Querido Pez: Desde la última vez que platicamos me ha quedado revoloteando la cabeza. Eso de la sabiduría es cosa grande. Sabés, pienso en tu madre, en lo fenomenal que ha sido, en lo inmortal que es. También pienso en mi viejo, vos sabés, de ahí para acá todo se ha puesto un poco escabroso, sin embargo, también es emocionante. Quizá ambos pensemos que no estamos haciendo mucho, talvez quisiéramos ver grandes nuestros nombres, quizá quisiéramos hojas de vida formidables e impresionarnos nosotros mismos de lo fantástico que nos ha ido. Sepamos, querido Pez, que somos ambiciosos, eso que ni qué. El otro día iba para la biblioteca cuando me encontré a Don Paco, me dijo con su cara sonriente que esa mañana había pensado en mí, pero que en vez de camisa amarilla llevaba una verde... Yo no sé, quizá lo invoqué o algo así. Y ese día sí necesitaba un Norte, y se apareció. El caso es que platicamos y platicamos, en realidad él habló y yo solo asentí nerviosa. Dijo que siguiera(mos) trabajando, ...