miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ayer

Toda acción ejecutada antes de escribir este "antes" la llamaré ayer, la llamaré pasado, la llamaré vida ida. Cada instante nos alejamos más del naciemiento e inevitablemente nos dirigimos hacia la muerte. ¡Alegraos!, porque lo que yace entre los dos extremos se llama vida.

Retomo como quien tiene un manojo de flores marchitas las imágenes de todos los ayeres que me gusta recordar pero que no quiero revivir. Cada una me hizo esto que soy. Los gozos con ajenos, las risas con aquellas y los sinsabores de los desplantes, desamores, amarguras y abandonos están en esa palabra: ayer.

Ayer, que estuve enamorada del error, ya fue. Ayer, que creía no superar estos ires y venires, ya se ha ido; y me trajo la sensibilidad de poder reconstruirme las veces que sea necesario.

A mis oídos llegó ese Todos tenemos un pasado, y me regocijo. He hecho las obsenidades y caridades que he querido. He procurado experimentar todos los estados emocionales que me han sido permitidos: odio, amor, humillación, tristeza, angustia, alegría... los he despilfarrado todos.

Por eso, de ayer no me arrepiento, por eso, todos mis ayeres los miro con la carga significativa que ameritan.

Por eso, la plenitud está instalada en mí en este preciso instante en el que este pasado, el presente y el no futuro están en esta página.

Amores idos, adiós. Amistades eternas, adiós. Debilidades, adiós.
Hoy es un buen día.

¡Salud!

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