miércoles, 7 de julio de 2010

Mujercitas


Les Liaisons dangeureuses, René Magritte

Tengo en mi escritorio el diccionario de Manuel Seco y Olimpia Andrés, papeles sucios y una taza de café que aún no lavo. Luego de pasearme por los diccionarios de la Real Academia me dije: ¡Vamos, comprueba con este que hemos avanzado!

De todos los significados de mujer que busqué (supuestamente aparece por primera vez en el diccionario de 1832), el de Seco y Andrés es de los más divertidos, y quisiera pensar que fue un él y no una ella el responsable de la explicación: "ser animado racional del sexo femenino".
Yo lo que realmente les agradezco es que no se les haya olvidado lo de racional. Menos mal.

Ahora bien, paseando entre los diccionarios hallé extrañezas maravillosas. Eso gracias a un taller que nos enseñó a rastrear el significado de las palabras y cómo cambiaba a lo largo del tiempo (Así: revisar publicación por publicación). Empecé desde la edición de 1832 hasta la que usamos ahora en línea.
De 1832 a 1852, según el concepto de los hablantes y lo que la DRAE da por sentado: somos mujeres todas las criaturas racionales, jamás olviden eso, del sexo femenino.
Allá por 1884 se los ocurrió la brillante idea de que dejáramos de ser criaturas, que me da la sensación de salir y correr entre el zacate alto, y nos convertimos en personas. Bien por nosotras.

Entre las explicaciones divertidas y vergonzantes –por ellos claro, y sus tres dedos de frente– está esta: "A la mujer casada el marido le basta": ref. que da a entender que no debe la buena mujer dar gusto más que a su marido. Gustosos ellos de degustarnos a nosotras. O sea, ¿único plato para nosotras? ¿Sin postre ni nada? Qué pereza comer pollo diario, ¿no? En fin, cada quien.

En esta me conmueve el aporte de divinidad: "A la mujer casta Dios le basta": ref. que da a entender que Dios cuida particularmente de las mujeres honestas. Lo que me asusta es lo de casta y honesta; y sobre todo la interpretación humana de decidir sobre a quiénes debe apreciar más Dios. Eso después de que levantó a la niña Magda y la salvó de la lapidación. (Entiéndase que las demás no gozan de esa particular simpatía.)

Por ahí se cola lo de llegar a la pubertad y relacionar nuestras redondeces con la cualidad de ser mujer. Ser mujer es lo mismo que menstruar. Todo aquello muy ligado a la funcionalidad, lucro o juegos lúdicos (ojalá fuera siempre) que le demos las mujeres a la vagina.

Otra que es (in)digna de mención es la acepción de mujer fácil (de mitad del 1800 a 1989, es decir, como ¡¡150 años!!): que se deja conquistar fácilmente. Lo que veo ahí es que se deja, digo, hay una actitud pasiva y anula la decisión de tomar a un hombre que se deja convencer, también, fácil. Facilones.

Ahora vamos con las explicaciones que vienen después de criatura racional y de que tiene marido:
Mujer de la vida alegre: prostituta. Sírvase usted de vivir parcamente porque si no, ya sabe.
Mujer mundana: prostituta. Me recuerda al discurso de la catequesis. ¿Pero si solo este planeta/mundo tenemos dónde diablos más vamos a ejercer nuestro derecho a vivir? Ya sé, ya sé que no se refiere a eso, pero vaya… ¡Mujeres mundanas!
Mujer del partido: prostituta. Supongamos que Ana Vilma de Escobar llegó a dirigir ARENA, y dice ahora un anunciante: ¡Y con ustedes, la presidenta del partido! Dios nos libre y ampare de la gran pros… (No, Ana, no se alarme, yo a usted la respeto. No soy su fan, pero admiro lo de CEPA y blablablá. No se resbale usted por lo del partido.)
Mujer pública: prostituta. (A don Alfonsito, de más de setenta años, correcto y docto, le gustaba Sara Palin, y jamás le vi el ademán de desprestigio porque ella era pública[mente conocida].)
Esta me fascina: Mujer de arte. Porque arte es según DRAE y compañía: virtud y disposición de hacer algo. Pero si usted lo pone a lado de mujer… No, no, no. Ahí va: Mujer de arte: prostituta. Así que puedo mandar al carajo mis ganas de ser artista porque entonces yo tendría la habilidad de ejercer el genuino arte de la ¿prostitución? No, no las mandaré lejos, me las quedo y ejerceré. (Total, de todos modos ya soy artista.)
Y por último: Mujercilla: prostituta. Además: mujer de poca estima.

Aquí lo que vamos arrastrando es lo de puta + puta por los siglos de los siglos amén. Raro. Rarísimo. La gran mayoría de las féminas que ejercen la libre elección de varón (o también que se dejen, pues, hay de todo) solo para el acto fortuito de follar jamás cobran. Jamás. Entonces no deberían ser llamadas así, no transan. No tran-san. (Prostituto,a: Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.)

¿Qué diablos hacemos las mujeres ahora? Si cobramos, putas; si no cobramos pero nos divertimos, putas; si el marido nos quema la pata, también putas; si somos zocadas que por qué no aflojamos… ¡por la gran prostituta! Hay algo en esa asociación de palabras que no me gusta. Quizá sea lo de no cobrar.

2 comentarios:

Viktor Viktorovich dijo...

Excelente, Augustísima.... "Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija"... Las putas, querida, son señoritas de mi más alta estima, mientras no se reproduzcan, como dijo cierto genio de la literatura. No sé cuál es la prevención que tiene esta sociedad degenerada contra las putas, si son tan necesarias para hacer que los engranajes sociales se muevan (valga la redundancia). En vez de andar celebrando con monumentitos bajeros a la Constitución, habría que hacerles un momumento a las putas, que son las que nos hicieron felices en determinado momento y que son las grandes estabilizadoras de los matrimonios, aunque parezca paradójico.... Bellísimo texto, Lorena Augusta. ¡Siempre te leemos con placer quasi orgásmico! :)

Ernesto Mejia dijo...

Jajajajaja que me agrado ese texto :D