Frente a esta máquina no me queda más que reflexionar en lo que acabo de hacer. Viajo en bus y mi país no es precisamente un lugar que se aprecie por el transporte colectivo. Así que cuando la ida y la vuelta a casa se hace en ese lugar móvil en el que se suben extraños a cada rato, pues la premisa es que puede pasar cualquier cosa. En el bus y en la calle. Me referiré en este caso específico a esos seres que por instalarse en equis sitio en la calle ya son parte del paisaje. Y claro, uno también es blanco de reconocimientos. Hay un vendedor de chicles que está al pie de la pasarela de la parada de buses frente a mi trabajo. Ergo, lo veo a diario, me ve a diario y sabe a qué hora y de qué bus me bajo. Él está ahí, me imagino, aburridísimo de estar en el mismo sitio todo el tiempo, dependiendo de que si a uno se le antoja un chicle o un dulce. Pasaba que, ahora creo que eso cambiará, cada vez que iba de camino me decía "cosas". Saludos y tonterías que ya iban llegando a ci...
Hay multitud de interpretaciones como intérpretes tiene el mundo. El gran intérprete no existe. Ahí van mis distracciones.