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Usted no me hable

Frente a esta máquina no me queda más que reflexionar en lo que acabo de hacer. Viajo en bus y mi país no es precisamente un lugar que se aprecie por el transporte colectivo. Así que cuando la ida y la vuelta a casa se hace en ese lugar móvil en el que se suben extraños a cada rato, pues la premisa es que puede pasar cualquier cosa. En el bus y en la calle. Me referiré en este caso específico a esos seres que por instalarse en equis sitio en la calle ya son parte del paisaje. Y claro, uno también es blanco de reconocimientos. Hay un vendedor de chicles que está al pie de la pasarela de la parada de buses frente a mi trabajo. Ergo, lo veo a diario, me ve a diario y sabe a qué hora y de qué bus me bajo. Él está ahí, me imagino, aburridísimo de estar en el mismo sitio todo el tiempo, dependiendo de que si a uno se le antoja un chicle o un dulce. Pasaba que, ahora creo que eso cambiará, cada vez que iba de camino me decía "cosas". Saludos y tonterías que ya iban llegando a ci...

Cómo me gusta lo que hago

Mientras leo este artículo de María Moliner que mi amiga Maga me envío vía msn, no puedo contener la felicidad de estar rodeada de libros, marcadores, un cuaderno a rayas y detrás mío esa mi biblioteca que ya adoro. Si hay una actividad de la que gozo plenamente en mi vida laboral es la de organizar el curso. Sí, es laborioso; sí, uno se hace bolas y una cree que el tiempo es muy poco... con todo y todo, me fascina pensar en  qué leeremos, qué ejercicios haremos, si tal película es buena para la clase, o a qué sitio iremos. Todo eso me emociona. Solo hoy ya llamé a dos amigas muy queridas a quienes les pregunté qué más podíamos leer. Días antes otro amigo me dio dos títulos para que los tomara en cuenta. Ya traje a mi memoria los libros que quiero que degustemos, ya taché mil veces la lista de temas que abordaremos y ya la reescribí también. Todo eso me hace feliz, en serio. Después sé que me cansaré, que más de un chico no se entusiasmará tanto como yo con la clase; sin embar...

Salmo 1

Estoy llena de ese vacío que envuelve. Es mi vida yéndose y reproduciéndose a través de mis dedos, mis manos, mi cuerpo entero. Cada palabra de la que soy presa repica contra una cadena que rodea mi cuello. ¡Cénsurame! ¡Quítame los gritos! ¡Ahógate conmigo! Venid a mí, palabras amables venid a mí, súplicas y llantos... ¡venid a mí, Emancipación! Cada palabra que atraviesa mi cuerpo me aleja más de este sitio que sufro-amo-gozo. ¡Palabras, enmudezcan mis llantos! ¡Griten desmesuradas mientras acaricio sus pliegues! ¡Palabras, acurrúquense conmigo y déjenme dormir entre silencios!

Ayer

Toda acción ejecutada antes de escribir este "antes" la llamaré ayer, la llamaré pasado, la llamaré vida ida. Cada instante nos alejamos más del naciemiento e inevitablemente nos dirigimos hacia la muerte. ¡Alegraos!, porque lo que yace entre los dos extremos se llama vida. Retomo como quien tiene un manojo de flores marchitas las imágenes de todos los ayeres que me gusta recordar pero que no quiero revivir. Cada una me hizo esto que soy. Los gozos con ajenos, las risas con aquellas y los sinsabores de los desplantes, desamores, amarguras y abandonos están en esa palabra: ayer. Ayer, que estuve enamorada del error, ya fue. Ayer, que creía no superar estos ires y venires, ya se ha ido; y me trajo la sensibilidad de poder reconstruirme las veces que sea necesario. A mis oídos llegó ese Todos tenemos un pasado , y me regocijo. He hecho las obsenidades y caridades que he querido. He procurado experimentar todos los estados emocionales que me han sido permitidos: odio, amor,...

Llegar a la meta

Hoy, cuando caiga la tarde, hermano mío, recordarás la primera vez que entraste al colegio, la universidad..., cuando dibujabas letras con plastilina, cuando también me enseñaste a contar. Recordarás, chinito, la manía de las profesoras, los gritos de gol en el pasillo de tus amigos. Que te den un cartón, mi bro, es solo el signo de que llegaste al final de un principio. Vos y yo sabemos, porque vivimos con el ejemplo de nuestro viejo querido, que un título nada es si no te hizo crecer como persona. Es el escalón que nos debe llevar a nuestros más hondos anhelos, es un porqué que nos impulsa a caminar por el camino que nosotros mismos hemos labrado. En innumerables ocasiones nos hemos caído y corresponden exactamente al número de veces que nos hemos levantado. Este gran triunfo supone un mínimo de tu valía, porque vos sos e irás más lejos. Sos más grande, mi hermano, inmensamente valioso. Este título, chinito, es la evidencia de tu gran esfuerzo, de tu amor por el trabajo, de esa p...

Cena de jazz-Brujo (por eso desprecié a Calle 13) II

En el capítulo anterior habíamos hablado de las tales pupusas. Total que sacudimos el polvo de nuestros pies (quizá lodo). Suchitoto acababa de sufrir un baño de diluvio. Mirábamos cómo el agua corría, cual monzón, por las calles. Lo que temíamos era que todo el Festival de Jazz se cancelara.  Mientras el agua se decidía a irse por las cloacas, nos quedamos dando vueltas en el Teatro de las Ruinas. Sin fijarnos mucho en las pinturas, podríamos decir que nada de lo que estaba colgado ahí valía mucho la pena contemplar. Quizá un bodegón bien hecho pero lo demás lo pasamos de largo. Lo que vale la pena es estar sobre el escenario del teatro de las ruinas. La duela es como debe ser: amplia, con rebote, de madera nada pulida, agreste y con la sensación de que ahí la gente ha perecido en el trabajo. Mientres Mr. B me miraba, salté y probé la duela cuanto pude. Luego de hacer el ridículo, caminamos directo al San Martín. Nuestro norte estaba un poco atrofiado, así que frente a la Po...

Cena de jazz-Brujo (por eso desprecié a Calle 13) I

Esta entrada no sería nada sin el detonante de miss Virginia Lemus y su Boliqueso belicoso , que he leído con tanto estusiasmo esta mañana y tarde, como quien tiene dos buenos tiempos de comida. Resulta que miss Lemus se fue el sábado a ver Calle 13 en el extrañamente ilustre estadio Flor Blanca (me rehúso a llamarlo como un futbolista bolo que solamente tuvo un par de temporadas buenas en el Cádiz). Yo, por qué he de ocultarlo, ni siquiera contemplé ir a ese asunto. Primero, porque ya tenía compromiso (viajecito al Festival de Jazz); segundo, porque las aglomeraciones entusiastas pseudoizquierdistas me dan pánico (de aburrimiento); tercero, porque la mejor canción que tienen no la iban a cantar porque les faltaba Rubén Blades y sí, también lo admitiré, porque a mí esa música semiurbana con pretenciones de ser una revuelta de los de abajo no me parece honesta. Con la decisión tomada, vi con algo parecido a un puchero de "Ayyy, qué gente más cirquera" los esfuerzos de medi...