viernes, 29 de julio de 2011

El esfuerzo (según ellos)

La chica volvió con las manos vacías. Con su cabello lacio, negro y peinado a raya lateral ladeó la cabeza y me dijo que no había hallado nada en la biblioteca. La miré con no sé qué incredulidad y osadía (porque ella era infinitamente más alta que yo) y le dije que era ¡Imposible! que volviera sin algo. Vaya, yo sé que no es la biblioteca del Congreso, ni de España, Inglaterra... ¡Pero algo hay! 
Es que no hallé nada, me volvió a decir entre jadeos de cansancio por haber atravesado un campo terroso bajo el sol mañanero y, de ribete, tropical.
Es que no puede entrar sin libros, le repetí. Entonces, ella, vencida, dijo que volvería. Que si cambiaba de tema (para escribir). Pues claro, le contesté. Sea práctica. Arrastró lo que quedaba de ella, bajó dos pisos, atravesó el parqueo, las gradas, otro pasillo... 


Sí, escribir también es cansado y eso lo comprobó la chica porque volvió con tres enormes libros que seguramente pesaban... no sé, como tres ladrillos de barro rojo, o dos ladrillos saltex, o viga pequeña de madera maciza... o un banco de dibujo... 


Porque según ellos (y otros más innombrables a los que voy a ver de vez en cuando) todo sale de la cabeza. Claro, según ellos, la inspiración está ahí aletargada... porque según ellos, hay un soplo (mundano) que nos dicta las palabrerías torpes que a veces nos salen de... de cualquier otro sitio que no es el alma porque ahí quién sabe qué hay. Aunque dicen las señoras que rezan en mi cuadra que del alma salen solo cosas buenas. Quién sabe, hasta ahora no he visto nada maravilloso que solo haya sido escrito por el alma (entiéndase sin entrenamiento).


La desestimación del esfuerzo en la generación de tareas tan básicas como escribir una opinión (de cualquier tontería que uno pregunte) sí que puede catalogarse como pandemia. Plaga, sí, eso. ¡La octava plaga mundial! No, ya sé. Es un defecto expandido que se hereda por aprendizaje. Porque a holgazanear también se aprende. Si no, miren cuánta gente sufre una metamorfosis cuando entra al gobierno: a. G.*: trabajaba y se quedaba hasta después del timbre para entregar todo; d. G: entra tarde y en una semana hace lo que podría hacer en un día. 


Si hay algo imperante en esta sociedad es la estimación desmedida al talento no cultivado. Aquí se tiene la idea errónea que lo producido con mayor esfuerzo no es auténtico. ¡Pero vamos! 


Ah, claro, ahora entendemos por qué todo está como está.


Esperar a que las palabras salgan solitas (inspirarse), no leer ni papa, no buscar más allá de Wikipedia, no hacer los ejercicios, ofenderse porque se les pregunta directamente, decirles que lo que dicen no dice nada, que lo que escriben no dice nada...
 ¡Se traumatizan! ¡No se valora su esfuerzo. (Y yo me digo: ¿cuál?) ¡Ay, es un atentado a la autoestima!
¿Y mi autoestima? ¿Quién me defiende de tantos textos horrorosos? ¡Nadie! Por qué felicitar esas participaciones vagas y sin sentido. Por qué... qué se yo. Me abruman mis quejas.


Por eso hoy devolví a todos los chicos de la clase a la biblioteca. No dejé pasar a nadie sin sus libros. (Y algunos sinvergüenza jamás habían ido a una biblioteca.) Porque si hay algo que me es insoportable es ver a un chico que no se esfuerza. 


Se me ocurría, en un mundo idílico, que si yo tuviera algún amigo en el Ministerio de Ingeniería Genética le diría que propusiera una ley y acto seguido su aplicación. El presidente, como es mi sueño, sería más o menos listo, entonces diría que sí, porque así garantizaría lo único vendible en este sitio (la gente). He ahí el resumen:


Delito: no esforzarse
Pena: asignación de nueva tarea biológica


Y el presidente diría algo así:  
Señores ingenieros genéticos: Instalen a todo neonato un dispositivo que, cuando ese humano ya formado deje de aprender, empiece a negarse y sus ideas se fosilicen, haga implosión para que quede solo polvo apropiado para usos agrícolas.
Luego de eso, porque el discurso también será transmitido en directo, todo el mundo... ¿aplaudiría? ¿O ellos mismos se tirarían de la Puerta del Diablo?


En fin, he ahí mis sueños de escritorio. (Después dicen que algunos tenemos ideas violentas. Cortesías, créanme, cortesías.) Por cierto, las musas no existen.


PD: (Y si usted tiene una... Bueh, tráigamela para platicar con ella y preguntarle que dónde se emborracha tanto porque no se nota que trabaje.)


*a. G.-d. G: antes y después del Gobierno.

jueves, 21 de julio de 2011

Delirios y confesiones (ajá, más)

Yo sé que el título del blog es medio pretencioso. Sí, ya sé que la gente lo mira y dice: "Bueno, y esta de dónde sacó esto... o ¿de cuál fuma?" El nombre no me lo saqué de la manga, eso lo vi en una clase que se llamaba Semiótica de la Cultura. Esa materia era algo así como la antesala al nirvana. Entender sobre lo que se supone que uno entendía y los significados y blablablá. Una maravilla total.

A mí, honestamente, lo que más me gustaba de esa clase era la sensación de autodescubrimiento permanente. En particular una teoría que fue para mí abrumante y sí, excitante. Porque una también se puede excitar con teorías, no crean que somos tan mundanas que solo nos alimentamos de cuerpos... en movimiento. En fin, lo de la semiosis infinita de Charles Pierce se resume en la leyendita del blog: hay interpretaciones como intérpretes tiene el mundo. Lo que pretendía, o pretendo, depende de mi ánimo, es juntar las distracciones que tengo sobre el mundo, lo que me molesta, lo que odio, lo que me aburre y a veces sobre lo que me gusta. Así nació este blog.

Mentira. Nació porque yo tenía un blog que se llamaba El gato y la ventana, o algo así. Antes tuve uno que se llamó El paseo del gato. Una lástima total cerrarlo porque, ahora que lo veo en retrospectiva, tenía un nombre bien bonito. Con esos blogs, la gente en los pasillos empezó a decirme que si yo era gato que qué miraba en la ventana y babosadas así. Bromas insípidas, pero los dejé estar. Total, qué puede hacer uno con la gente. El perfil de esos sitios era de confesiones personales, anecdotario y así; a mí particularmente me aburría. ¿Qué vida puede ser tan interesante que uno la retransmita en un blog? ¿Qué más competencia que TVy Novelas? Así que como me aburrí, abrí este que se supone que me gusta más porque digo algo sobre lo que pienso.

No está en mi naturaleza aburrirme, me da pánico esa sensación de no tener nada qué hacer. Ya hablamos un día del ocio. Entonces, vi mi pobre blog ahí tirado, sin alimentarlo y me dije: Bueh, esto está para decir las tonterías que me gusta decir, así que... ¡aquí estoy!

La semiosis infinita es, sin nada de humildad, una ventana a distracciones mundanas. Sí, es medio esnob el título, pero qué más da. De todos modos ahí anda un montón de gente deciendo tontera y media, qué pierde o gana el mundo si no digo nada. No sé si gana, pero al menos yo, tengo un sitio dónde distraerme.
Hedonismo nada más.