Hacía un par de semanas que había terminado un proyecto donde fui a sustituir a otra persona. Como verán, hallé el sitio con una dinámica ya iniciada. Conquistar a los colonos de esa clase no fue fácil, pero al final todo fue mejorando de a poco. Así que cuando me dijeron que si podía ir a otro sitio a impartir un curso básico de medios de comunicación, al otro lado del país, pues dije que sí. La ventaja que teníamos en aquel entonces era que nos llevaba el transporte de una entidad nacional, así que todo bien. Nos presentábamos en las oficinas a cierta hora de la madrugada y ya nos íbamos. Pero justo el día que iniciaba el proyecto una pereza descomunal y la tacañería se apoderaron de mí. Fue así como decidí llamar al motorista para preguntarle que si podía recogerme a medio camino. Me preocupé de preguntarle a don Carlos, porque así se llamaba el conductor, que en qué sitio podía parar y a qué hora. Hizo cálculos y me dijo que a las seis y quince de la mañana estuviera lista....
Hay multitud de interpretaciones como intérpretes tiene el mundo. El gran intérprete no existe. Ahí van mis distracciones.