jueves, 21 de julio de 2011

Delirios y confesiones (ajá, más)

Yo sé que el título del blog es medio pretencioso. Sí, ya sé que la gente lo mira y dice: "Bueno, y esta de dónde sacó esto... o ¿de cuál fuma?" El nombre no me lo saqué de la manga, eso lo vi en una clase que se llamaba Semiótica de la Cultura. Esa materia era algo así como la antesala al nirvana. Entender sobre lo que se supone que uno entendía y los significados y blablablá. Una maravilla total.

A mí, honestamente, lo que más me gustaba de esa clase era la sensación de autodescubrimiento permanente. En particular una teoría que fue para mí abrumante y sí, excitante. Porque una también se puede excitar con teorías, no crean que somos tan mundanas que solo nos alimentamos de cuerpos... en movimiento. En fin, lo de la semiosis infinita de Charles Pierce se resume en la leyendita del blog: hay interpretaciones como intérpretes tiene el mundo. Lo que pretendía, o pretendo, depende de mi ánimo, es juntar las distracciones que tengo sobre el mundo, lo que me molesta, lo que odio, lo que me aburre y a veces sobre lo que me gusta. Así nació este blog.

Mentira. Nació porque yo tenía un blog que se llamaba El gato y la ventana, o algo así. Antes tuve uno que se llamó El paseo del gato. Una lástima total cerrarlo porque, ahora que lo veo en retrospectiva, tenía un nombre bien bonito. Con esos blogs, la gente en los pasillos empezó a decirme que si yo era gato que qué miraba en la ventana y babosadas así. Bromas insípidas, pero los dejé estar. Total, qué puede hacer uno con la gente. El perfil de esos sitios era de confesiones personales, anecdotario y así; a mí particularmente me aburría. ¿Qué vida puede ser tan interesante que uno la retransmita en un blog? ¿Qué más competencia que TVy Novelas? Así que como me aburrí, abrí este que se supone que me gusta más porque digo algo sobre lo que pienso.

No está en mi naturaleza aburrirme, me da pánico esa sensación de no tener nada qué hacer. Ya hablamos un día del ocio. Entonces, vi mi pobre blog ahí tirado, sin alimentarlo y me dije: Bueh, esto está para decir las tonterías que me gusta decir, así que... ¡aquí estoy!

La semiosis infinita es, sin nada de humildad, una ventana a distracciones mundanas. Sí, es medio esnob el título, pero qué más da. De todos modos ahí anda un montón de gente deciendo tontera y media, qué pierde o gana el mundo si no digo nada. No sé si gana, pero al menos yo, tengo un sitio dónde distraerme.
Hedonismo nada más.

2 comentarios:

Virginia dijo...

Te comprendo a plenitud, especialmente esa "sensación de autodescubrimiento" a la que aludís. Justo me pasó este ciclo pasado, con otra materia que habría de cambiarme la vida. Cuando nos veamos te lo contaré.

noeinberlin dijo...

Qué alegría tus letras Lorena porque yo tuve la misma sensación con los formalistas rusos y con "La semiótica de la cultura" de Lotman. Olé por el título.