafernalia técnica, visual y de comunicación no verbal solo respalda lo obvio: son unos grandes músicos. (Ya van a aparecer un par de snobs diciendo tonterías, en fin.) Hablo como espectadora, como oyente. Nos movíamos entre el jazz, el bolero, el swing… y nos valía madres la definición del género porque no estábamos ahí para hacer crítica musical, estábamos para sentir y gozar. Porque la música, la buena música, hace eso: conmueve, duele, enardece y hace que refresques recuerdos. Ahora estábamos tejiendo con los Periné otros recuerdos. Con el Flaco estábamos ahí abrazaditos en las canciones lentas como Viejos amores, saltábamos en las frenéticas como Tu M’as Promis (y esta fue de verdad genial) y sentíamos las rolas místicas como Mi libertad.

Los Periné hacen gala de ser latinos.  La Cata llevaba una preciosa falda amarilla y los chicos iban con sus trajes de colores. Pero la latinidad va más allá de que nos gusten los colores. Los dolores nuestros son de identidad, son de matanzas, son de negación a nosotros mismos… porque asumirse latino es estar en la constante pregunta de: cuáles son los caminos que recorrieron mis ancestros y hacia dónde voy luego de tanta ruptura, dolor y barbarie.

Mi libertad proclama que El dolor existe / y con amor lo voy a curar. Eso han hecho los Periné. Además de ser una buena banda y dar conciertos fabulosos, están tejiendo nuevos lenguajes, porque hay maneras de decir quiénes somos, porque somos esa amalgama de colores, sonidos, gustos y sueños. Como su música llegamos a lo magnético, lo fantástico. Nos movimos entre lo místico y lo eléctrico. Son estos unos buenos embajadores.






domingo, 6 de diciembre de 2015

La rabia de los estudiantes

Ayer en mi país mataron a un gran maestro. Impartía Diseño, Historia del Arte, Semiótica de la Imagen y otras maravillas más. Mi corazón se unió a él cuando tuve la maravillosa suerte de que fuera mi tutor en el seguimiento académico. Cada tanto nos reuníamos y hablábamos de mis promedios... Y el arte y el cine... y que si escribíamos...Y así... Una maravilla de ser humano. Su nombre era José Manuel González.

Ayer vi en las redes sociales los comentarios. Que siempre será el hijo meritísimo hijo de Izalco, que lamentaban... y empecé a temblar. Cuando mi amiga Margarita me escribió desde México... pensé: No, entonces es cierto... En una larga llamada telefónica lloramos, lloramos y lloramos. Como muchos... como tantos. Hoy este país perdió amor. Perdió muchísimo... Y todos los días pierde tanto...

Leí sobre la carta de la chica que escribió porque mataron a su amigo, padre de una nena de 7 años, y que solo salió por pupusas... Y a otros amigos los asaltaron, pero están bien... ¿Quién está bien luego de que te amenazan a punta de pistola por un miserable teléfono? Y esta espiral de violencia espantosa en la que estamos metidos desde hace tanto tiempo nos ahoga y mata. Es que vivir así no es vida.

Es que te cansas, te cansas, te cansas..., así dijo un amigo... ¡Estamos cansados! ¡Basta! ¡Por favor! ¡Basta! Tenemos tanto de estar muriendo. Morimos en la invasión española, morimos en el añil, morimos en los abusos, morimos en violaciones, morimos mientras cortamos café, en la calle, en casa, a manos de propios vecinos, a manos de militares, a manos de extranjeros, a manos de nuestra propia gente... como hoy, como hace tanto.

Estamos cansados de estarnos muriendo, de que gente que dedica la vida entera a ser mejor este país nos la quiten, que nos la maten. Estamos cansados de que sigan con su corrupción, que los fondos y el dinero del Estado no ayuden a hacer crecer este lugar, de que solo piensen en carreteras, de que las escuelas estén tiradas, cansados de que no piensen, de que sean unos imbéciles, que no tengan ni idea de por dónde comenzar...

Estamos hartos de que en toda nuestra historia solo hayamos tenido idiotas en el gobierno, gente mala y ruin... hijos de criollos que esclavizaron, y luego militares... y luego pseudodemocracias, y luego extranjeros cobardes que les daba miedo el comunismo, y luego ultraderecha, y luego oportunistas de izquierda... ¡Basta! ¡Basta! Nos morimos, nos morimos....

Estamos cansados, nosotros los estudiantes, de que se lleven a nuestra gente pensante. Qué rabia, qué dolor... y ustedes haciendo bromas... Y ustedes en sus curules, incapaces de leer cifras de más de cuatro dígitos, tartamudeando en polisílabas, ignorantes, brutos...

Qué tristes estamos... ¡Y saben qué! Vamos a seguir, porque a muchos este país no nos gusta como está. Vamos  a seguir escribiendo, aunque nos amenacen; vamos a seguir enseñando en las aulas, aunque nos quebranten; vamos  seguir diciendo buenos días, aunque nos rodee la tristeza... Todo debe cambiar... Y nosotros, los de este lado, tenemos claro el panorama: no queremos que nos quiten más seres luminosos.

Nos arrebataron a un gran hombre.

Esta tristeza es honda... esta rabia va a estallar.




domingo, 15 de noviembre de 2015

Una amenaza de muerte, Historia y otros cuentos de novela

Siempre odié Estudios Sociales. Eso de fechas, datos y nombres me parecía un suplicio. Cómo presenta la historia el actual programa educativo del MINED es una desgracia. Llenar cuadros con fechas y “relación” de hechos es lo más equivocado que pueden hacer (me he tragado todos los libros de texto con mi hermanito, y no le digan a nadie, pero llené unos cuadros con preguntas de lo más ridículas). ¿Quieren que tengamos memoria? Cuenten cuentos, chambres… comidilla.

He aprendido más de cultura china con la novela Pabellón de mujeres de Pearl S. Buck y Empresses in the palace que con datos wikipidiescos. Hay historia con personajes, conflictos y a todos nos gusta ver historias aunque sean de lo más aguadas e inverosímiles (revise taquilla de Rápido y Furioso 7). Lo mismo me pasó con Khaled Hosseini y Mil soles espléndidos. Narra la historia contemporánea de Afganistán desde la vida de tres mujeres. Fue así que entendí por fin qué era eso de las ocupaciones, cuando llegan los rusos y se van… Narrativa al fin y al cabo.

Si no fuera por los Cuentos de cipotes mucho de nuestro costumbrismo estaría echado al traste. Si no fuera por Miguel Mármol de Roque… Y otros, pero no tengo un doctorado en literatura salvadoreña, solo soy una lectora y ese es, para mí, el meollo del asunto.


Mi ejemplo de hoy es la novela Noviembre de Jorge Galán, sobre la masacre de los jesuitas (una de tantísimas).

 Este libro que reconstruye un hecho real y nos lo narra. Se presentó oficialmente el pasado 11 de noviembre en la UCA, el día de la ofensiva, y vamos a lo mismo, ese dato solo no me dice mucho, pero Gerardo nos dice su versión.


Otro ejemplo de una mirada distinta es Marcela Zamora, con su documental sobre la masacre del Mozote: Las Aradas: masacre en seis actos, y su ahora laureado El cuarto de los huesos.




Cómo contar lo que pasó debería atravesar distintos formatos. No me diga que La tumba de las Luciérnagas no es una obra de arte y dice mucho, una historia basada en hechos reales.


Veamos: A) el fracaso de por qué no recordamos es que nos centramos en datos y no en el drama. B) Necesitamos hacer nuestra narrativa, más historias de nosotros mismos. C) Hay que asumirse salvadoreño en su complejidad (recuerde: Semos malos) D) La historia y la interpretación de la vida tienen muchas miradas e intérpretes (oh, cómo te idolatro, Peirce). E) Recordamos por medio de narrativas (ahí don Mendoza le amplía en su artículo Las formas del recuerdo.)

Pero volvamos al punto. A Jorge Galán lo amenazaron de muerte a inicios de mes por contar una historia incómoda. Muchos dijeron que era mentira y que era estrategia de publicidad para vender un libro. Ahora, si el hecho de que este autor huya de su país por escribir un libro “controversial” le inspira a creer que sea artimaña comercial… pues yo lo insto: ¡Escriba pero ya! Da para un relatito cochambroso de ficción.  (Insisto, como si ser editado por Visor, Alfaguara y ahora Planeta necesitara de artificios.)

Los datos caen por su peso. En este país te matan porque no querés colaborar con la renta y en los ochenta te mataban porque llevabas pantalones y “parecías” comunista. Te mataban porque pedías la tierra que la Reforma Agraria sí te otorgó, pero que no les daba la gana dártela… y así ejemplos de horror que usted mismo puede leer en De la locura a la esperanza. Ahora, ¿por qué hemos de dudar sobre la amenaza si los que mandaron a matar a tantísima gente siguen por ahí y el Estado se ha negado a extraditar? ¿Por qué debería pronunciarse alguien cuando ha sido amenazado? Si quiere datos de por qué no lo hace, lea esta fabulosa nota: La muerte y la palabra, de Luis García Montero.

Me parece que lo de Jorge Galán con Noviembre es un auténtico ejercicio de memoria. El otro día vi una obra de teatro en la que los personajes se pasaban diciendo uno al otro: “Es que acordémonos”, “Oh, qué mal que la historia y la memoria no se quieren”. Panfletos… Decir “Recordemos, recordemos” no es hacer memoria.  

Jorge Galán, Marcela Zamora, Arturo Menéndez con su Malacrianza, Butacas Trémulas de Moby Dick Teatro y otros tantísimos como varios documentales que he visto en TVX (complete la lista, que no es una tesis doctoral) están retomando lo que somos para reconstruirnos. Algunos, más cercanos a su interpretación de los hechos reales (acuérdese de Peirce); y otros, con ficción, pero cada uno aporta para la memoria. Vítores para los valientes.

Lo de Jorge Galán y todos ellos es un acto grande para nosotros en este país que se mata desde hace días, no es de ahorita. Ellos quieren contar la historia desde el cuento, la narrativa visual, el guion… porque el dato solo y vacío no conmueve, no identifica (le aseguro que a usted tampoco le gustaba mucho estudios sociales).

Hoy, 16 de noviembre del 2015, tras 26 años del asesinato de los padres jesuitas y de Elba y Celina, hay alguien que ha huido porque otros lo quieren muerto. Ese alguien tomó su pluma y nos contó esa historia.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Cartas de desencanto del sabio niño

Escribe inflexible y claro sobre lo que duele
Ernest Hemingway


Hoy vi de nuevo sus ojos llorosos. Vi cómo gritaba. Vi cómo maldecía tu aparición. Y lo sé, sé que no sentía esa amargura que reflejaba su ceño fruncido y su naricita enrojecida por las lágrimas. Sé que sus palabras de furia eran momentáneas y sé que en su corazón la bondad y la belleza son su fuente inagotable.

Lo que no puedo olvidar fue cómo rodaban sus lágrimas y le mojaban la capa de superhéroe que una vez más le desgarraste. ¿Por qué luchar contra la fantasía? ¿Qué necesidad hay de cortarle sus alas? Tus quejidos y amargura lo envolvieron esa tarde.

¿Qué del encanto de las fantasías? Una vez más tus palabras crueles y sin explicación cayeron como una nube cargada con plomo y asfixiaron a los que ahí había. La bruma que soltaste se llevó las risas que ese día ese niño había sembrado. ¿Por qué?

¿Cuánto del desencanto se queda para siempre? ¿Cuánto de las palabras sombrías y las reglas sin razón se afincan en nuestras almas y nos roban la alegría? ¿Es posible que los otros tejan otros mundos que no toleras? ¿Por qué gritar? Eso hiciste aquella tarde en la que enviaste a aquel ejército a que nos callara los cuentos, a que nos mutilara las fantasías, a que nos volviera uno más de los que ya existen… Sé que eres otro, pero hace tanto que no lo veo. ¿Dónde está ese niño que fuiste?

Recuerdo su ceño fruncido y sus palabras amargas. Se parecían a las tuyas. (Y tú no eras así, yo recuerdo otros mundos que juntos creamos. ¿Se han desvanecido ya?) Sin embargo, el pozo infinito en el que reposa su alma no se llenará jamás de tus reproches, ni de tus reglas ni de tus recetas de vida. He visto su alma y ya ha empezado su camino. He visto cómo teje libertad y pensamiento. He visto cómo se ha asumido y es asombroso mirar cómo sus fantasías y sueños lo elevan hasta lo más alto de la felicidad.

Sobre su capa de superhéroe se resbalan las lágrimas que hiciste brotar hoy. Se resbalan y caen, pero no siembran rencor. No. Su infinito pozo de bondad se llena de juegos y fantasías que tejemos a escondidas y pronto, muy pronto, expandirá sus alas y no podrás detener lo que ese niño inquieto es. No podrás arrinconarlo y aleccionarlo porque él es bueno. Y es bueno de las maneras en las que no puedes dimensionar… o no quieres.

Y me sorprende saber que has visto la luz, que con el hombre bueno que nos dio la vida tuviste el cielo en tus manos y no lo emulas. No lo imitas y es una lástima que tu corazón haya construido cárceles. Es una lástima que los moldes de lo que dices que es bueno solo tengan medidas absurdas. Es terrible vivir en este estado de complacencia imposible de otorgar. Es triste sentirse paria.

Pero no lo es. Las palabras son semillas que crecen en este pozo infinito que la vida ha otorgado para los que las preguntas y la duda son el norte. Y el niño, ese, el de las lágrimas, ha dudado… y su duda lo llevará a los confines del entendimiento. Lo ha transportado ya a otro sitio al que te has negado ir. ¡Oh, cuánta ceguera se desprende de tus palabras! ¡Cuán ruin fuiste!

Pero me retiro de la plaza de los reclamos. Ciego es ese camino. Yo también te he querido y desde la distancia disfruto los aciertos en tu camino y me aparto como quien sabe apartarse del dolor. ¿Hará él lo mismo? ¿Llegará el día en el que elija tomar otro sendero para no dejarte un saludo? Lo dudo, no lo hará porque su infinito amor te envuelve… y lo sabes… ¿Y aún así cercenas sus fantasías? ¿Acaso en tu mundo no caben otras respuestas? ¿Por qué niegas las razones, por qué me esquivas la mirada? ¿Por qué me tratas como se le trata a los indeseables?

¿Soy yo tu rencor vivo? No podré vivir jamás en el mundo de las aprobaciones vacías. No he hecho nada malo y no he sido una mala persona. Es tan solo esta manera mía de cuestionar… y él también lo hace. Y eso, lo llevará más lejos que cualquier molde etéreo e inconstante.

El niño de las lágrimas tiene un corazón fuerte, es un corazón de león, de lobo, de fiera. Es un corazón fuerte que sobrevive y anhela. Las lágrimas caerán de nuevo y crecerá sin nosotros porque solo somos un eslabón de esa vida inmensa que ya abraza.

Veo con ansias en momento en el que su mano abandone la mía y no porque no me ame, sino porque su voluntad es tan fuerte y despierta que mis anclas, mis miedos y mi estupidez no podrán retenerlo. Veré cómo sus alas se extienden… Veo que ya lo hacen… ¿quieres ver cómo vuela la fantasía? Mira sus ojos y déjalo ir. Cállate. Deja de gritar. Solo déjalo ir.


Entonces ese sabio anciano que en realidad era un niño que se parecía a sí mismo dejó de mirar el agua, ahí donde había un reflejo de ese adulto en el que temía convertirse. 


domingo, 9 de agosto de 2015

La preocupación de Francisco

Última hora: Papa Francisco preocupado por situación en El Salvador.

San Salvador. 9 de agosto. Dicen que el papa tiene la mano en el mentón en señal de que algo hay que hacer con este pedazo de tierra. Dicen que autoridades de dicho país no entienden los motivos. Y otros dicen que qué exagerado.
Ante la parálisis, extendemos nuestro editorial.

EDITORIAL

Preocupate, Francisco, que si no sos vos, somos nosotros pero los otros... ni sus luces. Preocupate, que quizá así alguien vuelva la cabeza y diga Huy, mirá cuánto niño mugroso. Quizá si un candil ajeno ilumina las cosas y este sitio deje de ser cementerio. Preocupate, que eso es mucho para un montón de gente que se da de golpes y de hacer algo nanay nanay.

Preguntales, Francisco qué tiene de malo que una nena de 11 años no quiera tener un niño. Que no quiera criarlo. Preguntales, también, que qué puede hacer un chico de 15 años con un bachillerato de mierda que lo saca al mundo laboral sin saber mucho. Que quizá solo pueda abrir puertas en un almacén de gente que usa Mercedes Benz o por qué los patrones de su mamá solo la dejaban salir cada quince días. Y preguntales, que por qué ellos no se preocupan de que paguen bien poquito.

Preocupate mucho, Francisco, para que por fin a las viejas que escriben en el periódico se les retuerzan las tripas y te manden muy al carajo por pensar en los desposeídos. Preocupate para que así el jefe que viola a la chica y el jefe del jefe o el jefe del Ministerio de Trabajo o el procurador diga que no era cierto que era puta. Quizá así le crean.

Francisco, preocupate mucho. Ahí frente a mi casa acaban de matar a un muchacho taxista, y a los de la tienda de al lado, que también son taxistas, ya una vez les robaron un auto. Pedí también por la señora de allá abajo, la mataron porque le dijo a la policía que quiénes eran los que andaban haciendo daño.

Preocupate, que aquí hay mucho qué hacer y a nosotros se nos acaban las ideas de cómo esto puede agarrar rumbo. Pedí que de nuestros corazones desaparezca esta furia que tenemos porque ya lo único que se nos ocurre es también darle de plomazos a estos que creemos bestias. ¡Matalo! ¡Matalo!, así dicen esas voces.

Francisco, de verdad, aquí entre nos, decile al Colocho que la cosa anda muy mal, que quizá ya hay contras por ahí y yo lo único que quiero es escribir y darle de comer a mi gato. Yo lo único que quiero es poder salir tranquila e ir a ver a mi vieja con su retoño e irnos a pasear al cine cuando el presupuesto aguante. Francisco, decile al Colocho que nos estamos volviendo medio locos porque también soñamos con pistolas y eso... eso está muy feo.

A mí se me retuerce algo por dentro y quiero pensar que también es preocupación, quiero pensar que esa preocupación va a transformarse en actividades y estas en acciones porque yo lo que elegí fue ser profesora, o sea, hacer país, pues. Enseñarle cosas a la gente porque yo así encontré lo mío y mi vida ha tenido sentido desde que soy quien soy por lo que ejerzo.

Francisco, decile al Colocho que mande una bocanada de tranquilidad y de inteligencia para estos gobernantes. Es que han sido muy brutos, estos y los de antes. Y los de antes más porque hicieron algo así, como cuando uno hace esos experimentos de biología, como un ecosistema de plantas devoradoras, pero no se comen los insectos, no no no, se comen entre ellas mismas.

Por último, Francisco, (y esto como nota personal de la editorialista) decile a mi viejo que andamos bien, no vayás a dejar que se preocupe. Decile que como podemos vamos saliendo.

Que todas las oraciones del Angelus cubran con su manto este y todos los sitios donde se nos muere el alma.