martes, 11 de agosto de 2009

La pedantería del que sabe

Leo un artículo de un escritor de un país vecino. Dice un par de verdades y me paseo por su juicio sobre Las mil y una noches. Tiene razón. Mil veces toda la razón. Engalana su texto sugiriendo una traducción del árabe clásico al francés, le parece mojor lograda. Soslaya la que usó Borges.
Y en un arrebato de irracionalidad juzgo su sabiduría con pedantería... creo que es de los que dice "yo sé más que ustedes". Y lo sabe, y lo es. Y es más sabio.
Comento con un amigo y me desmiente, dice que es accesible, amable. "Y se habla con tanta facilidad con él..." Él si habló con él, y yo no.

Abismo al que no debo saltar.

El amigo me tendió la red, me salvé... por ahora.

Me lleva un minuto darme cuenta de mis prejuicios, de la ignoracia sobre la que mí pesa, sobre todo el desconocimiento que no quiero cobijar.

Me retracto.

Son mis prejuicios... son mis prejuicios.

Ahora veo la representación de ese hombre al que estoy leyendo, quiero desmenuzarla y ver si por fin la pedantería del que sabe es una tontería construida por todos los ignorantes que no sabemos ni papa de lo que dice; los que en un instante nos sentimos incapaces y débiles ante algo de sabiduría... conocimiento, ideas nuevas.

No quiero caer en el abismo, no quiero caer en el abismo.

2 comentarios:

Armando dijo...

Quién es esa lumbrera,un premio Nobel?

la intérprete distraída dijo...

No lo es, y en definitiva no importa. Es otro el propósito.