martes, 22 de febrero de 2011

Consejos grotescos

En la tele salen unas doñas demasiado viejas para ser señoritas y demasiado aporcelanadas para ser momias. Han de estar en su etapa de encurtido, como conservándose para verse mejor o saber mejor... iugg. Claro, no es saber de sapiencia, porque el despilfarro de sabiduría de las doñas en la pantalla es tal que lo invita a una a apagar el televisor y mejor ponerse a llorar.

A lo que voy: Están las mujeres esas con su cara de muñecas rusas con depresión y me dicen, nos dicen, que por favor seamos tolerantes. Y ¡plup!, ahí aparece en la parte de abajo de la pantalla el tema del día: Tolerancia y armonía.

Entonces la señora con aretes de vedette me dice que tolerar es respetar y aceptar las situaciones como son. Que es muy difícil porque vaya... todos somos distintos. Sí, bien en esa parte. Pero luego agrega que somos las mujeres las que debemos hacer nuestra parte porque nos corresponde la armonía...
¿Que nos corresponde qué...? «La armonía», me repite. Ah, vaya, le digo.

«Sí, sí, querida amiga, nosotras las mujeres somos las que debemos mantener en armonía nuestro hogar, sonríele a tu enemiga (no, bueno, no dijo enemiga porque eso hubiera sido emocionante, y ese programa no lo es). En nuestro corazón (sí, eso dijo) debe estar tan lleno de amor que debemos disculpar las faltas ajenas aunque esas nos dañen (¿una y otra vez?). Si algo de enojo nos embarga, respiremos y digamos: todo está bien. Esto no me quitará mi paz.»

Yo me digo: ¿Qué es eso de la armonía? Idilios y absurdidades. Es de seguro de esas palabras raras que lo único que hacen es frustrarnos porque no alcanzamos ese clímax en la vida.

(Por cierto, me acordé de alguien, y se los cuento aunque no tenga nada que ver con el tema de tolerancia de la tele. Se trata de una chica que conozco que es tan pero tan cute que da miedo y depresión. A ella siempre me la imagino con su esposo en cuestión y que cuando él se vaya en blanco enésima vez sin ella ni dar un pío de gozo, ella lo verá con paciencia de madre y le dirá: «Sí, mi amorcito, me encantó». Y le sonreirá. Sí, ella es tolerante. Ella es armónica.)

Tolerancia: Que te griten... respire. Que te metan mano... respire. Que le meta mano a la otra... respire. Que por qué es usted tan apática... respire. No se margine, venga y celebremos y riámonos (de bromas estúpidas)... respire.

Porque si una dice que no es una maleducada; porque si no, es rebelde, porque si no... una es puta y machorra. No. no. ¿Tolerar qué? Hay casos de casos, y por supuesto el tema que nos ocupa tiene que ver con el ámbito sexual y conductual, que no es poca cosa, dicho sea de paso.

Diez, veinte, cuarenta... mil. Habría que preguntarle a las que colgaron sostenes en la fábrica hasta cuánto contaron.

Claro, seamos tolerantes me dije yo.

Yo respiro y bien seguido, pero todo tiene un límite. Y no, señoras encurtidas de la tele, aquí a todo mundo le toca poner su parte de «armonía». Que a las mujeres nos toca, dice... ¿Armonía a costa de quién?

No, no. Hay gente y situaciones que es mejor pegar el grito para que paren, no vaya a convertirse una en globo aerostático.

3 comentarios:

VIKTOR VIKTOROVICH dijo...

¡Excelentísimo, Augustísima! Hoy me has alegrado la mañana por doble vía: con Saint-Saëns y con esta magnífica nota que (aunque la palabra "tolerancia" no aplique a ella en lo absoluto) me trajo a la mente las necedades de doña Julia Regina de Cardenal, la némesis moral de toda persona con un lóbulo frontal medianamente funcional... ¡Qué estilo tan inimitable el tuyo! Ya publicá un libro, querida Augusta, que lectores no te van a faltar, te lo aseguro.

Más primores, mi estimada.

Lore dijo...

Tenés toda la razón, luego me quedé pensando en que no tenía nada que ver con lo de tolerancia, pero igual, ya estaba echado el pecado jajajaja.

VIKTOR VIKTOROVICH dijo...

Jajaja, no, querida Augusta, la intolerante no sos vos: son las viejas quirúrgicamente momificadas en vida como la Julia Regina y su señora mamá... En todo caso, que nosotros personalmente sí seamos generosos, amables y tolerantes (unos dulces, como quien dice) no nos quita el derecho de criticar a la gente; especialmente si se hace de manera tan ingeniosa como la de esta excelente nota. :)