lunes, 12 de octubre de 2009

Ocio

Está ahí con su pantalón gris, a cuadrícula perfecta, como ajedrez ennegrecido. Es amable, o al menos procura serlo. Dice que le gusta el ocio. Disfruta el ocio. Le digo que si es hedonista. Asiente, y se explaya diciendo que lo tome como me plazca, pero que a él le gusta hacer lo que quiera con tu tiempo: leer, caminar, trotar, tomarse un café en la tarde.

Ama el ocio. Procuro entender eso. Me esfuerzo, para ser honesta, y en ese vaivén censuro en una milésima de segundo esa su manía de ser amante de la nada. Y luego, lo envidio.

Días más tarde, cerveza en mano, repite lo del ocio. Y yo sigo sin hacerme la idea. Es mi turno de explicar mi afición por las multitareas simultáneas. Escupo verbos como leer, hacer, fabricar, inventar, enseñar... este mi hartazgo.
Resuelve que soy pasada de activa. Sonrío complaciente. Soy eso.

Pero de todos modos lo envidio, porque hoy, esta tarde, cuando por fin terminé un proyecto que inicié hace un mes... Hoy por fin tengo una tarde para echarla por la ventana y solo mirar cómo cae. Y no, no pude contener esta puta manía de estar siempre haciendo algo, de afanarme, de no dejarme descansar.

Mi tarde se ha ido.

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1 comentario:

Carolina dijo...

Lore, leí tu texto y me han dado ganas de ocio puro, en serio.

Samira