Traigo a cuenta un estudio de Berguer y Luckman que habla sobre la construcción social de la realidad (si hay algún letrado por ahí, dispense, esto es una caricatura), específicamente sobre el encuentro cara a cara. Procuraré explayarme. Si hay algo apasionante es ese folleto es la idea de ir construyendo la vida a pedazos. A puras deducciones, a puro ensayo y error, como todo. Uno se construye a sí mismo a partir de la ropa que uno se pone, de las palabras que dice, lo que no dice, desde los libros que no lee y los programas de televisión que sí se ven. Así, por ejemplo: me levanto con la loca idea de que hoy, 17 de diciembre, tengo ganas de ser (o verme al menos) como una puta. Entonces tengo que darle verosimilitud a mi escogitación e iré a buscar medias de red y una minifalda. Hecho. (Y hablar como puta, claro.) Cualquiera (algunos) que me vea en la calle dirá que sí, que mi experimento tuvo éxito. Puras falsedades porque es la fachada de lo que hoy, 17 de diciembre, quise ser. Ot...