lunes, 7 de febrero de 2011

Trabajólica

La palabra «trabajólica» es un adjetivo que acompaña a mi nombre, quizá atributo poderoso. Y cada tanto se va sustantivando con fuerza. Me aplasta. Lo alimento de tareas y agendas, de listas interminables y sus respectivos tachones cuando tal o cual actividad se ha cumplido.

Ante la incapacidad de poder vivir para el ocio (créanme que lo intento), voy entregándome a los placeres que me supone ejecutar nuevos proyectos. Sin poder librarme de ese empleo que paga mis recibos, abrazo esas actividades mínimas y vitales que me recuerdan que no solo de plata vivo yo, porque en la pirámide de Maslow estoy en la cima de las necesidades: atorrealización se llama.(Ahora que lo pienso me siento tan esnob al superponer mis sueños.)

Ante la ansiedad me tomo una infusión doble de manzanilla. Ante los retos no me queda más que domesticarme, disciplinarme e inyectarme cobalamina.

1 comentario:

VIKTOR VIKTOROVICH dijo...

Muy mal, Augustísima... "El trabajo humilla al hombre", como digo siempre. Además, vos no tenés por qué trabajar. ¿Quién dijo que debemos dedicarnos, como "cualquier hijo de vecino" a eso? No, Augusta... Vos con tantas gracias cerebrales y lengua más bella, conseguíte un viejito de 85 u 86 años que pague "tu compañía" y dedicate a usar ese dinero en deleite para tu público, o sea, nos y los demás... Yo siempre dije que el Estado nos debe pagar a gente como nosotros por el simple hecho de existir.

Yo quizás no me lo merezca, pero sin duda vos sí, jejeje... Primores, Augusta.

¡Y no se estrese, mamita!

Afectísimamente,

YO