martes, 27 de agosto de 2013

Odio las clases aburridas

El otro día hablábamos con mi colega (el que me prepara de maravilla los mojitos con fresas) de una nota que resumía una evaluación del quehacer docente. La nota decía que equis por ciento de docentes no usaba cartas didácticas, pero sí usaba planificador, que por qué no se usan múltiples recursos como Power Point o etc. Quizá la más graciosa de todas las observaciones era la satanización de la idea que todos en la rueda seguíamos sosteniendo: "No todas las clases y materias pueden hacerse con una inflexible carta didáctica o el bombardeo inútil de diapositivas".

En mi ya mediana vida he dado clases por unos diez años. Y no quiero que eso sirva para que usted crea que voy a jactarme de que me las sé todas. No, no, no. Solo quiero echar mano de esa experiencia para puntualizar un par de cosas.

1) Todos aprendemos de manera diferente y yo siempre fui una chica problemática: Las observaciones más recurrentes en mi libreta de notas de 5.º grado fueron que hablaba mucho en clase. Ese mismo año me tocó transcribir Mujercitas porque a la profesora no le importaba que yo ya hubiera leído el libro, ella quería que hiciera los estúpidos resúmenes. ¿A la señora se le ocurrió que yo iba a ser comunicóloga, que mi vida profesional iba a ser leer sin parar sin hacer resúmenes? No, jamás.

2) No muchos usan bien las diapositivas y el pizarrón nunca pasará de moda: Qué da más pereza, ¿una docente que lee diapositivas plagadas de texto o ver crecer la grama? Empate. Las diapositivas no son un indicador de calidad, es una herramienta delicadísima. Y si a usted le encantan las secuencias animadas, con efectos, sin imágenes de referente y va a cortar y pegar interminables textos... deje de usarlas. Por otro lado, qué más maravilloso que un pizarrón en el que en vivo y en directo uno ve las conexiones mentales del profesor. El catedrático que me dio Historia I hacía unos fabulosos platos de espaguetti en la pizarra. Ver la increíble interrelación de sucesos y cómo él los hacía conectarse... ¡No tiene precio! Además, en esta tierra de Nunca Jamás, como diría Guillermoprieto, ¿y si se va la luz, y si se roban el cañón y si me roban la pc en el bus? El plumón de pizarra y la tiza, esas herramientas gloriosas.

3) Cartas didácticas, guiones, planificadores o notas en servilletas con una to do list: Hay días gloriosos en los que hacemos cuadros en Excel con las notas, listas, evaluaciones, ejercicios, y hasta les ponemos la hora y cuánto durará el ejercicio. A veces anotamos en una libreta un par de ejercicios, a veces vaciamos nuestros archivos con textos viejos para salvar la clase, a veces improvisamos. Y yo he hecho todo eso. A veces me ha ido bien, otras mal, otras ha sido apoteósica la capacidad con la que resolví una clase y dejé de lado la planificación e hice otra actividad porque la clase se estaba muriendo. A lo que voy es que no todo está escrito en piedra, entiéndase carta didáctica. Además, en casi todos lados pagan tan mal que: o una hace la carta didáctica o da la clase. Por cierto, casi nunca pagan el tiempo que uno se toma en calificar, entonces yo prefiero un pequeño guion que me dé el norte... y sentir el ritmo de la clase, porque uno está con gente viva, no con autómatas.

4)  Cómo odio esas clases aburridas: hablábamos con mi suegro que una cosa es hacer una clase dinámica y otra entretenida. No son lo mismo. Como todos los años, los chicos dijeron que querían una clase dinámica, entonces yo les paré el carro. Les dije que yo no iba a tirar pelotas, pero que sí íbamos a trabajar mucho. Hoy, por ejemplo, hicimos lista de temas, mapas conceptuales, selección de ideas y finalmente íbamos a redactar un texto. Sí, ya sé que suena torturador pero lo reto: usted se va a aburrir si va a escribir sobre los dos ítems que trabajamos en clase: A) Sobre todo odio... B) Si yo muriera en una semana...

¡Nadie se aburrió! Aunque estaban todos sentados (al rato se fueron al pasillo y el jardín) el cerebro de ellos hervía, estaban enviciados con las posibilidades. Unos viajarían, otros se tirarían de puentes, otros comerían lagarto frito en París, otras pagarían porque una superestrella se casara con ellas y les escribiera una canción... ¿Acaso no hay vitalidad en un cerebro que piensa?

4) Leer en voz alta y trabajos en grupo: Leer en voz alta da aplomo, enseña sobre postura, sobre cómo dar fuerza a las palabras, cómo presentarse ante la audiencia, moldea actitudes... da fortaleza. Yo siempre lo haré porque cuando los muchachos leen en voz alta buenas estructuras sintácticas eso les ayuda a organizar sus pensamientos... ¡Y que nadie me chingue con que solo es para poetas! Es de profesionales hablar bien, pensar bien, dar bien las indicaciones. Por eso luego la gente se pelea en los grupos, porque nadie saber organizar pensamiento y nadie sabe qué diablos hay que hacer. Ah, sí, en los trabajos en grupo los invito a preguntarse: ¿están dispuestos a aguantarse durante todo el ciclo? Si hay conflictos, pedimos reporte de tareas, si alguien no hizo algo, se deja sin nota. O todos en la cama o todos en el suelo, así me decía mi papá. (Shhh, a mí una vez en 7.º grado me dejaron fuera de un trabajo porque me puse de diva, tuve 0. Desde entonces aprendí la lección: nadie va a regalarme nada.)

No. Yo no voy a doblegarme porque me dicen que el dinamismo está en hacer show. Lo que hay que sopesar es: ¿cómo responden los chicos a las dinámicas, en verdad están pensando y creando? El aprendizaje es de dos, tres, comunitario... no solo de los payasos y performers que cada día dejamos de lado nuestros complejos para dar un poquito de lo que nos tomó años dominar. Nos gusta, amamos esta profesión. Pero hay demasiados factores en este rollo, desde el tamal que se desayunó el muchacho hasta el tono con el que una habla... No, no es tan sencillo. Aprender y educar no se resume en un impecable cuaderno de planificación y presentaciones Prezi. Es tantito más complejo, pero ahí vamos.


PD: Por cierto, ¿ya sabe usar Edmodo? Entre, es otro nivel, organiza los grupos como Facebook, una puede dejar videos, pdf, fotos y una cantidad increíble de cosas... pruebe y entre a la comunidad que más le guste...  Va a ver que le cambiará la vida.
PD2 Este... sí, todos tuvimos malos maestros, porque esta no es una carta de redención para todos... en la canasta también hay manzanas podridas.

2 comentarios:

Ivette Chacón dijo...

Qué divertida reflexión! (Sufro, no tengo signo inicial, tú disculparás). Es la primera vez que te leo aquí, por escrito también sos antojable...

Isa dijo...

Lore! Me ha encantado tu post. Como no acordarse de Ribera y sus clases!! Y si, todos hemos tenido malos maestros, pero esa profesion es tan sagrada que hasta de los malos aprende uno, ya no digamos de los buenos, de los excelentes, pero sobre todo de los apasionados.

PD: No tengo las tildes en esta compu, asi que las dispensas del caso :-(