martes, 19 de enero de 2010

Tengo un romance

A mí la vida me premió con dos o tres amigas alucinantes. No es por echarles flores, pero después de equivocarme tanto hallar gentes como ellas es algo así como un oasis, o un atisbo de lo que se supone es estar enamorado.

La que viene al caso es conocida mundialmente como Marie. Con ella nos la pasamos de lo más entretenido, miramos películas, trabajamos en el mismo sitio, investigamos sobre música, nos prestamos libros, desayuna en mi casa después del gimnasio y para este fin de enero le debo una de esas cenas románticas en un lugar estupendo.

Marie es de esas personas fabulosas que te quieren porque sí, que aceptan tus defectos y solo se ríen de las equivocaciones que cometes pero sin juzgar. Con ella he aprendido que soy un desastre y que no tengo que avergonzarme de serlo.

El sábado pasado estábamos en una capacitación y nos reíamos de lo lindo porque la profesora (seño Carmen) era malvada con todos los demás menos con nosotras y el resto del contingente al que pertenecíamos. Por ejemplo: La señora de camisa blanca pregunta que si se pronuncia endoscopia o endoscopía, justo cuando la seño Carmen acababa de decir que era sin esa i tildada. Acto seguido, la seño Carmen dijo tajante: ahí está el diccionario. ¡Búsquela! Nos reímos por lo bajo, de pura crueldad.

Si no entiendo un párrafo, le pregunto a Marie si es tan complicado o no y resolvemos. Si tengo pereza de ir al gimnasio, ella complaciente me dice que mejor nos quedemos dormidas cada una por su lado y no vamos, y si no tengo comida, ella me regala una galleta. Eso por mencionar algunas acciones románticas además de caminar en ferias, ir a librerías, dar paseos en el parque de su pueblo y demás.

Ayer por la noche hizo un chiste fenomenal.

Resulta que yo si algo no lo sé lo busco, lo investigo. Así que una de mis mejores herramientas es Google. Es cómodo y me atiende rápido. Así sea el dato que sea. Una canción vieja, un personaje que conocemos de nombre y que no le hemos visto la cara, así sea una película, nombres de países, gentilicios, cifras dudosas... lo que sea. Si una duda nos asalta, voy con mi frase favorita: "Permitime, busquémoslo", seguido de la acción de indagar haciendo clics por todos lados.

Esa frase, sumada a mi desmedido desastre y paradójico orden en mis notas, hizo que Marie hiciera su resolución: Vos tenés un romance con Google, ¡no podés vivir sin él! Ninguna relación te llena tanto como esta... Y se echó una carcajada increíble; yo también me reí bastante, debo admitirlo.

Con Marie he resuelto el embrollo en el que estaba metida sin saberlo: estoy enamorada de Google y tengo un romance con él.

*

3 comentarios:

Ron dijo...

Suena interesante esa Marie... No es como de unas que te dicen al encontrate por ahí: Cinco centavos no me hallo. JAJAJA

Extranjera dijo...

Que suerte tener una amiga asi y un romance con "alguien" que siempre te contesta a lo que le dices. Al menos claro, de que no haya conexion.

Te quiero!

pd: perdona la falta de acentos

Lore dijo...

Qué susto, no se me había ocurrido eso... un romance a la merced del pago de mi conexión u otras variables. Esta relación empieza a hallar sus talones de Aquiles.