martes, 26 de octubre de 2010

Hábitat

Sredni Vashtar
Soy inadaptada.

Dice la Rae: inadaptado, da1. adj. Que no se adapta o aviene a ciertas condiciones o circunstancias. 
Condición contraria, adaptar: 1: Acomodar, ajustar algo a otra cosa. 2 Hacer que un objeto o mecanismo desempeñe funciones distintas de aquellas para las que fue construido.
Me quedo con la acepción dos: hacer que Fulanita desempeñe funciones distintas para las que fue construida. 

Por eso digo que soy inadaptada. 

Mi viejo me contaba la historia de que uno viene aquí a este mundo a cumplir con una misión secreta o no secreta, pero sí una misión. O sea que no podés pasar por esta tierra sin hacer algo significativo que deje huella. Y con lo de significativo me refiero a ser feliz, hacer felices a los demás, poner una cubeta de arena, un ladrillo... lo que sea, por insignificante que parezca. 

Ahora bien, uno tiene su función en este mundo; Don Paco lo llamaba asumirse. Desde hace años me ronda eso en la cabeza. ¿Qué es asumirse? 
Solo se me ocurre pensar que cuando escribo, leo, enseño, actúo... es cuando soy profundamente feliz. Es cuando mi alma se siente bien. Aquí es mi sitio, dice ella, toda altanera.

En un texto le conté a Don Paco lo fabuloso que era volver a besar una duela, memorizar parlamentos... jugar a que era villana. Me gusta recordarlo porque luego, en una charla de pasillo que tuvimos, me dijo que, por fin, estaba contando algo. 
Por eso, porque me estoy asumiendo, me niego rotundamente a adaptarme a mi entorno. Ese sitio en el que hay modelos famélicas cada tanto (¡me identifico tanto!), donde hablan del maquillaje de temporada y los tacones suenan como burda sinfonía.
Este no es mi hábitat (y a veces sufro). Yo vengo de un lugar en el que la gente tiene genio perspicaz. Donde se ríen. Donde sí leen el periódico.

Hoy tuve la certeza de que soy una total inadaptada y que me encantan los antihéroes. Almorzábamos con mi amigo O. Luna y  nos rasgábamos las vestiduras porque los chicos estudiantes no encuentran emocionante a Roland Barthes, porque la gente nos ignora cuando hablamos de discursos dominantes, porque nos reímos a carcajadas de chistes tan parcos como "Jamás olvides tu self" .  (Perdónennos tanta presunción.)

Somos así, nos gusta ser así. Raros.

¿Por qué tendría que adaptarme a que lo in sea devenir en sitios tan sin gracia como las discotecas o centros comerciales para que vean mi new dress, mi extreme make up o contarles lo patética y aburrida que es mi vida desde mi BlackBerry (Awww, Ofertas Nine West! Dos dedos arriba. Like)? 

Me niego. Soy la inadaptada que espulga el diccionario, que se pasea en las revistas aburridas (eso no es cierto, miren esta ¡uff!), la que escucha a Nina Simone, la que quiere dedicar Goodnite... pero a nadie le importa... no gusta esa musiquita psudointelectual. 

He decidido no adaptarme a la sociedad que le interesa la producción estilo Ford. Que yo sepa no soy una pieza de una gran maquinaria. Revisé hoy por la mañana, y en mi nuca aún no hay un código de barras. 
No creo que me interese tanto si mi tarea es importante en su sistema. Una cosa es laburar y pagar recibos; otra, vender el alma. 
Por lo pronto, la mía no está a la venta.
Soy inadaptada porque más allá de esos tiempos modernos y cumplir el estándar de producción... lo mío es distinto. 

Amén.



PD: Gracias, O. Luna. Cuentos para inadaptados: Srendi Vashtar y Esmé, ambos de Saki. 
La imagen del gran dios hurón la tomé de este sitio.

1 comentario:

Dennistzn dijo...

Definitivamente sos demasiado genial, y por lo visto ahora es cuando más "inadaptada" te sientes, y la verdad es que tienes algo de razón, pero veamos si es posible que ahora con vos mejore la calidad de las revistas, el cielo es el límite decía una caricatura, y de todos modos amiga, y lo dejas plasmado, se nota que sabes perfectamente que el lugar donde estás, no te hace menos genial de lo que eres, y aunque no lo quieras, dejarás una huella en tu paso por la vida, ya la has dejado al menos en mi vida.