lunes, 26 de octubre de 2009

Un hombre ideal*

Toma café con leche en una taza blanca de porcelana. A las cinco de la tarde le gusta mirar cómo la calle se colorea de naranja. Sabe observar. Adivina pequeños detalles. Es listo. Sobre todo es exquisitamente listo y lo sé por cómo camina.

El nombre es reservado y solo por hoy no lo pronunciaré. Ha de andar vagabundeando... ha de recordar cuánto ama a su gato gruñón.

Y mientras deliro, otro inquiere y desata su desesperación sobre mis estándares de calidad. No le gustan mis parámetros groseros de dividir al mundo en castas, en conveniencias y olvidarme de las clases sociales. Odia que diga los no listos.

Me acusa y me juzga por clasificar a la humanidad en cuanto a la "listeza" o entretención se refiere. Que en todo caso vendría a ser lo mismo, si no, jamás nadie en la sala de Ana Karenina se habría reído a no ser por las palabras brillantes de tal o cual personaje. Un hombre que sabe reír y entretener está completo.

Así, bajo aquella mirada acusadora me repregunto si he hecho mal. Si tanta discriminación de mi parte es injusta. Si la humanidad merece más compasión. Pienso un momento. No importa. ¿A quién putas le importa lo que yo diga? A nadie, a él, a todos... no lo sé. Total, da igual. Nadie ha muerto aún a causa de la indiferencia desmedida.

Porque como siempre las interpretaciones del mundo perfecto en el que vivimos son arbitrarias, sesgadas y hasta absurdas. Nada es absoluto, y nadie se salva de la gradación de la imbecilidad. Todos somos capaces. La interpretación sobre la interpretación es aun mucho más peligrosa. No existe nadie que nos explique el revés del mundo.

¿Estándares de qué? De las necesidades, las suyas, las de él, ella, las mías también. Porque todo parámetro es absurdo para quien no lo necesite. Soy déspota con mis elecciones. Absolutista. Así son los otros también para quienes soy insoportable, indigerible y algo distraída. Tengo razón. También ellos la tienen.

¿Quién en su sano juicio elegiría a un especimen poco entretenido y llevadero para pasar el ritual de las cinco de la tarde, quién compartiría el café con un mudo o un ajeno del mundo? ¿Quién desperdiciaría una hora tan solemne?

Estándares son estándares y todos los tenemos.

¿Belleza de portada Cosmopolitan? ¿Chicas Maxim o Warner Channel? Con abdomen de lavadero por favor, y me le agrega buen sexo a la orden... ¿Y usted qué va a querer? Con carro y plata a borbotones, por favor. Que su mamá esté muerta. Que no le gusten los animales...

Haga su lista también. Todo es válido.

La familia es la familia y se nos da. Entonces, todos los demás son parte de la elección aleatoria de la vida, todos los demás se someterán en cualquier momento a la ley de la supervivencia.

Que sobreviva el más fuerte; y con ese tomaré café.


* El primer impulso era " Un marido ideal", pero ya luego lo veremos. En la imagen fotomontaje de Sarbe, Modelo: Mimisiku

4 comentarios:

Dennistzn dijo...

Peculiar manera de demostrar fascinación hacia alguien, no pierdes tu particular toque de ironía... y por qué no decirlo, sarcasmo... jajaja pero planteas algo interesante, la continua lucha personal por ser quienes somos o ser lo que otros quieren que seamos (suprimir nuestros defectos, en la medida de lo posible).

Ricardo Castillo dijo...

hayyy, amar! verdad?? es solo aprender a querer esos defecto hasta el punto en que parecen cualidades...!!

Me gusto mucho Lore....
Que nadie nunca mas vuelva a callar tu blog!!!! (nostalgia) un gato y una ventana....

la intérprete distraída dijo...

Ricardo, pues no estaba defendiendo precisamente el acto de amar... pero gracias porque te gustó y por pasar por acá.

Timoshenko: por supuesto que uno puede y debe seguir con esos defectos, de eso se trata, no ser perfectos. Además, ¿por qué si algunos eligen a sus múcuras dependiendo de a según sus medidas por qué yo no puedo elegir según estándares diferentes?

Extranjera dijo...

Me encanto, bellisima. Ya se que estoy desaparecida pero pienso en ti con muchisima frecuencia. Esta nueva casa me encanta. Paso luego.
Te quiero!