lunes, 9 de agosto de 2010

Trotamundos (o patechucho)


Aquí en mi país tenemos una manera divertida de decir eso mismo: patechucho, que es una contracción de pata de chucho. O sea, pata de perro, pero si decimos pata de perro no es tan chabacán, así que me quedo con patechucho. Es bonito, y más si uno imagina a un perro pulguiento, apestocillo y callejero. De esos que salen a veces en las portadas de los libros de Coetzee. Huesudos y viejos de tanto andar, como este, por cierto, el libro es fenomenal.

Mi madre siempre me dijo así, que yo era una gran pata de chucho. Eso significa que me gusta andar aplanando calles, caminar, explorar nuevos mundos.
Mi familia siempre fue así, no tener carro jamás nos detuvo. Mi hermano y yo nos pegábamos a mi papá como garrapatas y nos íbamos al estadio, FENADESAL (una estación de tren con cancha, lotería y un gimnasio abandonado), o a la casa de la abuela, o hacer bicicleta de montaña, o paseábamos hasta aquel balenario con un sapo esculpido en piedra.
La culpa la tienen mis padres, a quienes siempre les gustó vacilar (la 4).

Cuando estuve adolescente me hice amiga de las chicas del colegio que vivían en los departamentos lejanos a la capital, que es donde crecí; aunque vivo más allacito, en las faldas del volcán. Me iba por semanas hasta esas tierras lejanas.

Viajes familiares. Viajes con amigos.
Decía mi viejo: total, ya tenés mayoría de edad.

Lo que más me gusta de irme a otro sitio es caminar en las calles. No soy turista de museos y esas (maravillosas) tonteras. A mí lo que me gusta es callejear. Me gustan los mercados, me gusta regatear por un par de guineos (bananas pues). Comer asquerosidades inimaginables y luego enamorarme de los platillos que venden en puestos o carretones (siempre se ven fatal, pero luego saben bien).

Calle, casas, otras costumbres.

En realidad lo que más me gusta de ir a otros sitios es la gente. Los lugares son siempre bonitos o feos, depende de cómo se mire. Pero la gente... es un gran tesoro. (Es que no se me da lo paisajista.)

Con los años voy acumulando sellitos en el pasaporte. He ido a algunos sitios luego de grandes esfuerzos económicos, otros vinieron por premios (y mucho trabajo) y otros simplemente llegaron a mí.

En cada viaje he acumulado nombres en mis libretas, comidas en parques, cafés milenarios, meriendas a orillas de una vía del tren o frente al mar. Sin embargo, en todos esas comidas lo que más recuerdo es lo bien que me la pasé con esa persona que estuvo conmigo.
Como el tipo de boina que en el primer saludo me invitó a un tradicional chocolatito limeño, como la chica nicaragüense que, también sin conocerme, me dejó estar en su casa y comer del mismo plato palomitas de maíz.

Por eso me gusta ser pata de chucho, para andar corriendo de aquí para allá, para poder ser amigable (y menear la cola) y que alguien se apiade de mí, de mi callejerosidad. Me gusta probar que en el mundo hay gente buena, que te invita a un pisco, chocolate o una cervecita Imperial.

Me gusta patechuchear.

Yo patechucheo
Tú patechucheas/vos patechuchueás
Nosotros patechucheamos
Ellos patechuchean...

¡Serás un gran patechuchuador?

Solo decime, ¿¡donde nos vemos!?


PD: imagen cortesía de Desfile de mascotas.

1 comentario:

elsum dijo...

:O
Hace ratos que no escuchaba 'patechucho'... y que chivo es conocer gente, lugares, culturas... me llega tu estilo!