jueves, 4 de septiembre de 2014

Corbatas


Para mis hermanos






Mi papá olía a colonia de mar. Olía a betún de zapatos y a papeles de oficina. Mi papá olía a risas de pasillos, a carcajadas en la cocineta (y los regaños del teléfono él los volvía espuma).

Mi papá olía a guitarrones antiguos. Mi papá olía a números. A canción compuesta en una máquina comía papel de rollito.

Mi papá olía a sumas, restas y balances positivos.

Mi tata olía a historias ajenas, olía a lágrimas y alegría. Olía a compañerismo y buena conversa.

Él olía a talco, olía a grasa de bicicleta, olía a mentol de deportistas, olía a camisa planchada, olía a libros viajeros que hacían amigos. Olía a grito de gol desbocado.

El muchacho que fue mi padre olía a rosas amarillas, a bambú y devoción por la amada.

Nuestro padre olía a preocupación contenida, a libertad constructora...

En mi memoria sigue estando la barra toallera llenísima de corbatas. Azules, rayadas, de puntos, sólidas, con textura, de muñequitos... Esas corbatas que escogíamos juntos cada mañana.

Las corbatas de mi viejo olían a él.

-Sí, papá, la de rayas se le ve bonita.





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