Un comentario sobre semiología y espacios urbanos De las palabras de Roland Barthes me fío para decir una vez más que la ciudad es un texto. Un texto que como ciudadanos leemos a diario, vivimos de él y con él. La ciudad es un poema que, según este autor, puede hacernos cantar. ¿Pero cómo se lee ese texto? ¿Qué nos dice? Para leerlo con propiedad hace falta no solo ser arquitecto, sino biógrafo, historiador, urbanista, semiólogo y muchas cosas más, como bien diría Barthes. Porque la semiología, esa ciencia que estudia los signos, también se ocupa de desentrañar qué significa para los ciudadanos ese espacio del que se apropian. Es innegable esa experiencia diaria que tenemos de vivir la ciudad . ¿Pero qué hace que ese sitio en el que estamos sea esa amalgama de signos que nos hablan, gritan y susurran? ¿Qué nos hacen sentir? Partimos de un entorno en el que se agolpan imágenes, objetos, seres, edificios, calles y todo es susceptible a lectura. Así, por ejemplo, un hombre e...
Hay multitud de interpretaciones como intérpretes tiene el mundo. El gran intérprete no existe. Ahí van mis distracciones.