miércoles, 1 de enero de 2014

Nuevo año: un saludo necesariamente pesimista

No voy a decir nada inspirador sobre el año nuevo. No voy a desearles un feliz 2014. No voy a bajar santos ni profetas para que me den un buen augurio. No pensaré en Nostradamus. No les diré que les deseo buenos deseos. Tampoco haré una lista lacrimógena sobre las cosas lindas del 2013.

Lo que voy a decirles es que empieza un nuevo ciclo y van a perdonarme la rudeza, pero el fracaso o el éxito no siempre tiene que ver con el contexto. Si yo les deseo feliz 2014 los imposibilito a ustedes de ejercer sus decisiones felices o infelices en ese lapso. Si yo le pido a alguna deidad que no haga difícil ni a ustedes ni a mí este año pues simplemente nos anulo. Y ya saben ustedes qué es el libre albedrío. Hijo, amigo, tío, compañera, colega, crea en lo que usted quiera, pero que no nos sirva de pretexto para la irresponsabilidad.

Yo lo que realmente les deseo para este año es que tengan paciencia. Si van a trabajar, trabajen. Si van a escribir, escriban y corrijan, pidan que del infinito les caiga un buen editor y les diga sus verdades. Que el demonio del orgullo que llevamos dentro no sea tan hijo de puta y nos deje respirar cuando nos digan que el trabajo está flojo. Que la soberbia no nos deje ciegos. Que la pereza no nos deje terminar un buen texto.

Con la gente... ese es otro cuento. Que la paciencia crezca en nosotros como hongo en lluvia e invada todo lo que somos para que los prepotentes, mala gente e imbéciles con los que nos topamos a diario no nos dejen sus residuos. Que no seamos nosotros, por la piedad de la biblioteca de Borges, los mala gente, prepotentes e imbéciles. Y si lo fuimos, poder reivindicarnos a tiempo.

Yo pido sobre todo cultivar las fuerzas necesarias para sortear chambres*de pasillos y comentarios estúpidos. Que la inteligencia emocional nos permita ser gente con los mala gente (yo lo único que quiero es poder escribir feliz mientras ignoro al mundo con unos audífonos Sony que me compraré ya en un ratito).

No, el año nuevo no cambia a la gente. Es uno el que en estas vacaciones tiene que agarrar fuerzas para que la hijueputez ajena y propia no llegue tan lejos. Para que uno no sea esa persona canalla. Para ser honesto cuando se pueda y ducho* cuando haya que serlo.

Los deseos son pensamientos de un quizá. Que esas posibilidades (esos terminados en ía) se conviertan mejor en verbos activos y gerundios formidables.

Vamos de nuevo: al toro, por los cuernos.



*Chambre: habladurías
Ducho: diestro, bueno en algo.

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