lunes, 7 de junio de 2010

Yoga

Le dije a mi madre en el almuerzo que me había inscrito a un grupo de yoga. Me miró censurante. Me miró con resentimiento.

-Es que esas culturas orientales... -dijo mientras trababa la mandíbula.

Ese gesto es suficiente para mostrar su desaprobación total.

-Es para hacer ejercicio -le dije, mientras le explicaba que se trabajaba con tensión y blablablá.

Luego condené en secreto su falta de tacto. ¿Por qué no preguntó qué rayos era eso del yoga? La ignorancia es bruta, me dije.

Y me sentí terrible.

Ella me repetía: "es que esas culturas orientales..."
Yo seguía mirando su rostro censurador, intolerante.

Es tan solo yoga me repetí a mí misma, ¿y qué diablos pensará de mí mi madre si le cuento todo lo demás que hago, todo eso en lo que creo y ella no cree, todo lo que tolero y ella no soporta?
¿Cómo explicarle que la vida no es las cuatro paredes en las que vive, ni asentir ceremoniosamente ante un cura más perdido que una cabra en un monte? ¿Algún día mi madre podrá tolerar esto en lo que me he convertido, esto que soy y que ella no aprueba?
Ella no sabe quién soy. Y yo no voy a explicárselo.

No me queda más que amarla.

1 comentario:

Luz Negra / Amanda Herrador dijo...

Pues creo que la mayoría de madres son así, ajenas al aire que respiran los hijos, imposible tratar de explicarles, de convencerles, de cambiarles...

...lo q escribes es muy cierto..
...no queda mas que amarlas.