Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2013

Irse y volver

Empecé a irme cuando un día le dije a mi papá que quería estudiar noséqué y que iba a ser en el extranjero. No me fui. Él respiró con alivio. Me fui varias veces a visitar gente a otros sitios porque tenía una necesidad de estar allá, lejos. Me fui a Armenia, me fui a Cojutepeque, me fui Santa Ana, me fui a Chalatenango, me fui a Honduras, Guatemala... Perú. Siempre quería estar allá, haciendo todo lo que acá no se podía hacer. El visitante y el balcón.  Me fui también cuando entré a estudiar en esa universidad en la que hace más de veinte años los militares mataron a sus mentores, sus guías, sus sacerdotes. Y me fui bien lejos porque empecé a hallarme a mí misma, porque entendí, digo yo, muchas cosas. Había gente como yo, había una vida que jamás (ni ahora) quise que se acabara. Cuando me fui esa vez había muchos conmigo. Y siguen ahí porque irse para ellos también era necesario. Teníamos que crecer, dijeron nuestros maestros. Nosotros les creímos. Años más tarde cada qui...

¡Tiren de la cortina! ¡Viene la fantasía!

Entra la luz matinal a través de las ventanas de casa. Un niño de cabello negro me pregunta qué cuántos años tengo. Recuerdo que le dije que 4. Ese mismo niño y yo estamos en la habitación de mamá y papá y en la ventana entra de nuevo ese sol que tira pelotitas diminutas. Los dos pensábamos que eran animalitos, que era el sol que nos caía encima de a poco. Es polvo, dijo mi abuela. ¡Pero qué lindo es el polvo, mama Cata! ¡Cómo se arremolina! Mire, mire... y se alborotaba todo en ese diminuto rayo que caía en el colchón. Es que mi cuarto es muy oscuro, le dije un día a mamá. Entonces se me ocurrió que si ponía un espejo allá donde caía en la tarde entonces rebotaría para mi cuarto y lo llenaría de claridad. Porque nunca podía hallar los calcetines. El niño de pelo negro es mi hermano y ahora está lejos. Con él nos subíamos al techo, a mirar el volcán, porque desde ahí podíamos verlo todo, completito. Cuando llegaba la zafra y caía el tile decíamos que eran fantasmas negros y luchába...